Marina Vargas

Las revelaciones de Marina Vargas

Por Carlos Jiménez.

La elección por Marina Vargas de Revelaciones, como título de esta magnífica exposición suya no es arbitraria o azarosa sino fruto de su compromiso con el espíritu cristiano y de su deseo de ofrecer una alternativa al arte como simple experiencia estética, libre expresión individual o instrumento de denuncias y de propaganda política. La Enciclopedia Católica ofrece una definición de la revelación que no deja ninguna duda sobre la enorme trascendencia teológica que el catolicismo otorga a la misma: es “la comunicación de una verdad por Dios a una criatura racional por medios que están más allá del comportamiento ordinario de la naturaleza”. 

La segunda parte de esta definición sirve igualmente para definir el carácter radicalmente artificial tanto del barroco en general como de esta exposición en particular. En ambas hay opulencia visual, saturación de obras y de imágenes impactantes y muy estudiados efectos de luz, sombra y sonido. Solo que tan deslumbrante despliegue de medios y recursos no está destinado, como en el barroco histórico, a exaltar al omnipotente Dios del patriarcado, sino a reivindicar a la mujer. Y, todavía más: a resaltar su condición divina, tal y como lo afirma sin vacilaciones el tapiz titulado Lo divino femenino. Para Marina Vargas esta exposición es un homenaje a María Magdalena, una figura bíblica, muy importante en la vida de Jesús y en la propagación de sus enseñanzas, a la que sin embargo la tradición eclesiástica ha marginado y subvaluado durante siglos. Homenaje que extiende a una serie de notables mujeres que “han sido silenciada a lo largo de la historia, especialmente en el terreno de lo sagrado y lo espiritual”, tal y como afirma la nota de prensa difundida por el Museo Thyssen Bornemisza donde se celebra la exposición. Y que incluye una cierta identificación con la Magdalena: la foto en blanco y negro en la que se ven unos dedos señalado la cicatriz causada por la masctetomía que extirpó un tumor cancerígeno a la artista, tiene como titulo la misma advertencia de que Jesucristo le hizo a María Magdalena: Noli me tangere, No me toques. 

El significado de estos homenajes se comprende mejor si se atiende el hecho de que en Palabra, el primero de los cuatro capítulos de Revelación, se cita a Cynthia Bourgeault. Ella es una sacerdotisa episcopaliana americana, notable teóloga y destacada guía de colectivos ecuménicos que practican “la oración centrante” y buscan “el despertar interior”. La cita procede de su libro El significado de María Magdalena: Descubriendo a la mujer en el corazón del cristianismo, que propone una relectura de la tradición cristiana en clave feminista.  Relectura que ha inspirado evidentemente la relectura que Marina Vargas ha hecho no solo de la imagen de María Magdalena sino de la estética, el repertorio retórico y visual del barroco. De allí que una de las piezas centrales de esta exposición sea La piedad o la madre muerta,  conjunto escultórico formado por dos Piedades y dos inversiones. La primera está el suelo y sobre ella pende del techo una versión invertida de la misma. La segunda inversión es aún más radical: en las dos versiones es Jesucristo quien tiene en su regazo a su madre y no al revés, como ocurre La piedad de Miguel Ángel guardada en el Vaticano.

Esta doble inversión tiene consecuencias estéticas impactantes y tiene igualmente una notable relevancia teológica. En la ruptura entre Lutero y el papado ocupó un lugar importante la polémica sobre la virgen María, con el destino político del popular culto mariano en juego. El papado defendía este reparto de virtudes: Jesús es la justicia, su madre María, la piedad. Lutero se opuso a este reparto y afirmó que Jesús reúne las dos virtudes: es justicia, es encarnación de la ley del Padre, pero también es piedad, afecto, compasión.

La piedad invertida. Foto C.Jiménez

La consecuencia inevitable de este cristocentrismo, de la concentración de todas los atributos y virtudes en la figura de Cristo, traía consigo la devaluación del papel de la virgen María, que completaba la devaluación del papel de los santos promovida desde entonces por el luteranismo. Cabría decir que Marina Vargas se pone de acuerdo con Lutero mostrando a un Jesús, hijo del Padre, piadoso y compasivo a la vez, como lo quería el promotor de la reforma protestante. Pero, en realidad, ella va más allá de Lutero e incluso va en contra de Lutero, porque su obra representa a Jesús en el papel de madre, de cualquier madre, transida por un dolor tan agudo como intransferible por la muerte de un hijo.  Un mensaje potente en contra del reparto binario de los géneros, en lo que sin embargo están de acuerdo el luteranismo y el papado. Y congruente con las enseñanzas de Cynthia Bourgeault, defensora de una visión no dual del mundo y no solo del reparto de los géneros.

La escultura envía, además, dos mensajes subliminales que socaban los fundamentos del reparto binario. El primero lo envía el hecho de que la escultura, por estar craquelada, trasmite una imagen de fragilidad contraria a la de eternidad incuestionable transmitida por la Piedad tallada en mármol por Miguel Ángel Buonarroti, el artista que con su obra tanto hizo por enaltecer al papado en cuanto poder imperial.  El mensaje que trasmite el doble de la Piedad pendiente del techo es más ambiguo, pero creo que su campo semántico da pie a una lectura que supone una devaluación de la imagen del cielo cristiano. Troquelada sobre el modelo del olimpo pagano, presidida por un Dios padre todopoderoso con la cabeza bien puesta sobre los hombros y con Jesucristo sentado a su diestra. En la versión de Marina Vargas, Jesús está puesto con su cabeza apuntando a lo bajo y no a lo alto, no al Cielo sino a la Tierra, reivindicada como su ámbito propio, su auténtico territorio.

Santa María Egipciaca. Foto: C.Jiménez

La otra escultura importante se titula Santa María Egipciaca, obra del escultor dieciochesco Luis Salvador Carmona, que ocupa un lugar central en una sala deliberadamente en penumbra, con las paredes pintadas de negro sobre las que destaca una serie de exuberantes interpretaciones de las cartas del tarot hechas por Marina Vargas. La santa es objeto de una leyenda que le otorga un extraordinario papel a la imagen de la madre de Jesucristo en la conversión y redención de quien, habiendo ejercido la prostitución en Alejandría, se convierte en una penitente entregada al ascetismo, la meditación y la oración en el desierto de Judá.  La leyenda se inscribe evidentemente en el culto mariano interpretado a la manera barroca. Que le atribuye tal poder a la la imagen de la Virgen María, que la cree capaz de obrar el milagro de convertir a una prostituta en una santa. Pero no es esta la única lección. También resulta aleccionador el papel que atribuye a la imagen como camino a la meditación, que tiene como un notable antecedente el caso de Teresa de Ávila, quien confesó que su decisión de incorporar definitivamente a su vida la introspección y la meditación, la desencadenó el impacto que le produjo la contemplación de un cuadro que representaba a Jesucristo.  Si los jesuitas pueden ser considerados autores intelectuales del barroco es gracias a Ignacio de Loyola y sus Ejercicios espirituales que, con su invitación a la composición de lugar, dieron literalmente vuelos a la imaginación. Pero también gracias a una figura tan insólita como el jesuita Atanasio Kircher, un sabio omnicomprensivo del setecientos, quien, aparte de inventar la lampara mágica, se propuso reducir a imágenes las culturas de Egipto, China y otras culturas antiguas, en el marco del proyecto de generar una cultura católica universal, mediante la apropiación de las imágenes distintivas de dichas culturas y su incorporación a un mismo universo visual. Kircher puso al servicio de su desaforado proyecto traducción de los lenguajes arcaicos: se hizo famoso por su traducción (errada) de los jeroglifos egipcios. Un camino que, consciente o inconscientemente, ha seguido Marina Vargas, que en su reivindicación de María Magdalena y de otras tantas mujeres en clave no dual, se apropia y resignifica esculturas y pinturas renacentistas y barrocas, la cruz de Camarga, los ex votos, las cartas del tarot, los caracoles de adivinanza de la santería, el simbolismo del cangrejo y el lenguaje universal de los signos. 

Marina Vargas: Revelaciones

Semíramis González, comisaria.

Del 10 de febrero al 4 de mayo de 2025

Museo Nacional Thyssen Bornemisza.

Carlos Jiménez Moreno

Arquitecto, Historiador y crítico de arte. Director de los Encuentros «en defensa del arte contemporáneo» IAC. Ha ejercido la crítica de arte en los principales periódicos y revistas de España y América Latina. Ha publicado diez libros sobre arte contemporáneo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad