
La CRITICA del ARTE y el ARTE son POLITICAS
Per una República catalana de les arts! Joan Maria Minguet
Editorial Fonoll.2025
Por Ana DMatos
Per una República catalana de les arts! es la obra recién publicada de Joan Maria Minguet por la editorial Fonoll (Juneda, febrero de 2025). Escrito en su lengua materna, el texto surge como una reivindicación apasionada del arte combativo. La expresión cultural, en su más profunda dimensión, no solo implica la creación artística, sino también el acto de escribir en la propia lengua. Para quienes no hemos tenido la oportunidad de aprender otras lenguas del Estado español en la escuela, esto representa un reto, pero a su vez, se convierte en una puerta abierta hacia el fascinante mundo del otro. Este proceso, lleno de complejidad, nos invita a la reflexión y al aprendizaje, pero hay algo más que subyace a la superficie: el título, que invoca explícitamente la palabra «República», establece una conexión entre la independencia de criterio y la necesidad de desafiar un poder que socava el conocimiento.
Podría decirse que este libro es una obra accesible, honesta y sin adornos, que nos invita a sumergirnos en el arte, en la crítica del arte y a reflexionar sobre las divisiones políticas que surgen en este territorio respecto al resto del mundo. La lectura de Per una República catalana de les arts! es inevitablemente política, pues nos enfrenta a un análisis profundo de los valores que debe defender toda cultura. El arte, en su sentido más puro, debe ser combativo, incómodo, subversivo. No busca agradar a las masas ni alinearse con el poder, sino desafiarlo. Así, el arte y la crítica de arte, tal como las imagina Minguet, deben ser libres y decididamente políticas.
En su primer capítulo, que reflexiona sobre lo que debe ser una República de las artes, Minguet nos ofrece una mirada innovadora, transversal y deslocalizada, una mirada que huye del empobrecimiento cultural. Su propuesta es clara: el arte no debe quedar prisionero de las instituciones; debe ser un ejercicio democrático que desvele las estructuras viciadas del sistema. El texto tiene una sensibilidad y connotación política cruciales para pensar el arte como un acto de posibilidad, fuera del ámbito institucional, un arte que se convierte en una resistencia frente a las estructuras de poder. Con su estilo personal, reflexivo y polémico, Minguet desentraña los territorios arrogantes de la creación.
La lectura de este libro se convierte en una crítica fervorosa de la cultura contemporánea. A lo largo de sus páginas, uno puede percibir, como un eco subrepticio, el incendiario grito de: ¡a las barricadas! Minguet nos recuerda la urgente necesidad de una revuelta cultural. Hay que actuar si queremos evitar los mecanismos institucionales que favorecen el sistema cerrado y que refuerzen las estructuras de poder que limitan y bloquean la innovación y la creatividad. Necesitamos una revolución que nos libere de la mordaza y la apatía, una revolución que nos permita hablar, cuestionar e intervenir. Y para ello, es esencial identificar los paisajes del poder.
Los equipamientos culturales no deben convertirse en mausoleos vacíos o en tiendas que conviertan reconocidas obras de arte en mercancías. Los museos, lejos de ser espacios de veneración pasiva, deben ser lugares de reflexión crítica. Nos recuerda que es necesario comprender que nuestro patrimonio cultural no es neutral, sino que responde a los intereses de los que ostentan el poder. Como bien subraya Walter Benjamin, la historia está custodiada, pero, ¿nos pertenece realmente? Con ejemplos claros y contundentes, Minguet nos invita a reflexionar, a ir más allá de lo superficial, a descubrir las raíces del problema. Uno de estos ejemplos es la protesta del 14 de noviembre de 2022, cuando los activistas de JustStop Oil embadurnaron el cristal protector de una obra de Van Gogh en la National Gallery de Londres. Minguet se pregunta dónde se puso el foco. Si se condena la acción sin considerar la responsabilidad de la industria extractiva y contaminante, se nos impide ver la conexión entre la naturaleza, el arte y los intereses de los propietarios de esas empresas junto al lavado de su imagen con donaciones a esos mismos museos.
Joan Maria nos lleva a un terreno incómodo y desafiante. Nos recuerda que no podemos delegar la reflexión ética y crítica en las autoridades o las instituciones. Es imprescindible señalar dónde radica el mal, sin temer ser acusados quienes lo denuncian. Su texto nos invita a pensar de manera crítica, a cuestionar lo que damos por hecho.
El eje de la crítica de arte en esta obra, política y vanguardista, es una herramienta fundamental para hacer frente al poder y centrarse en lo que verdaderamente importa: proteger la creatividad, apoyar la creación minoritaria que crece en los márgenes y rechazar la cultura de consumo masivo que sofoca la autenticidad. Todos podemos ser agentes activos, desobedientes e incómodos, o podemos mirar hacia otro lado. Los artistas, los agentes culturales y los críticos deben decidir si se pliegan a los términos del arte institucional o si se atreven a desafiar y destruir esos mismos términos. Minguet no deja lugar a dudas: el arte y la crítica del arte no deben ser complacientes ni sumisas, sino insurgentes.
¿Están en crisis las instituciones museísticas? ¿Han desaparecido las denuncias sobre la situación de la mujer en el Metropolitan Museum de Nueva York, como las planteadas por las Guerrilla Girls? Minguet se pregunta si, en un sistema patriarcal, las mujeres siguen siendo objetos o si su arte sigue siendo valorado solo cuando se exponen desnudas. El museo, tal como lo entendemos, es un núcleo de producción de conocimiento, y es urgente que realice una profunda autocrítica. Como diría Jacques Rancière, quien se enfrenta al sistema se convierte en una parte indeseable, una sombra que no debe ser ignorada. Es por esta razón que Minguet se alinea con la negación y la indiferencia como formas de lucha.
Por último, no quiero pasar por alto el concepto que Minguet denomina «el síndrome de Estocolmo estético», una enfermedad cultural contemporánea. Los síntomas de esta dolencia incluyen pasar más tiempo haciendo cola para tomarse un selfie frente a una obra que disfrutando genuinamente de ella, participar en la Noche de los Museos solo para aprovechar el reclamo del evento o comprar el libro más vendido en Sant Jordi en lugar de aquel que realmente se desearía leer. La enfermedad está identificada, y ahora es urgente analizar su avance y encontrar las formas de combatirla. La vacuna, como bien apunta Minguet, es la creatividad, pues la creación es un acto transformador.
Per una República catalana de les arts! es, sobre todo, un llamado a la acción. Per una República de les arts! -permítanme cambiar ligeramente el título- para sugerir que lo que Minguet propone es un tema universal y necesario para todos los agentes implicados, no es un asunto local. Si permitimos que el arte y la cultura se transformen en meros productos de consumo o instrumentos de poder, estaremos condenados a la indiferencia. Necesitamos una toma de conciencia, como ya nos alertaba Rosa Luxemburgo: «La cultura intelectual (arte y ciencia) es una creación de la clase dominante; y el objetivo de esta cultura es asegurar, en parte, la satisfacción de las necesidades del proceso social, y en parte, satisfacer las necesidades intelectuales de la clase gobernante». En el núcleo del arte y la cultura, Minguet nos invita a repensar nuestra educación, nuestro reconocimiento y, sobre todo, nuestro conocimiento.
Autores mencionados:
• Walter Benjamin: Tesis sobre la filosofía de la historia (1940).
• Jacques Rancière: El espectador emancipado (2008).
• Rosa Luxemburgo: La acumulación del capital (1913).
• Guerrilla Girls: Guerrilla Girls’ Bedside Companion to the History of Western Art (1995).


O libro ten unha pinta excelrnte para calquera das persoas que entendemos acdimension social da arte, e por tanto politica, cidadan