FAIL

ANTROPOMETRÍA DEL FRACASO. Sobre la exposición FAIL de Jorge Gil

Por Julio C. Vázquez-Ortiz.

La eclosión de las corrientes de autoayuda y su consecuente viralización en formato de meme, empujadas por la universalización del sueño americano, nos convencen de que el fracaso es un paso más hacia el éxito; ese constructo abstracto e inestable que, habitualmente, definen otros en nuestro lugar. Una estructura de corte conductista que nos anima a seguir compitiendo unos contra otros, lo que requiere, en última instancia, continuar consumiendo recursos que ellos mismos proporcionan, enganchados al exceso endorfínico del clickbait. A la vez que se incrementa la oferta de esta psicología de saldo, los últimos estudios arrojan que casi tres cuartos de la población española asegura haber sufrido alguna afección psicológica en el último año.

En este contexto surge FAIL, un proyecto de investigación artística que gira en torno al análisis de la gestión social del fracaso y su reflejo digital en redes, tanto en la comunidad artística como en la sociedad en general. Por el camino, se incorporan casos concretos pero también generales, mediante representaciones simbólicas que levantan un discurso originado en la vivencia personal para abordar una situación de carácter global. La renuncia a una convocatoria pública ganada y destinada a la ejecución de este proyecto, abre por si sola esta senda alternativa hacia el fracaso, desde el éxito, en dirección contraria a la construcción social que supone el concepto de triunfo. Un producto empaquetado por lo que podríamos denominar como el síndrome de Einstein, todo un Premio Nobel que suspendía matemáticas en el colegio, o de un Steve Jobs que no terminó la universidad, e incluso de un Rafa Nadal, que se levanta aguerrido tras cada lesión. Todos ejemplos recurrentes de un éxito mitificado, tan excepcional como residual pero cuya fácil empatía nos permite eludir rápidamente la responsabilidad ante nuestro propio fracaso y convertirlo en un obligado paso hacia delante. Así, los procesos mentales de reacción al fallo suelen aparecer asociados, en primer lugar, al pensamiento mágico, en un intento de externalizar la causa del mismo para, seguidamente, experimentar un duelo que nos conduce a ese aprendizaje forzado que mitigue la vergüenza pero que, en realidad, aumenta la presión sobre la necesidad de alcanzar este modelo de éxito irreal, impuesto. Es por ello que el origen de este proyecto marca pautas inéditas que recorren el camino en sentido opuesto, en un ejercicio de responsabilidad más cercano a la asunción de los actos como propios, que al nihilismo latente en él, obviando, en todo caso, la coacción imperante por rentabilizar el error.

FAIL. Fotografías: Javier Ayarza

A lo largo de la trayectoria de Jorge Gil, estos temas han sido transversales a su obra, al centrarse en las consecuencias psicológicas de todo esto. No obstante, lejos de ahondar en el espíritu psicoanalítico que pudiera gobernar sus proyectos anteriores, esta exposición busca explorar aspectos más antropológicos, cambiando el análisis del individuo por el estudio de la condición humana. Ambos elementos son recurrentes en el cuerpo de obra de Gil, pero ahora, la balanza parece desequilibrarse hacia este último. Es aquí donde toma relevancia el carácter antropométrico de las piezas, de tal manera que manos, cabezas e incluso piel, provienen directamente de la reproducción del cuerpo del artista, lo cual aprovecha para revisar esta presencia en su trayectoria. Aquella mística recurrente desde el gusto por alterar el exvoto con un fondo conscientemente heterogéneo, muda ahora en la empatía como propuesta, a través de la cual, en este caso, demandar la responsabilidad del fracaso sin consecuencias, desde la literalidad de su cuerpo.

De esta manera, si bajamos el discurso a la sala de exposiciones, encontramos como causa y a la vez efecto, conceptual y formal, el pensamiento intrusivo, magistralmente simbolizado por aquel Péndulo -de Newton- disfuncional, donde las bolas de acero son sustituidas por cabezas, mudando energía por idea, sometidas ambas a la misma ley del choque elástico que impide su salida. Pieza que proviene de un proyecto justo anterior y que marca el punto de partida para la nueva producción, en ese trasvase analítico del individuo a su condición compartida. Una instalación que empieza a reconocerse como obra puntal del artista al igual que, en su momento, lo hizo el duelo de Crisálidas, los automatismos de Los otros o el pensamiento mágico destapado en absurdo de No, jamás, nunca, nada, que nos traen hasta este justo momento.

FAIL. Fotografías: Javier Ayarza

Bajo estas premisas, se articula por tanto, una colección puramente instalativa llevada a cabo en diferentes formatos y técnicas, a partir de la investigación aplicada a procesos artísticos que funden la artesanía con los nuevos medios de fabricación digital. Obras como Fail, impostan el error -un nuevo camino en sentido contrario- con una diestra investigación formal acerca de la pérdida de proporciones en la cocción de la porcelana (un 14,72%), para reproducir con exactitud la escala de su propia cabeza que, seguida y deliberadamente, hace fracasar en la forma final exhibida. Para ello, no duda en valerse de las herramientas de escaneado e impresión 3D, en un resultado donde resuenan aquellas cabezas de Bruce Nauman, como lugar común del que desprenderse al cambiar la expresividad rudimentaria de aquellas, por el error forzado de éstas, acabadas, eso sí, en una brillante cerámica a alta temperatura cuyo preciosismo atiende, no sin ironía, a las nuevas tendencias del arte actual feriado.

Junto a ella, una colección de Likes se reproduce en formato radicalmente opuesto a su origen digital, mediante gofrado sobre papel calca rosáceo, que entrevela ese anhelo de reconocimiento en las redes o, al menos, de analgesia en la derrota, que nos incita a su exhibicionismo; lo etéreo del papel acaba por convertir la pieza en cinética con cualquier mínima corriente al paso, lo que hace aún más volátil la obra y el placebo que representa, ante la exposición on line de nuestro fracaso. Angustia que retoma Top Twenty, una colección de largas cañas que terminan en manos que señalan, en una suerte de poesía visual que cosifica de forma sencilla un proceso mental complejo como es la transmutación del deseo en ansiedad, por ejemplo, por acumular reacciones en nuestras stories. O ese púlpito desubicado, en un delirante afán de gritar éxito desde el fracaso del propio intento, sobre una noble balaustrada que eleva una sencilla estructura de conglomerado. Un ejercicio mordaz de revisión del arte conceptual, replicando los códigos “antiformalistas” de Joseph Kosuth, para representar el fiasco. De esta manera, la construcción en volumen contrasta con la fotografía que reubica el estrado en un campo genérico de pasto seco, cuyas referencias, ya responsabilidad del espectador, pueden pasar de la soledad del individuo al análisis contextual de un territorio despoblado. Mientras tanto, el discurso expositivo nos lleva por obras alojadas en la retina del artista y de quienes le seguimos; como S/T (Familia), que pretende enmendar el error, sin conseguirlo, al coser unos desvencijados moldes de cuatro cráneos humanoides, elevados a pieza de museo mediante vitrina, o The Value of Things, que mantiene el hilo con sus investigaciones en torno a las relaciones entre lo que somos y lo que proyectamos ser, de tal manera que la peana que soporta la serie de esculturas, de origen barroco, sobrepasa con creces el valor de los muñecos que encumbra, realizados en yeso.

FAIL. Fotografías: Javier Ayarza

Para finalizar con esa instalación sin título que escenifica la derrota, instantes después del fragor de la batalla, recreada por peones de ajedrez que ejecutan un sendero ya fracasado, no por el resultado, sino por todo lo perdido en el camino, comandados precisamente, por las piezas que faltan. Un inevitable alegato tangencial a la actualidad internacional, en paralelo simbólico a la historia de Antonius Block en El séptimo sello quien, aún conociendo el desenlace, acaba jugando la partida, consciente de que el resultado venía ya sentenciado desde antes de enfrentarse a la parca en aquel tablero de ajedrez.

Por su parte, en lo que respecta al discurso expositivo, el artista continua en la línea de apropiarse del espacio para diseñar entornos específicos de carácter ambiental, hasta el punto de que todas las piezas que lo conforman tienen un alto componente escenográfico que denota su especial interés por la metodología como parte indivisible de la obra, ostensible en detalles tan minuciosos como emplear siempre la misma madera de haya. En este sentido, si nos fijamos en los juegos de sombras, no podemos más que traer de nuevo a Max Reinhardt y su teatro expresionista, del que ya hemos hablado al remitirnos al trabajo de Gil en textos anteriores, para museos como el Nacional de Teatro de Almagro o la Fundación Guayasamín. No obstante, otra de las razones por las que se hace patente la voluntad (y resultado) evolutiva, se encuentra también en cómo Jorge se desprende gradualmente de lugares comunes como éste. Si nos fijamos en las luces angulosas del Péndulo, encontramos estas referencias teatrales, o incluso en Fail, donde la expresión de la sombra de haya se une a la pieza. No obstante, la iluminación certera y robusta del resto de instalaciones, nos acercan a esa rotundidad que va ganando la obra de Jorge Gil, quien se revela ahora como el artista convencido que ya era en la sombra, de su obra y su relato, más conciso y concreto en sus planteamientos, sin renunciar por ello a la libre interpretación del espectador.

Así, la importancia que el artista da a la metodología expositiva, lo alinea con la realidad de un arte contemporáneo que ha evolucionado a lo largo del último siglo, desde la historia lineal de técnicas y estilos, a la historia de las exposiciones anunciada por Florence Derrieux para acabar, en la actualidad, con una incipiente historia del arte establecida por proyectos artísticos. Gil es consciente de ello, por lo que toma la decisión responsable de generar este libro a posteriori, una vez  inaugurada la muestra, lo que permite captar un propuesta específica que, de otra manera, desaparecería semanas después, respondiendo así, al fundamento de registro y su consecuente archivo inherente al investigador.

En definitiva, un nuevo paso firme en la trayectoria de este artista cuya experiencia filtra a través de la actualidad del pensamiento puesta en contexto, pero cuya individualidad no deja de recordarnos mediante la reproducción constante de su propio cuerpo, en una práctica antropométrica del fracaso.

Del 24 de octubre al 23 de noviembre

Sala de Arte el Brocense. 

C. San Antón, 17, Centro-Casco Antiguo, 10003 Cáceres 

  1. VI Estudio Salud y Vida, Aenor 2023
  2. Un choque elástico es un choque en el cual no hay pérdida de energía cinética en el sistema como resultado del choque. ¿Qué son los choques elásticos e inelásticos? Khan Academy, 2024. https://es.khanacademy.org/science/physics/linear-momentum/elastic-and-inelastic-collisions/a/what-are-elastic-and-inelastic-collisions (c. 28 de octubre de 2024) 
  3. Nauman, B. Hanging Heads (serie), 1989Kosuth, J. One and Three Chairs, 1965
  4. Bergman, I. Det Sjunde Inseglet, 1957
  5. Max Reinhart (Austria, 1983 – Nueva York, 1943). Director de teatro y cine entre los siglos XIX y XX, impulsor del expresionismo en ambas disciplinas.
  6.  “Es de todos reconocido que la historia del arte de la segunda mitad del siglo XX no es una historia de obras de arte, sino de exposiciones”. Derieux F. Harald Szeemann. Individual Methodology. Ed. JRP Ringier, Zurich, 2008.

Julio C. Vázquez Ortiz

Comisario independiente y gestor cultural. Miembro del Comité Internacional de Museos de Arte Moderno y Contemporáneo del ICOM (CIMAM) y del Consejo Territorial del Instituto de Arte Contemporáneo (IAC); presidente de Artistas Visuales y Asociados de Extremadura (AVAEX) y vocal en la directiva de la Asociación de Gestoras y Gestores Culturales de Extremadura (AGCEX). Profesor consultor en la Universitat Oberta Catalunya (UOC) y cofundador de lanzarte.art. Comisario de de la bienal de arte público Cáceres Abierto, entre sus últimos proyectos destacan las residencias artísticas Siberia Cultura, la puesta en marcha del Museo de Muralismo Contemporáneo de Mérida o la IX Bienal Iberoamericana de Obra Gráfica Ciudad de Cáceres. Ha comisariado más de medio centenar de exposiciones en diferentes puntos del territorio nacional e internacional. https://linktr.ee/juliocvazquezortiz

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