
Rosell Meseguer. Tierra en blanco
Por Luis Francisco Pérez.
No siempre los textos que leemos en los catálogos de las exposiciones poseen la categoría de ser en verdad relevantes para la comprensión intelectual de lo expuesto. De ahí que considere muy importante, necesaria, la lectura del magnífico y muy completo ensayo que Pedro Medina ha escrito con motivo de la actual muestra de Rosell Meseguer en la Sala Verónicas de la ciudad de Murcia – Tierra en blanco es el título de la exposición-, y de la cual es el comisario. La Sala Verónicas es un señorial y muy sugerente espacio de lo que fue una iglesia barroca del siglo XVIII, hoy desacralizada, y un referente nacional, no únicamente en la capital murciana, en cuanto a la promoción y exhibición de arte contemporáneo español. Pero volvamos en este inicio al texto del comisario, y a explicar brevemente el porqué de su importancia, que no es otra que estar al servicio, desde una altura intelectual y discursiva muy solvente, de la expansiva y rizomática complejidad de la obra de Rosell Meseguer realizada durante los últimos veinte años.

De hecho, a la exposición se la puede calificar como de una intensa y muy bien preparada revisión de su trabajo, donde obras por así decir “últimas”, se posicionan dialécticamente con realizaciones anteriores, estableciendo así unas “dinámicas” (en su sentido musical: la variable intensidad, en este caso visual, de lo expuesto) entre obras de diferentes periodos creativos -y existenciales, sin duda, con respecto a su hacedora, pues su misma biografía también indirectamente “se exhibe” por otros medios. Con ello deseo insistir en la necesaria lectura del ensayo del comisario (junto al de otros autores que anteriormente se interesaron por su obra), para una mejor y más rica comprensión de lo que contemplamos. El título del escrito ya es bastante indicador de lo que intentamos transmitir: Rosell Meseguer. El modus operandi de una mirada arqueológica. Título que a su vez se divide (o mejor: se bifurca) en diferentes subtítulos y apartados que acompañan al enunciado que acabamos de referir.
En arte contemporáneo la palabra “entropía” está casi siempre unida a los escritos del artista norteamericano Robert Smithson, pero es el diccionario de la RAE el que nos ofrece una escueta y concisa definición del término: “Medida del desorden de un sistema”, el cual nos serviremos de él para alterándolo de una manera casi imperceptible nos ofrecerá un posible axioma para “enmarcar” la exuberante riqueza artística -formal, narrativa, histórica, geopolítica, discursiva, conceptual, memorística, especulativa…- desarrollada por Rosell Meseguer. Dicho axioma o razonamiento sería el de transfigurar (artísticamente) la medida del desorden (natural) de un sistema dado o artificialmente creado. A partir de poner en valor (también “en juego”) todos estos elementos, y su correspondiente capital simbólico, es cuando los sofisticados juegos creativos a los que nos invita la artista se abren a una serie de epistemes, o formas de interpretar el mundo, que permiten la “traducción” de lo contemplado por el espectador a una esfera privada (es decir: afectiva y sentimental) consigo mismo. Sería algo así como unir “el subconsciente de la Historia” (idea muy interesante que hemos recogido del ensayo de Pedro Medina) con un principio de incertidumbre inherente a toda condición humana.

La nave central de la Sala Verónicas con sus laterales no es excesivamente grande, aunque sí muy generosa de altura (la elevación celestial de lo que fue creado para otros fines), pero lo suficientemente amplia para que artista y comisario hayan sabido muy bien “leer” su propia mística en función de la obra expuesta, y así lo comprobamos con el impresionante retablo pictórico Tierras raras. Elementos de la Región de Murcia – Vega Baja, situado en el altar mayor como un mástil o faro en ese mar de arenas. Luego de este magnífico shock nos vamos paulatinamente encontrando, a ambos lados de la nave y en parte central, con extraordinarias series creadas por la artista: Batería de Cenizas. Metodología de la
Defensa, o Roma versus Carthago, u Ovni Archive o Tránsitos. Del Mediterráneo al Pacífico. No vamos a citar aquí todas las obras expuestas, entre otras razones porque el trabajo de Rosell Meseguer se retroalimenta a partir de su propia dinámica expansiva, y a lo largo del tiempo y en diferentes formas físicas de enunciación: fotografía, restos arqueológicos, Libros de artista que son profundamente borgianos, vídeo, objetos de variada significación, películas, innumerable documentación archivística…, pero quizá la más importante herramienta utilizada por la artista sea la productiva especulación a la que somete su propia memoria como desencadenante de la cualidad entrópica de su pensamiento creativo.
Simplificando mucho podemos afirmar que el inteligente y complejo (en su mejor acepción) trabajo de Rosell Meseguer lo constituye una multiplicidad infinita de signos y conceptos que cuestionan el espacio y el tiempo (y la memoria, y la identidad, y hasta la propia existencia). Ello me lleva a recordar al teórico francés Jean-François Chevrier cuando en su inteligente ensayo El objeto de arte y la cosa pública, o los avatares de la conquista del espacio (editado por Brumaria) afirma lo siguiente: “(…) gran parte de los conflictos artísticos e ideológicos que animan las polémicas del presente se verifican entre los devotos descendientes del tiempo y los encarnizados habitantes del espacio”. Esa misma “lucha” (tiempo versus espacio) ha sido una de las constantes que formal y conceptualmente mejor definen y expresan la creación artística de nuestra artista. Podemos agregar que también se da un cierto “sentimiento narrativo” experimentado por medio de la tensión entre tiempo y espacio. Narratividad muy presente en sus análisis formales y conceptuales sobre la ruina, pues pensé en estos trabajos viendo algunas imágenes de los efectos de la Dana en Valencia, pero también recordé un libro soberbio del filósofo Félix Duque, y que muy probablemente Rosell lo conozca: La fresca ruina de la tierra: del arte y sus desechos.
No quisiera olvidarme, en el comentario de esta exposición magnífica, que con inteligencia y mucha sensibilidad ha sabido mostrar con suma eficacia la complejidad de una obra muy rigurosa, la dimensión poética en el trabajo de Rosell Meseguer. Porque lo cierto es que hay mucha y muy profunda poesía, pero se hace presente por medio de la más pura imaginación, la que busca, como deseaba Baudelaire, las relaciones íntimas y secretas de las cosas, las correspondencias y las analogías. Es decir, una poesía que es, en esencia, una facultad de conocimiento y no una “fantasía personal”, que el poeta rechazaba con enérgico spleen.
Del 27.09.2024 al 05.01.2025
Sala Verónicas. C. Verónicas, 4, 30004 Murcia

Luis Francisco Pérez
Crítico y teórico del arte contemporáneo principalmente. Aunque también es comisario de exposiciones. Desde mediados de los ochenta ha escrito y colaborado en y con todas las revistas españolas de arte. .Algunas publicaciones: “Espacios de significado. Ensayos de exposiciones de arte en España, 1983-2003” (Exit Editorial) / “Crítica en el muro. Escritura sobre arte en FB”, (Exit Editorial)

