Por Luis Francisco Pérez
No es la primera vez, ciertamente, que Vicente Todolí comisaría y organiza una muestra del artista norteamericano James Lee Byars (Detroit, 1932- El Cairo, 1997), pues siendo director de la Fundación Serralves de Oporto realizó una exposición suya en 1997, último año de vida del artista; y anteriormente, en 1994, llevando Todolí la dirección del IVAM de Valencia encargó a Kevin Power el comisariado de la primera exposición en España de James Lee Byars, muestra que tuve oportunidad de visitar. De ahí el conocimiento que Todolí posee de esta obra, pues de una manera directa o indirecta la actual es la tercera muestra que organiza sobre su trabajo, incluso la cuarta, podríamos afirmar, pues anterior a su presencia en el Palacio de Velázquez de Madrid la misma exposición se pudo ver en Pirelli HangarBicocca de Milán.
El título de la muestra, Perfecta es la pregunta, parece ya indicarnos el interés de su hacedor por la creación de formas geométricas simples (prismas, esferas, cilindros), si bien otros trabajos, como así lo podemos comprobar, serían perfectos ejemplos de esculturas muy cercanas a lo que a finales de los sesenta el también escultor Robert Morris dio en llamar Process Art o Antiforma, y con este dato me estoy refiriendo en concreto a la pieza The Unicorn Corn (1984) presente en la exposición; y siempre y cuando aceptemos que el trabajo de James Lee Byars es -por singular, raro y genial- un auténtico “verso suelto” en la escultura realizada en Estados Unidos a partir de la década de los 60, y sin por ello dejar de reconocer que la originalidad de su decir creativo es muy “solidaria” con otras corrientes surgidas en esos mismos años, así las prácticas minimalistas, o las diferentes manifestaciones de una plural abstracción excéntrica, como también, por supuesto, su muy importante contribución al accionismo (más en concreto al Live Art de los happenings) y al conceptual durante los setenta (con un apartado, en cuanto a documentación, muy interesante en la exposición sobre estos movimientos), pero siempre realizadas todas estas manifestaciones “in their own way”.
Hemos citado a Robert Morris y su teorización de la Anti-Form, el cual argumentaba desde una posición crítica que el uso de formas geométricas simples como el rectángulo (tan común en el Minimal Art), de materiales rígidos, y de volúmenes indivisos, estaban absolutamente superados por su relación vinculante con el cubismo europeo. Ahora bien, el tratamiento “geométrico” del que se sirve James Lee Byars no creo que pueda ser adscrito a una nostálgica o melancólica mirada retrospectiva en torno a planteamientos cubistas, pero sí, más bien, a un acercamiento admirativo por el número áureo, o número de oro, o razón dorada, o medida áurea. En definitiva: una divina proporción laica que en su bella e inteligente rareza crea sensuales formas geométricas con materiales como acero inoxidable dorado y madera pintada, seda y cuerno de narval, cristal, bronce dorado, arenisca bearnesa, 1000 bolas de cristal rojo, lápiz dorado sobre papel japonés, satén, 3333 rosas rojas…

James Lee Byars vivió en Japón a finales de los 50, y aquella experiencia fue muy importante, o decisiva, en planteamientos estéticos y artísticos posteriores, al menos si pensamos en la innegable “serenidad oriental” que casi siempre se desprende cuando contemplamos las esculturas realizadas a partir de la década los ochenta, a la que pertenecen gran parte de las obras expuestas. Serenidad oriental que se suele confundir (e interpretar) con un extravagante “misticismo celestial” que, en mi opinión, tiene mucho de epidérmico make-up (realmente bello, por lo demás) pero que no es, en absoluto, la parte más importante (aunque sí la más seductora y llamativa) de su decir artístico, que es mucho más complejo y sustancioso, hasta el punto de que al “interpretarle” se corra el riesgo de reducirle a una cómoda (por visualmente agradecida) liturgia mística de la forma escultórica en el espacio.

De las diecisiete obras que han sido seleccionadas por Vicente Todolí (todas sin excepción, rotundas, extraordinarias, fabulosas muy importantes en su carrera) se puede decir que, agrupadas, conforman una impresionante perspectiva esencial de su trabajo, y que además establecen con la elegante y afirmativa arquitectura del Palacio de Velázquez un territorio autónomo dominado por lo que podríamos definir como una “Geometría de las pasiones”, haciendo nuestro el bello título del conocido ensayo de Remo Bodei. Pues es muy posible, y así lo creo, que la extraordinaria y fantástica obra artística de James Lee Byars sea, en esencia, el “levantar” (en su sentido de maqueta de arquitectura) una geometría pasional y de las pasiones utilizando para ello la sabia utilización de formas geométricas básicas, las cuales al ser contempladas adquieren otra dimensión que no siempre resulta fácil dilucidar su auténtico significado. Digamos entonces, y parafraseando el título de la muestra que lo que nos proponen artista y comisario es demostrar que, en efecto, la pregunta es perfecta, pero la respuesta posee la dimensión variable de una geometría abierta, la única manera de entender la dimensión pasional del arte y la existencia. Por eso, esta exposición es una de las más bellas e inteligentes que, al menos en el Palacio de Velázquez, hemos visto en mucho tiempo.

Luis Francisco Pérez
Crítico y teórico del arte contemporáneo principalmente. Aunque también es comisario de exposiciones. Desde mediados de los ochenta ha escrito y colaborado en y con todas las revistas españolas de arte. .Algunas publicaciones: “Espacios de significado. Ensayos de exposiciones de arte en España, 1983-2003” (Exit Editorial) / “Crítica en el muro. Escritura sobre arte en FB”, (Exit Editorial)


Su obra es basura pretenciosa, esferas o mangueras por el suelo, columnas o rectangulos en dorado, » pinturas» que haria un niño de dos años mal enmarcadas, literal papel negre, 3 letras escritas en dorado, y muchas estrellitas alrededor, esto forman el 80% de las obras de este » artista» sin talento. Con la de gente con verdadero talento que hay en el mundo y se sigue recordando y exponiendo basura pretenciosa.