Entrevista a Jordi Pallarès: crear conexiones, construir mundos

Por Alejandra Cerquera Kilby

Hay exposiciones que permanecen en la memoria por las obras que reúnen, por su museografía, por una conversación con el artista o el comisario, o porque todos estos elementos se sincronizan como una orquesta y generan una experiencia que activa los sentidos y despierta la curiosidad. Son exposiciones que invitan a investigar, a volver otro día para disfrutarlas de nuevo.

Así ha sido mi experiencia en exposiciones, presentaciones de libros, instalaciones y encuentros comisariados por Jordi Pallarès (Calafell, Tarragona, 1967). Al recorrer estos proyectos, tengo la sensación de entrar en un mundo que ya existe, con sus propias conexiones y dinámicas, y no en un espacio donde las obras simplemente coinciden durante unos días.

En esta conversación, hablamos sobre las relaciones que dan forma a un ecosistema artístico, la libertad de los artistas para explorar nuevos caminos, la mediación como puente entre las obras y el público, y la importancia de crear espacios donde distintas disciplinas, experiencias y formas de habitar el mundo puedan encontrarse.

  1. Nos conocimos a través de una amiga en común aquí, en Palma, hace tres años. Nuestra primera conversación fue sobre cómo el arte nos lleva no solo a conocer trabajos artísticos, sino también a crear relaciones que muchas veces perduran en el tiempo. Durante este tiempo, he podido conocer, gracias a ti, a artistas de Venezuela, México, España e Italia, con proyectos que has comisariado aquí, en Palma, o en la península. ¿Qué consideras que es lo más valioso, aparte de las relaciones personales, qué se logra con estas conexiones a nivel del ecosistema del arte?

Subrayando lo que has dicho respecto a cómo nos conocimos, para mí es fundamental crear una red afectivo-profesional real. Ello permite no solo tener complicidad a la hora de trabajar sino generar compromisos sólidos que repercuten vertical y horizontalmente en el desarrollo de un proyecto.

Vista de Doppia residenza)) en iNTERNO2, 2026. Cesena, Italia. Obras de Mònica Fuster y Adriano La Licata. Foto: Luca Piovaccari.

  • Ochocientos cincuenta y un kilómetros separan Palma de Cesena, en Italia, donde has inaugurado este verano Doppia residenza)) iNTERNO2. ¿Qué podemos encontrar en este nuevo espacio y qué relación tiene contigo y con Palma?

Esta pregunta no es de respuesta corta, pero lo intentaré. Llevo muchísimos años vinculado a Cesena por temas personales. Sin ignorar los abusivos precios de la vivienda en Mallorca, se trata de una ciudad pequeña, bella y muy cuidada a nivel municipal. Además, la Romagna es una región que mantiene su ideología progresista a pesar del momento actual y ese tipo de resistencia me hace sentir muy a gusto. Por eso crear un espacio propio allí tiene mucho sentido para mí. iNTERNO2 es, en realidad, mi casa. Un espacio privado que, dada mi forma de trabajar como curador, quiero compartir y voy a dinamizar para que ocurran cosas. No quiero definirlo como nada en concreto. Es un espacio abierto y vivo en el que la binariedad no tiene cabida. Doppia residenza)) supone el primer proyecto allí realizado junto a veintiséis creadorxs internacionales que han desarrollado obras en esa doble tesitura, pensadas para los distintos rincones de la casa. Me siento muy afortunado con todos esos procesos, pero, sobre todo, con las personas -artistas o no- que han participado.

Jordi Pallarès y el Srger- Sergio Gómez, “BIRDING” 2025. La BIBI + REUS, Palma. Foto: Lhaura Rain

  • Has trabajado con artistas de distintos territorios, como España, Italia y América Latina. Desde tu experiencia, ¿qué diferencias encuentras entre sus propuestas artísticas? ¿Y qué aspectos crees que tienen en común?

Cada artista es un mundo y esa es su riqueza, en cómo aborda las cosas y, sobre todo, en cómo se reconoce en lo que desarrolla. Muchxs me dicen que mis proyectos tienen algo en común en las puestas en escena y en cómo se trabaja lo relacional. Intencionadamente o no, intento siempre intercambiar material nutritivo con ellxs, y explorar y experimentar varios registros ocupacionales para con el espacio, intentando que se sientan cómodos en el riesgo a pesar de sonar a contradictorio. De ahí que para mí resulten retos importantes los proyectos colectivos.

  • Cuando recibes una propuesta para comisariar una exposición, ¿en qué es lo primero que te fijas y qué hace que te interese? ¿Cambia tu manera de abordarla según venga de una galería, una institución o un artista, o seas tú quien la propone?

Cuanto más trabajo, menos prejuicios tengo con lxs artistas. Más allá de lo que hacen (las redes no son siempre el mejor escaparate), es fundamental hablar con ellxs. Saber de dónde vienen, cuáles son sus intereses y referentes, qué leen, si escriben o no… Para mí, quizá lo más importante de unx artista sea el nivel de compromiso con unx mismx y el hecho de no tener miedo a según qué. Ya bastante suelen coartar las galerías y las instituciones como para que lo hagamos a priori nosotrxs. Lo que ocurre algunas veces es que son lxs propixs artistas quienes tienen prejuicios formales en cómo “debe” presentarse su trabajo y eso les impide arriesgar en la visibilidad del mismo y las obras pierden parte de su potencial. Entreveo demasiada corrección en todo ello. Por eso en algunas ocasiones me han pedido literalmente que les saque de su zona de confort como si en mi perfil y en mi persona proyectaran algo de terapéutico. En ese sentido, mi recorrido como mediador y docente, me ha dado herramientas para charlas de todo tipo, y muchxs de lxs artistas con quienes he trabajado siguen consultándome cosas en su día a día profesionalmente hablando. Está claro que trabajar para una institución, una galería o un espacio autogestionado provoca gestiones y movimientos de cadera distintos en lo vertical y en lo horizontal. A veces, el mismo poder que se nos otorga a lxs curadorxs es un arma de doble filo pues estamos en medio de todo y recae sobre nosotrxs excesiva responsabilidad.

Vista de la exposición “BIRDING” 2025, Srger-Sergio Gómez. Comisario Jordi Pallarès, La BIBI + REUS, Palma. Foto: Lhaura Rain.

  • Cuando trabajas con artistas que vienen de otros territorios, con otras costumbres e idiomas, ¿cómo consigues que sus obras conecten con el público? ¿Qué hace que una exposición vaya más allá de contemplar las obras y se convierta en una experiencia que invite al visitante a comprenderlas y dialogar con ellas?

La mediación hacia adentro y hacia afuera es fundamental y pocas veces se tiene en cuenta. No es deliberado, pero en un proyecto expositivo, se suele olvidar al público. La mayoría de exposiciones se centran en las obras y en la proyección del espacio que las acoge. Desde el minuto cero, es conveniente ponerse en ese lugar, buscando a un espectador activo y esperando así contribuir a que se muevan cosas. En definitiva, curar para mí es también eso, acompañar al artista y al lugar que acoge el proyecto en los distintos procesos y también proyectar hacia fuera lo que ha ocurrido y el trabajo resultante en el contexto en el que todo eso se desarrolla (en el caso de una residencia) y se exhibe. Todo un aprendizaje.

  • Actualmente estás presentando en Escat Gallery, en Barcelona, “Las nubes no tienen casa”, una exposición de Federica Furbelli. Una vez más, es un proyecto que nace de esa red de relaciones artísticas que has ido tejiendo desde Mallorca. Federica es italiana, tiene su estudio en Palma y lleva una vida un tanto nómada: muchas de sus obras son fruto de sus viajes y de su experiencia de navegar por el mundo.

¿Cómo surge esta exposición y qué es lo más importante que te gustaría transmitir con ella? ¿Son los temas los que te llevan a determinados artistas y proyectos, o son los encuentros y las coincidencias los que terminan dando forma a las exposiciones?

Federica y yo nos conocimos hace ocho años en Tenerife (ella vivía allí por aquel entonces) y yo trabajaba para una feria. Tras volvernos a ver en Sevilla y en Valencia, ella terminó casualmente atracando en Mallorca (otra isla). Nuestra admiración y complicidad era mutua. El hecho de terminar haciendo un proyecto juntos ha sido algo orgánicamente bello. La convoqué para la colectiva “Selecció natural” en el contexto de SUMMA ART FAIR de este 2026, pero antes ella ya me había invitado a trabajar en “Las nubes no tienen casa”. Barcelona es la ciudad en la que yo me he formado y crecido, aparte de Palma. Ese cálido contexto y trabajar con ella en Escat Gallery ha sido todo un viaje placentero. Creo que el trabajo pictórico de Federica es muy genuino y responde mucho a su periplo vital. Está creciendo mucho y expandiendo esa pintura fuera de la pared con materiales como la cerámica y la madera. No es en balde que su trabajo intervencionista à plein air esté allí, en el trasfondo espacial de su pintura y de aquello que investiga y pasa por sus manos. En Escat Gallery hemos hecho un trabajo escénico que subraya al mismo tiempo su obra y la arquitectura de la galería.

“Las nubes no tienen casa” responde a una dinámica vital de la artista, a sus movimientos reales e introspectivos y en cómo eso afecta a la pintura en todos sus registros. En la galería, hemos potenciado la verticalidad de la metáfora del título y del propio espacio histórico de la galería, provocando que el espectador mueva su mirada

desde el suelo (hay rastros del tierra y arenilla, una extraordinaria mesa que funciona como vitrina museográfica, y unos maravillosos troncos intervenidos), en las distintas ubicaciones de las obras, en la colocación de los vinilos, la gran tela intervenida que cuelga de arriba hacia abajo, y en el desplegable que hemos diseñado para la ocasión.

Respecto a cómo se mueven mis intereses, va en función de los proyectos que provoco y/o me llegan. Como curador, tengo mis líneas de investigación que desarrollo y comparto con lxs artistas en función del proyecto. Eso se percibe en los contenidos y en la forma de los textos que escribo. Creo en las conexiones entre personas, pero también estoy atento a la complicidad con la otredad con quienes cohabitamos el planeta. Creo también en las migraciones de registros y disciplinas como la literatura, la dramaturgia, el cine, la artesanía o la danza contemporánea. Los lugares híbridos. El cuerpo y la palabra son dos de los ejes que articulan una parte importante de mis modos de proceder como curador. Todo eso es político y me resitúa constantemente.

Fausto Amundarain, La repetición compulsiva como refugio (2026). Sala Mendoza Caracas (Ven.) Foto: David Molina-Molina.

  • ¿En qué estás trabajando ahora mismo? ¿Qué proyecto tienes entre manos, cuál es su tema central y cuándo podremos conocerlo?

Recién se inauguró la 17ª edición de los Premios Mendoza en la Sala Mendoza en Caracas (VE), en la cual participé como parte del jurado internacional seleccionador. Se trata de uno de los certámenes más importantes del país (para artistas de hasta 40 años) que da visibilidad dentro y fuera a la creación venezolana más fresca. Entre lxs doce artistas finalistas, tuve la oportunidad de acompañar y escribir sobre Oscar Abraham Pabón, David Molina-Molina y Fausto Amundarain (con quien he colaborado en varias ocasiones). Tras esto, me invitaron a diseñar y moderar las mesas redondas de este año de los Urban Talks en Poblenou (Barcelona), un formato en el que me siento muy cómodo y considero muy necesario para poner en valor el intercambio presencial y lo performativo. Como proyectos expositivos, el primer trimestre de 2027 viene cargadete pues inauguro en Madrid un proyecto con el artista NEAN en PNT galería, y la colectiva /publio/ que primero se verá en Tönnheim Gallery y, más adelante, en el Museo de Arte Contemporáneo Florencio de la Fuente en Huete (Cuenca). Un proyecto colectivo con 16 artistas internacionales entre los cuales lxs mallorquinxs Mònica Fuster, Ignacio Bosch y Biel Llinàs. También llevo a cabo una co-curaduría con María Lightowler sobre una parte del Archivo de Buenos Aires (AR) del artista histórico Pablo Edelstein en la Galería Sur de Barcelona. En este caso, trabajar con una persona que ya no está supone también todo un reto tanto en la investigación como en la puesta en escena de un material que se produjo en un país, en un momento y en unas circunstancias que unx no vivió.

Foto Portada: Vista de la exposición “Las nubes no tienen casa” de Federica Furbelli,

 en Escat Gallery (Barcelona), podrá visitarse hasta el día 31 de octubre de 2026.

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