Judith Prat: BRUJAS. Restituir la memoria, interrogar el presente

Por Alfredo Llopico

Hay imágenes que nos obligan a revisar aquello que creíamos saber. BRUJAS, el proyecto de Judith Prat, aborda la persecución de mujeres acusadas de brujería desde una mirada que relaciona fotografía, investigación histórica y territorio. Su interés no reside únicamente en recuperar una historia silenciada, sino en examinar cómo se construyó la figura de la bruja y qué nos dicen hoy las imágenes asociadas a ella.

Fruto de más de tres años de investigación, el proyecto reúne sesenta fotografías centradas en la persecución de mujeres entre los siglos XV y XVIII, con especial atención a los Pirineos aragoneses y catalanes. En su proyecto para la Llotja del Cànem de la UJI de Castellón, abierto hasta el próximo 21 de noviembre, Prat se aproxima a una historia en la que las acusaciones de brujería sirvieron para señalar y castigar a mujeres cuyas conductas, conocimientos o circunstancias podían despertar sospechas. Una enfermedad, la muerte de un animal o una mala cosecha bastaban, en determinados contextos, para convertir la incertidumbre en culpa.

Detrás de la figura de la bruja hubo mujeres concretas: campesinas, comerciantes, artesanas, comadronas y curanderas. Sin embargo, su representación quedó condicionada por los relatos de quienes las acusaron. Frente al estereotipo que las convirtió en personajes fantásticos o encarnaciones del mal, BRUJAS propone volver sobre las circunstancias históricas de su persecución y sobre las formas en que aquellas mujeres han llegado hasta nosotros.

El territorio como archivo

En el proyecto, las montañas, los caminos, las casas y los elementos de la arquitectura popular no funcionan como simples escenarios. Forman parte de una geografía en la que perviven rastros de las creencias y los temores de otras épocas.

Los espantabrujas de las chimeneas y determinados elementos vegetales colocados en las puertas de las viviendas ofrecen ejemplos concretos de esa relación. Más allá de su interés etnográfico, estos objetos permiten acercarse a las prácticas con las que las comunidades intentaban proteger sus hogares frente a aquello que consideraban amenazante.

La fotografía de Prat pone estos vestigios en relación con el presente sin convertirlos en pruebas de los acontecimientos históricos. Los lugares conservan huellas, pero su interpretación requiere contexto. Esta distinción es importante: una imagen puede sugerir conexiones, activar preguntas y acercarnos a una época, pero no reconstruye por sí sola lo que ocurrió.

El territorio adquiere así un papel activo en el proyecto. No ilustra una historia previamente contada, sino que aporta elementos desde los que volver a pensarla.

La lectura de las imágenes

La dimensión curatorial de BRUJAS se aprecia especialmente al detenerse en fotografías concretas: una mujer junto a un caballo, un macho cabrío o un grupo de hombres que avanza por la montaña con antorchas.

Estas imágenes suscitan asociaciones con el estigma, la amenaza o la violencia colectiva, pero conviene no fijar su significado de antemano. Su interés no depende de que ilustren literalmente la persecución de las mujeres acusadas de brujería, sino de las relaciones que establecen con el conjunto del proyecto. Para interpretarlas es necesario atender a lo que muestran, a su contexto y a los límites de aquello que podemos afirmar sobre ellas.

Esta cautela resulta especialmente pertinente cuando se trabaja con imaginarios tan arraigados como el de la bruja. Existe el riesgo de sustituir un estereotipo por otro o de convertir cada fotografía en la confirmación de una tesis. La lectura curatorial debe evitarlo: aportar claves, establecer relaciones y, al mismo tiempo, permitir que las imágenes conserven su singularidad.

La cuestión no es renunciar a la interpretación, sino fundamentarla. Una fotografía puede adquirir un sentido distinto al relacionarse con otra, con un paisaje o con un objeto. El orden y la proximidad entre las imágenes también intervienen en la construcción del relato. En un proyecto como este, la forma de articularlas resulta tan relevante como el tema que comparten.

De la historia al presente

La persecución histórica de las mujeres acusadas de brujería no puede equipararse directamente con las formas actuales de discriminación. Los contextos políticos, religiosos y jurídicos son distintos. Sin embargo, aquella historia permite examinar cómo una comunidad puede convertir la diferencia en sospecha y la sospecha en una justificación para excluir.

Hoy persisten mecanismos de estigmatización que desacreditan la autonomía de las mujeres, cuestionan determinados conocimientos o presentan a quienes se apartan de la norma como una amenaza. No son fenómenos equivalentes a las persecuciones y ejecuciones de siglos pasados, pero sí invitan a preguntarnos cómo se construyen los prejuicios y qué discursos contribuyen a legitimarlos.

La aportación de BRUJAS está en abordar esta relación sin reducir el pasado a una metáfora del presente. La investigación histórica conserva su especificidad, mientras las fotografías permiten que sus preguntas lleguen hasta nosotros. No hace falta establecer equivalencias forzadas para reconocer la vigencia de una historia que muestra las consecuencias de señalar a alguien como culpable.

Una práctica fotográfica que construye pensamiento

Valoro especialmente en el trabajo de Judith Prat la voluntad de sostener la práctica fotográfica sobre una investigación prolongada. En BRUJAS, la fotografía documental no se limita a proporcionar imágenes para un discurso ya elaborado. La relación entre personas, paisaje y vestigios materiales permite construir una lectura en la que el documento histórico y la interpretación visual se complementan sin confundirse.

Este planteamiento exige tanto rigor en la investigación como atención a la forma. El compromiso con una historia injustamente representada no garantiza por sí solo la fuerza de un proyecto; también importa cómo se traduce esa preocupación en imágenes y cómo se evita que estas queden subordinadas a un mensaje demasiado explícito.

Ahí encuentro uno de los aspectos más interesantes del trabajo de Prat: su capacidad para abordar una cuestión histórica y política sin reducir la fotografía a una función ilustrativa. Las imágenes no sustituyen al archivo ni pueden devolver directamente la voz a las mujeres perseguidas. Sí pueden cuestionar las representaciones que las convirtieron en figuras temidas y devolver complejidad a una historia que durante mucho tiempo se contó desde la perspectiva de sus acusadores.

Tampoco es necesario idealizar a aquellas mujeres para reconocer la violencia que sufrieron. Restituir su lugar en la historia significa atender a sus circunstancias concretas, sin reemplazar la caricatura de la bruja por una imagen igualmente simplificadora.

Mirar de nuevo

BRUJAS invita a revisar tanto la historia de las mujeres perseguidas como las imágenes y los relatos a través de los cuales las hemos conocido. Su interés reside en la relación que Judith Prat establece entre investigación, territorio y fotografía, y en la posibilidad de abordar un episodio histórico sin convertirlo en una explicación cerrada del presente.

El proyecto plantea una cuestión que va más allá de la recuperación de la memoria: cómo se construye la imagen de quien es considerado una amenaza y qué sucede cuando esa representación acaba sustituyendo a la persona. La fotografía no puede reparar por sí sola aquella historia, pero sí puede ayudarnos a examinar sus relatos y a reconocer los mecanismos que hicieron posible la exclusión.

La fuerza de BRUJAS reside, precisamente, en esa capacidad de volver sobre el pasado sin darlo por resuelto. Mirar estas imágenes supone preguntarnos no solo qué recordamos de aquellas mujeres, sino también desde qué perspectivas hemos aprendido a verlas.

Judith Prat, Brujas.

Llotja del Cànem de la UJI, Castellón

 Hasta el 21 de noviembre de 2026

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