
Carmen Calvo. Platos giratorios
Hasta el 14 de febrero de 2027
Centro Niemeyer
Av. del Zinc, s/n, 33490 Avilés, Asturias
Comisaria, Ana Berruguete
Desde el primer recorrido, el espectador se encuentra ante una obra que no busca agradar. Calvo dirige su atención hacia los rincones más oscuros de la condición humana: las estrictas normas morales que han aprisionado a la sociedad, los abusos hacia la infancia y la figura de la mujer cuyo único destino parecía ser el sometimiento en el matrimonio. Lejos de ser un panfleto, esta crítica social se sostiene en una sensibilidad profundamente empática. No hay morbo, sino un deseo genuino de dar voz a quienes han sido silenciados.
Uno de los aspectos más impactantes de la exposición son las fotografías antiguas anónimas que Calvo transforma con máscaras y otros elementos hasta desdibujar los rostros. Este gesto, que podría parecer meramente estético, encierra una reflexión, la identidad se vuelve incierta. El espectador se convierte en testigo del mecanismo mediante el cual la sociedad borra, silencia o reduce al individuo. Es la alienación y la ceguera convertidas en imagen, un acto de resistencia pasiva que nos obliga a mirar lo que normalmente preferimos evitar.
Fiel a su trayectoria, Calvo no se limita a un solo medio. En ‘Platos giratorios’ coexisten el surrealismo, el dadaísmo, el arte povera y el conceptual, junto con la pintura, la escultura, la instalación, la cerámica, el textil, el collage y el cine. Esta diversidad es una estrategia para desestabilizar nuestra percepción.
El título de la muestra actúa como una clave para entenderla. ‘Platos giratorios’ evoca conceptos de movimiento, rotación y transformación, la artista logra que estos dialoguen con la arquitectura misma de Niemeyer. Las obras parecen formar parte de una escenografía abierta, marcada por tensiones entre lo que está presente y lo que falta, entre lo oculto y lo que se revela. Los paisajes, los objetos encontrados y las formas moldeadas en barro enriquecen este repertorio de ausencias y experiencias que, al igual que en una obra de teatro, buscan ser una expresión vital de resistencia.
‘Platos giratorios’ no brinda respuestas sencillas, sino que crea un espacio para una reflexión incómoda. Carmen Calvo muestra que el compromiso feminista y la experimentación formal pueden coexistir, y que la memoria, incluso la más dolorosa, puede transformarse en arte sin perder su carga de denuncia.

