LA BROMA CONTEMPORÁNEA Y EL REFLEJO INTEMPESTIVO

Fernando Castro Flórez. Algunas bromas de mal gusto. Sobre el arte contemporáneo & CÍA. Editorial Casimiro. 2026 126 páginas.

Por Rafael López Borrego

El mundo del arte se ha visto sorprendido en los últimos años por diferentes obras, algunas de ellas invisibles en memoria a Yves Klein, que no dejan de sorprender al espectador de a pie y que, fruta en mano pegada a la pared, no hacen sino alejar a un público que tiempo atrás ya había abandonado la idea de la comprensión para quedarse con el chiste.

Puede que el asunto de la ironía esté llegando a su final, así lo expresa Domingo Hernández, quien nos recuerda que sabedora de su condición cíclica, lo que queda por decidir es si la necesitamos o realmente podemos prescindir de ella (Salir sin guardar, 2026, p. 141).

Fue Ortega y Gasset en su seminal texto sobre el punto de vista en las artes, el que nos informaba del cambio que operaba en la representación que pasaba de objetos que incluían cosas a fijar ideas. Este giro de guión podría incluso ser puesto en duda por el propio Ortega que, como nos indica José Luis Molinuevo, tornaría la obra en  interesante (Karl Rosenkranz decía que lo interesante es aquello que alberga en sí una contradicción), pero esa condición no significa que le guste al filósofo, quizás todo lo contrario, aunque su esfuerzo se enfoque en comprenderlo (Revista de Occidente nº 234, p. 26).

En los últimos libros escritos por Fernando Castro Flórez se advierte un camino que nos lleva exclusivamente hacia la catástrofe, entendiendo esta no como un suceso futuro, sino como una condición intrínseca que permea la sociedad y, por extensión, el arte contemporáneo. La única manera de sobrevivir sería saber aprovechar “el instante del peligro” en palabras benjaminianas.

Si la “percepción distraída” se ha apoderado de nuestro pensamiento y ha anulado nuestra capacidad de raciocinio, mucho más desde la llegada de las redes sociales, estaría bien reivindicar el aburrimiento, no como un elemento que nos incita al consumo como decía Guy Debord, sino como un verdadero refugio del pensamiento.

Dentro del marco que acabamos de citar, ¿cuál es el papel del arte? Pues sin duda la mímesis con el ambiente social en el que le ha tocado vivir. Encontramos dentro de su ámbito personajes de todo tipo y calado, desde los defensores de la fusión del clásico y el contemporáneo, proto-curadores en búsqueda de un sillón al que poder atornillarse, “young curators” que citan sin parar aquello que han leído aunque no tenga relación con lo que se está hablando, críticos de arte buscando su verdadero papel dentro del sistema, youtubers defensores de un arte académico, faltos de conciencia de los dos cambios de paradigma sufridos, “buenas prácticas” que han devenido en malas en un modelo endogámico que nos conduce no a ver a los mejores, sino a siempre los mismos en distintos puestos y también artistas de todo pelo, caraduras en busca de escándalo y activistas políticos que tratan de concienciar a quien, posiblemente, ya no tiene conciencia o cuya conciencia se ha diluido en el devenir de un scroll infinito.

Duchamp nos dio una lección a todos al poner sobre un pedestal lo inesperado. Hemos dado tantas vueltas a la pieza que hemos analizado hasta la posición diferente en la que estaba colocado respecto a su función original para justificar así su exposición. Desde entonces nos dice Fernando Castro Flórez que hemos sido capaces de pedestalizar cualquier cosa, pero no con intención artística, sino con la idea de provocar una profunda estupefacción. Hemos normalizado lo excepcional y tal vez es ahí donde se encuentre el error de un arte que muchas veces no encuentra acomodo, provocando el chiste. Agnes Heller nos recuerda que la finalidad del chiste no es la risa inmediata, sino que el efecto terapéutico de lo cómico debe estar mediado por la reflexión, por la comprensión y por el trabajo del intelecto (La comedia inmortal, 2024, p 38).

Tal vez hemos dejado de tomarnos en serio las cosas verdaderamente serias y todo se ha convertido en un chiste, desde un vaso de agua medio lleno a las representaciones de lo abyecto realizadas por Andrés Serrano o Paul McCarthy. Un chiste solo es real, nos recuerda Heller, si se cuenta en compañía de personas que están en sintonía para oírlo, la respuesta será la risa inmediata, pero como indicamos en el párrafo anterior, debería tener unos efectos secundarios (opus cit p. 261). Hemos olvidado los efectos en pos de una diversión perpetua. Cuando estábamos en plena pandemia, con toda la gente encerrada en casa o usando mascarillas cada vez que salías a comprar o algunos a trabajar, si abrías la aplicación de TikTok aparecía la mayoría de la gente bailando sin ninguna mascarilla, ni ningún otro tipo de protección, como si no pasara nada, como si la fiesta fuera continua. Mientras reflexionabamos sobre el cuidado y empezábamos a pensar en “el otro”, la fiesta continuaba por otro lado.

Si Walter Benjamin advierte “que todo siga así es la catástrofe” quizás la mejor actitud a adoptar, también en el ámbito artístico, es la de Diógenes el Cínico que entraba al teatro cuando estaba saliendo todo el mundo, provocando de esta manera el caos. Tal vez lo que nos queda para evitar la bacanal de las redes, donde el mundo del arte forma también parte del espectáculo, sea como decía Giorgio Agamben, ser intempestivos, denunciar los ámbitos de oscuridad que nos ofrece un mundo lleno de luces, donde el progreso (tecnológico) ha sustituido al verdaderamente importante, el humano (Desnudez, 2011, p. 18)

El texto “bromista” de Fernando Castro Flórez no se ajusta solo a una simple exposición de los hechos (artísticos), algunos de ellos hilarantes, sino que nos enfrenta a la imagen reflejada en el espejo, donde nos invita a pensar y actuar de forma crítica. El mejor acto que podemos llevar a cabo es sin duda la resistencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad