
María Ortega Gálvez. Un ladrillo más en la pared 2016. Técnica mixta. Seda, plumas e hilos.140x140x190 cm
Cuando la fibra piensa. Cuerpo, territorio y memoria en María Ortega Gálvez
Hay exposiciones que simplemente se visitan y otras que realmente se habitan. Fragmentos del ser y del entorno, la propuesta de la artista madrileña María Ortega Gálvez en el Museo de Antropología de Xalapa (MAX), sin duda encaja en esta segunda categoría. Se trata de un profundo ejercicio de resonancia entre dos lenguajes que, a primera vista, podrían parecer lejanos: el discurso antropológico que ha moldeado la identidad del MAX y la práctica textil contemporánea que Ortega ha cultivado durante décadas con una sensibilidad y rigor extraordinarios.
La exposición, inteligentemente curada por Yosi Anaya, se presenta como una cartografía sensible dividida en cinco capítulos que funcionan como órganos de un mismo cuerpo: el cuerpo como territorio sensible, la Tierra como un cuerpo vivo, las arquitecturas emocionales y estructuras sociales, la ética ambiental y la conciencia contemporánea, y el mar como un archivo afectivo. Esta estructura no es casual; refleja una coherencia interna que atraviesa toda la producción de la artista y que encuentra en el contexto veracruzano un espacio de diálogo especialmente fértil.
El cuerpo como mapa, el mapa como cuerpo. La primera sala nos recibe con las piezas de «Mapas Corporales», donde Ortega Gálvez utiliza malla metálica y licra en bajorrelieve para crear torsos y fragmentos corporales que actúan como superficies de inscripción emocional. Obras como «Acoge y detiene» (2016), «Calma» (2021) y «Silencios» (2021) nos enfrentan a cuerpos que no son meras representaciones anatómicas, sino territorios de experiencia. La transparencia de la malla, sintetiza la condición humana contemporánea: permeable y resistente, frágil y fuerte al mismo tiempo.

María Ortega Gálvez. Acoge y detiene 2016. Técnica mixta. Bajo relieve.Tela metálica y licra.
El diálogo que estas piezas establecen con las esculturas prehispánicas del museo es, sin duda, uno de los logros más destacados de la exposición. En las culturas mesoamericanas, el cuerpo era un portador de cosmovisión y un eje ritual; sin embargo, en la obra de Ortega, se transforma en un archivo íntimo de experiencias contemporáneas: el silencio, el abrazo, el repliegue, la tensión. Aquí, el fragmento no sugiere ruptura o pérdida, sino que se revela como una epifanía: cada parte encierra la totalidad de la experiencia humana. Esta interpretación actualiza el discurso antropológico sin traicionarlo, mostrando que las preguntas sobre el cuerpo y su significado siguen siendo de vital importancia.
La Tierra como organismo vivo En «Mapas Geográficos», la artista establece una conexión entre la anatomía femenina y la geografía que podría ser problemática en manos menos hábiles, pero que aquí se resuelve con una poética visual de gran fuerza. «Renacer» (2024) transforma el cuerpo en cordillera, valle y cauce fluvial, ofreciendo una visión orgánica del planeta que resuena directamente con la cosmovisión mesoamericana, donde la tierra se concebía como una entidad viva y sagrada. Esta sección adquiere una clara dimensión antropológica en el contexto del MAX: el cuerpo-territorio es un organismo con el que se establece una relación de reciprocidad. La obra enfatiza la tensión contemporánea entre creación y destrucción, recordándonos que la intervención humana ha alterado profundamente los ciclos naturales. El cuerpo femenino se convierte en metáfora del territorio vulnerado, pero también en símbolo de una regeneración posible. Es una interpretación que evita tanto la idealización romántica como el catastrofismo, logrando un equilibrio que caracteriza toda la producción de la artista.
El diálogo que estas piezas establecen con las esculturas prehispánicas del museo es, sin duda, uno de los logros más destacados de la exposición. En las culturas mesoamericanas, el cuerpo era un portador de cosmovisión y un eje ritual; en el trabajo de Ortega, se transforma en un archivo íntimo de experiencias contemporáneas: el silencio, el abrazo, el repliegue, la tensión. Aquí, el fragmento no sugiere ruptura o pérdida, sino que se revela como una epifanía: cada parte encierra la totalidad de la experiencia humana. Esta interpretación actualiza el discurso antropológico sin traicionarlo, mostrando que las preguntas sobre el cuerpo y su significado siguen siendo más relevantes que nunca.

María Ortega Gálvez. Vista de la exposición.
Arquitecturas del cuidado y del muro. «Un ladrillo más en la pared» (presentada en tres versiones de diferentes escalas (2016, 2024)) se erige como uno de los momentos más impactantes de la exposición. La representación de una casa de ladrillo parcialmente destruida, con su interior repleto de plumas, actúa como una metáfora de los muros personales y colectivos que levantamos, miedo, desconfianza, prejuicio. Pero también nos recuerda que toda arquitectura material refleja una arquitectura simbólica.
El mar como memoria y advertencia. La dimensión ecológica de la exposición se hace evidente en «Mundo Líquido», donde Ortega aborda temas como la contaminación marina, el aumento del nivel del mar y la necesidad urgente de energías sostenibles. Obras como «Blue sea» (2022), «Green sea» (2022) y «Red sea II» (2023) utilizan seda, algodón y fieltro para crear superficies que son a la vez pintura y textil, paisaje y cuerpo.
Aquí, la fibra se convierte en una metáfora de interdependencia: cada hilo sostiene la estructura completa, al igual que cada acción humana impacta en el equilibrio global. Esta idea se manifiesta de manera especialmente poderosa en «Nuestros Mares», la instalación que cierra el recorrido y que actúa como un archivo cromático y emocional. Observando diferentes mares, como el Mar de los Sargazos, el Mar Cantábrico, el Mar de Groenlandia y el Mar Caribe, la artista crea olas textiles hechas a mano que capturan matices de color y memoria.

María Ortega Gálvez. Blue sea III Técnica mixta y costura. Seda, algodón y fieltro 140x80cm
Nos encontramos ante una exposición que no solo se observa, sino que se vive. Es un espacio donde lo íntimo se entrelaza con lo colectivo, lo local se fusiona con lo global, y lo ancestral se encuentra con lo contemporáneo. Ortega Gálvez ve el arte como un entramado de relaciones que puede despertar conciencia, plantear preguntas y abrir nuevas maneras de habitar el mundo. En un museo que rinde homenaje a las culturas que nos han precedido, su obra nos recuerda que las preguntas esenciales sobre el cuerpo, el territorio y la memoria siguen siendo nuestras. Y que el arte, cuando se aborda con la sinceridad y el rigor que definen a esta artista, puede guiarnos en la búsqueda de respuestas o, al menos, ayudarnos a plantearlas de manera más clara.
La exposición se erige como un testimonio de que el arte textil contemporáneo ha trascendido la antigua división entre artesanía y arte, así como entre tradición y vanguardia. En las manos de María Ortega Gálvez, la fibra se transforma en pensamiento, el hilo se convierte en argumento y el tejido se hace discurso. Y el museo, ese espacio que tradicionalmente resguarda el pasado, se metamorfosea en un lugar desde el cual imaginar futuros posibles.
María Ortega Gálvez. Fragmentos del ser y del entorno
Museo de Antropología Xalapa, México
Comisaria, Yosi Anaya, PhD
Hasta el 27 de octubre de 2026

