
LIMINALIA: el vacío como escenario
Por Alfredo Llopico
Hay espacios que solo existen mientras se usan. Una feria comercial es uno de ellos: durante unos días, un recinto industrial se convierte en una ciudad efímera, con sus calles de moqueta, sus fachadas de stand y sus habitantes de traje. Después se desmonta y desaparece. En Liminalia, Paco Poyato (Madrid, 1978) y Pablo Quilis (Ibi, 1995) parten, desde lugares distintos, de aquello que queda cuando algo deja de estar. Un vacío que, como plantea el texto de sala de Carlos Plaza Johnson, no equivale tanto a ausencia como a transformación.
Poyato dirige su cámara hacia Cevisama, la feria del sector cerámico que durante décadas convirtió Feria Valencia en uno de los grandes escenarios de una industria estrechamente vinculada a Castellón. No se limita a registrar lo que allí sucedía: observa un espacio concebido para representar. La moqueta delimita el escenario, el stand funciona como decorado, el producto ocupa el lugar del protagonista y el vendedor interpreta un papel que conoce de sobra.

El interés de estas fotografías aparece cuando esa construcción presenta pequeñas fisuras: una esfera blanca, sin marca ni función, cuelga entre paneles rojos como un producto que aún no ha decidido serlo; una visitante, fotografiada desde arriba, queda aislada sobre la moqueta azul, como si el suelo fuese ya un escenario. Son accidentes menores que dejan a la vista el dispositivo. Poyato no necesita denunciar la impostura de la feria. Le basta con mostrar cómo está construida, y entre ambas cosas hay una diferencia importante: lo falso se desmiente; lo construido se comprende.
Debo decir que conozco a Poyato y que hemos trabajado juntos. No cambia lo que las imágenes muestran, pero es justo que el lector lo sepa.
Hay además una lectura territorial que no es secundaria. Poyato, residente en Castellón, mira hacia una industria que ha construido buena parte de la identidad económica y visual de la provincia. El azulejo no es únicamente un producto: ha generado una manera de representar el territorio, de exhibir lo que se fabrica y de proyectarlo hacia fuera, y Cevisama era uno de los lugares donde esa representación se escenificaba. Por eso sus fotografías no documentan solo una feria, sino el sistema de representación que la feria producía: una relación entre industria, espectáculo y deseo de proyección.

Y el tiempo añade una capa más. Lo que mientras funcionaba resultaba familiar —la moqueta, los stands, las demostraciones, los códigos del intercambio comercial— adquiere otra densidad cuando se convierte en imagen. La fotografía conserva no solo lo que estuvo allí, sino la forma en que quiso ser visto.
En el trabajo de Pablo Quilis el vacío toma otra forma. El texto de sala parte de la fábula de la tortuga y la liebre para cuestionar una idea profundamente arraigada, que la constancia garantiza necesariamente la victoria, y describe su posición no como pesimismo, sino como un nihilismo activo: una resistencia ante unas reglas cuyo origen y finalidad no dependen de quien las cumple. En las pinturas, esa distancia se traduce en imágenes ya circuladas que se resisten a ocupar su sitio: un presentador de informativos con un gorro de orejas de conejo sobre los ojos, la carrocería de una moto adornada con corazones devocionales, el contorno técnico de una excavadora junto a una viga de acero y un recorte de cielo.

El diálogo entre ambos trabajos resulta más fértil precisamente porque no es literal. Poyato observa un mundo en el que cada elemento tiene asignado un papel y en el que la representación forma parte del funcionamiento del sistema. Quilis se sitúa en el momento posterior, cuando aparece la pregunta por el sentido del esfuerzo dentro de una estructura que otros han definido. Uno observa el decorado; el otro, el coste de atravesarlo.
En eso reside buena parte de la pertinencia de Liminalia. El vacío que atraviesa la exposición no es simplemente el espacio que queda cuando una actividad termina. Es también el lugar desde el que podemos mirar de otra manera aquello que, mientras funcionaba, resultaba demasiado familiar para ser observado. Cuando el escenario se distancia, sus mecanismos se hacen visibles.
Quizá por eso Liminalia sea un título preciso. Las fotografías de Poyato no levantan el telón para descubrir qué hay detrás. Hacen algo más sutil: nos recuerdan que el telón estaba ahí desde el principio.
LIMINALIA. Paco Poyato y Pablo Quilis. OHM Gallery, Madrid, hasta el 29 de octubre

