La pintura, la historia, el genius loci

Por Carlos Jiménez

Ikella Alonso es un pintor que apunta tanto al ojo como al cerebro. Su pintura satisface nuestra inevitable escopofilia, nos incita a desencadenar la imaginación y nos invita a interpretarla. Que es lo que hago aquí, elaborando una interpretación de su pintura como la de un pintor de pintores, la de un pintor que pinta ante todo para otros pintores, plenamente consciente de que la historia ha forjado un incalculable legado, del que hacen parte tanto un oficio y una dilatada sabiduría, como unos motivos o tropos sobre los cuales cabe volver una, otra y otra vez. Es un legado que solo puede librarse del olvido o el desahucio reinventándolo.

Las obras de esta exposición son una buena prueba de cuan estimulante y fecundo es pintar de nuevo la pintura. Convertir cada solución dada en un problema que exige soluciones inéditas. Es lo que ha hecho Ikella Alonso con todos estos cuadros. Cuadros pintados a partir de otros cuadros. Cuadros pintados por una nómina de pintores ciertamente admirable, que incluye a Fra Angélico, Giotto, Miguel Ángel, Geertein tot Sint Jans y a George Latour, entre otros igual de notables. Cuadros elegidos en función de un tema, mejor, del impacto emocional de una fotografía: la de una madre cargando el cadáver de su hijo en un campo de ruinas. La clase de imágenes que a todos nos conmueven y que a Alonso le ha traído a la memoria el recuerdo de tantas pinturas que han sublimado el dolor de cualquier madre por la muerte de su hijo, en la representación de la Virgen lamentando la muerte de Jesucristo. Todos los cuadros de Ikella Alonso de esta serie tienen como modelo a interpretar el cadáver de Cristo, con la excepción del inspirado por Latour. Su cadáver es el de San Sebastián.

Entre los cuadros que han servido de modelo a Ikella Alonso he puesto especial atención a Descendimiento, una obra de Pontormo que forma parte del conjunto que él pintó para la capilla de Caponi de la iglesia de Santa Felicitá de Florencia. Tanto por su extraordinaria calidad como porque es una de las obras maestras del manierismo. Creo que la interpretación que hizo Achille Bonito Oliva del manierismo en su libro L´ideologia del traditore. Arte, maniera e manierismo, contribuye a aclarar cómo y porqué pinta Alonso. En dicha obra Bonito Oliva reivindica al manierismo para reivindicar la pintura, en una coyuntura en la que se la daba por muerta. Defiende la pintura capaz de romper con el canon moderno y con el “darwinismo” característico de las vanguardias artísticas. Se opone a valorar la novedad por la novedad misma y a su inevitable corolario: cada nuevo movimiento de vanguardia es per se mejor que el movimiento anterior. Propuso, además, que la pintura volviera la mirada al pasado, revaluara su propia historia y recuperara la libertad de citar a los maestros del pasado y de inspirarse en ellos. Y demandó por último que la pintura restableciera el dialogo con el genius loci, con el carácter singular del lugar desde el que se pinta, roto por el universalismo sin cortapisas canonizado por la modernidad.

La relación con el genius loci es desde luego una de las claves de la pintura de Ikella Alonso. Para pintar los cuadros expuestos, él tomó un mapa aéreo de cada una de las regiones en las que nacieron los pintores de los cuadros que ha elegido, lo redujo a un esquema y con ese esquema ha organizado la distribución de las masas y los colores en la tela. Para él, el genius loci ni se omite ni se cita: se incorpora.

S Gallery Madrid

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