
José Ramón Amondarain, el Arte como corrector de la mente
Por Cesar Serna
Ya está aquí la rentrée, la vuelta en castellano, y en el potaje artístico que inunda los diferentes distritos de la capital, tenemos para todos los gustos, como los colores. En la denominada Milla de oro, no solo vive de moda, nos detenemos y adentramos en el singular mundo de José Ramón Amondarain (San Sebastián, 1964)para el estreno en la reconfortante galería Fernando Pradilla.
El vaco nos introduce y guía, como una expedición alpina, por su pensamiento creativo o la idea del mismo que explora. Una pintura multidisciplinar que transita del hiperrealismo al juego de la abstracción, en estado puro, donde las formas plásticas que sobresalen en la obra (presas de escalada, aluminio, madera… trabaja diferentes materiales, soportes) adquieren, a veces, más protagonismo que el lienzo en sí.
La pintura a su juicio “tiene memoria y atraviesa el tiempo y espacio actual. Tiene vida propia, como un ser material inteligente”. Un Blob (ser unicelular, un moho cinematográfico que se desarrolla y aprende a partir de experiencias). Detalles que parecen apreciarse casi desde la amplia reluciente cristalera exterior.

Sinsia, 2026
Su voluminoso y diáfano espacio en dos alturas nos cuenta la inquietante aventura que supone Más que vivir, título que bautiza la exhibición de grandes composiciones, algo “muy de Rubens”, también deseaba a lo grande, lo voluptuoso, carnosos, barroco. Una coreografía en la que el espectador “puede transitar desde varios puntos focales, porque no se puede representar el mundo en su totalidad, sino una parte, por tanto imprecisa”, gracias a la visión periférica que es con la que observamos los humanos las cosas que suceden a nuestro alrededor.
Un rocódromo humano, tal cual, a través de un lenguaje plástico, apolíneo, estético, ordenado a base de reglas, donde el fin es el medio para llegar al principio. Es decir, una deconstrucción del relato artístico. “Mi trabajo surge de una necesidad de proceso y un deseo del mismo”, afirma este licenciado en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco. “A veces aparecen cosas que nada tienen que ver, realmente, con la obra en sí”, pero forman parte de la maleta creativa que uno arrastra en el proceso vital, por ende, creativo. Como una concesión, un guiño a todo lo aprendido. Es el caso de su estancia en Roma, en La Academia de España después en Arteleku (Donostia, su ciudad). Completa con becas de reconocido prestigio Endesa y Botín. Las numerosas exposiciones individuales y colectivas desde 1988 en museos como el Patio Herreriano en Valladolid, Guggenheim Bilbao, de Arte Contemporáneo en Vitoria-Gasteiz, el Reina Sofía, el CAAM de Las Palmas de Gran Canaria o su residencia en Künstlerhaus Berthanien en Berlín. Todo suma. Ahora nos trae una pequeña gran pincelada de su capacidad creativa 2026 donde el cerebro juega un papel fundamental. Un todo al rojo, su gran apuesta en el color, sinónimo de advertencia, peligro, también pasión y flamante deseo en la ruleta cromática de la creatividad. Un fin dramático, realista, nada figurativo.

La capacidad de construir una imagen en la mente y trasladarla, en este caso con el pincel, a la postre las manos que activa el cerebro al mundo exterior. Gracias a nuestro sistema nervioso, “de gran potencial” cono evolución de la especie humana que da forma a este relato mental originario. Y es que nuestro cerebro, se adelanta y nos presupone, avisa de los posibles peligros que acechan al cuerpo. Un ejemplo “la posición, movimiento, acción en el espacio, de las manos sin necesidad de campo de visión”.
De ahí el símil de la escalada con el acto en sí de pintar. Amondarain sigue una especie de patrón de ruta, como un sherpa. “Ejecutar una acción, en suspenso (bullet time, cuando presente, pasado y futuro se funden al mismo tiempo), para avanzar movimiento con la siguiente decisión acertada a tener en cuenta”, porque puede conducirnos a un error fatal, al vacio más absoluto y en situación de riego a una muy probable… ¿caída libre? La sensación del denominado flujo temporal que genera el cerebro como mecanismo de autodefensa.
Se precisa y procesa información para avanzar en el desarrollo de cualquier acción u omisión, la vida misma. Anticipa resultados predictivos antes de la decisión a ejecutar de manera consciente.
Lo que supone y fija en nuestra mente puro aprendizaje, otra raya en la nuez. En este punto, el artista hace mención a todo lo que tiene que ver con cierto esoterismo: premoniciones, presentimientos, momentos álgidos de lucidez. Como un Señuelo (2026) que atrapa y fija a través del oleo.

Un pensamiento literario para un proceso en alto, 2026
La dinámica del deseo. La percepción expandida del instante. Primero nos invita a observar y después a razonar, a ver la vida como esa montaña de altibajos o retos que es. Un ocho mil de sensaciones en potencia, lleno de etapas por cubrir hasta alcanzar la cima con la única ayuda del cerebro, oxigeno que aporta las experiencias vividas cuya metáfora son esos salientes plásticos a modo de salvaguarda, agarraderas, hasta culminar el proceso vital y alcanzar la cima cuyo éxito desenlace ya se sabe cuál es.
Y ahí radica el verdadero sentido de la obra de José Ramón que no es otro que anticiparse a lo que pueda venir. La llamada técnica del escalador. “Permite definir las etapas antes de culminar el proceso, pero a la inversa”. Como andar hacia atrás. Deshacer el camino recorrido hasta el punto de salida, un deja vu el deseo creativo que lleva a ejecutarlo.
“La memoria no está en un centro, está en el trayecto que recorremos nos acompaña en cada momento para tomar la decisión más acertada”. La vida evoluciona por conexiones a pesar de que cada día tendemos más al aislamiento personal pese a estar constantemente conectados a los dispositivos, IA.
Tras el impacto visual. La segunda sala se complementa con una serie de esculturas únicas sobre peanas de metacrilato doblegadas en bronce, con alusiones italianas como recuerda pieza Toscana. También Tarte, Tente o Lorada. O las ocho en acrílico sobre papel de Un pensamiento literario para un proceso en alto. Fóvea y fobias, Pensar hoy, temer mañana. Reflejos de una completa capacidad artística. Apertura Madrid Gallery llega con numerosas y atractivas propuestas, ésta es una de ellas, donde el tiempo, ése que nuestro cerebro hace fluir, está muy bien invertido.
Más que vivir, José Ramón Amondarain. Galería Fernando Pradilla, calle Claudio Coello, 20 Madrid. Hasta 17 de octubre de 2026

