
Francesc Torres: arqueología del presente en la galería Seltz
Del 17 de septiembre al 27 de noviembre de 2026
Galería Seltz by Ritter Ferrer
Carrer de Balmes, 54, Eixample, 08007 Barcelona
Hay exposiciones que simplemente muestran obras, y luego están aquellas que actúan como un espejo de su tiempo. «El futur ja no és el que era», sin duda encaja en esta segunda categoría. El título no solo se refiere al futuro, sino también a la erosión de esa narrativa que durante décadas sustentó la modernidad: la idea de que cada generación viviría mejor que la anterior, que el conocimiento reemplazaría a la superstición y que la memoria evitaría que se repitieran los grandes desastres. Francesc Torres observa este credo con una mezcla de incredulidad y melancolía, como quien contempla las ruinas de una arquitectura diseñada para perdurar eternamente. Pero, como él mismo sugiere, las ruinas no son el final de la historia; son el escenario donde esta sigue desarrollándose.
La obra de Torres siempre ha habitado ese espacio. Durante más de cinco décadas, su práctica ha desafiado cualquier interpretación lineal del tiempo, proponiendo en su lugar una arqueología del presente. Sus obras no se centran en el pasado porque este haya terminado, sino precisamente porque sigue vivo: la historia nunca desaparece, solo cambia de forma, infiltrándose en los discursos políticos, en las imágenes, en los monumentos y en nuestras propias vidas. Por eso, para Torres, la memoria no es nostalgia, sino una forma de sospecha. Recordar no implica conservar, sino examinar críticamente lo que seguimos aceptando como natural.
La exposición presenta un entramado de relaciones donde las experiencias individuales y colectivas se entrelazan, dejando de ser categorías separadas. Hopper establece un diálogo con los copistas chinos de Dafen; un avión de la Legión Cóndor sobrevuela las incertidumbres del presente; la máscara mortuoria de Toro Sentado desafía al capitalismo actual. Aquí, nada está aislado porque, al final, nada existe en soledad. Entre las obras más destacadas, «Viatjant amb la família» se erige como una síntesis de una vida entera dedicada a reflexionar sobre el mundo a través del arte. El propio Torres ha señalado que es una pieza «que solo podía hacerse ahora», y esa afirmación es crucial: en ella se entrelazan la memoria familiar, la Guerra Civil, la dictadura, la cultura material de la posguerra y la construcción del artista como un sujeto político, convirtiéndose en un método para cuestionar la historia.
Por otro lado, «Don’t make art unless it is absolutely necessary!» encapsula una de las cuestiones más importantes de su carrera: la legitimidad de la práctica artística. Esta declaración, formulada con la firmeza de un imperativo moral, va más allá de la provocación y desafía la sobreabundancia visual de nuestro tiempo, devolviendo al arte la seriedad de aquello que solo se justifica cuando surge de una necesidad genuina de conocimiento.
Después de más de treinta y cinco años sin exponer en una galería de Barcelona, Torres regresa a la ciudad donde comenzó su andadura, y lo hace tras recibir el Premio Velázquez. Pero en lugar de ofrecer una lectura festiva, el artista vuelve para subrayar que el arte no está destinado a confirmar nuestras creencias, sino a ponerlas en jaque. Porque el futuro, en efecto, ya no es lo que solía ser. Quizás nunca lo fue. Pero sigue dependiendo de nuestra habilidad para entender las capas del pasado que aún lo sustentan.

