
Miguel Ángel Campano in his studio, Paris, 1987 | © Javier Campano.
Miguel Ángel Campano. Pinturas y trabajos sobre papel
Del 10 de septiembre al 7 de noviembre de 2026
Galería Maisterra
C. del Hospital, 8, 28012 Madrid
«No me interesa lo que llaman estilo. Hay pintores que pasan la vida buscando un estilo. A menudo, lo que más cuenta en un artista es la actitud.» Esta afirmación de Miguel Ángel Campano, hecha en 2013, no es solo una opinión sobre el arte, sino una clave para entender su trayectoria, que desafió las normas del arte contemporáneo.
Campano (Madrid, 1948-2018) se destacó como uno de los pintores más difíciles de clasificar y más complejos de su generación. A lo largo de cinco décadas, su obra exploró caminos radicalmente diferentes: desde las investigaciones geométricas de los años setenta hasta una síntesis final donde la pintura alcanza una plenitud formal, pasando por la intertextualidad literaria de las Vocales, el riguroso diálogo con los maestros franceses, la catarsis de las series negras y los viajes a India que transformaron su relación con el color y la materia.
Mientras que gran parte de la pintura moderna consolidaba su autoridad a través de un lenguaje reconocible, Campano hizo de la transformación su principio de coherencia. Cada vez que una investigación parecía llegar a su punto culminante, también encontraba su límite, y la respuesta siempre era dejarla atrás para empezar de nuevo, asumiendo el riesgo de abandonar un lenguaje ya dominado, como si la pintura solo pudiera mantenerse viva evitando cualquier forma de repetición.
Lo que realmente conecta estos territorios tan diversos es una convicción profunda que se sostiene hasta el final: la pintura es un acto de pensamiento, y el lienzo se convierte en un espacio donde se pueden explorar todas las posibilidades visuales. Al habitar la multiplicidad de lo que la pintura ha sido y lo que podría llegar a ser, Campano logró que cada investigación abriera nuevas direcciones. Esa libertad radical se transformó en el rasgo más distintivo de su obra, una voz que mantenía su fuerza, coherencia y singularidad a pesar de la continua variación. Campano no buscó un estilo porque comprendió que, cuando el estilo se convierte en una identidad fija, también se convierte en una forma de prisión. Su trabajo nos recuerda que el verdadero compromiso con el arte no radica en encontrar una fórmula, sino en mantener viva la capacidad de asombro y la disposición a comenzar de nuevo, una y otra vez, frente al lienzo en blanco.

