
SINGULAR. ALEJANDRO QUINCOCES
Por Francisco Bautista Toledo
Alejandro Quincoces es uno de los grandes pintores de la actualidad nacional, cuyo trabajo se expone más allá de nuestras fronteras. Labora incansable, reinterpretando continuamente el objeto central de su obra, sean mares brumosos agitados, o
grandes urbes sumidas en el bullicio del olvido.
No se contenta con el último hallazgo estético en su producción plástica, sino que insiste en la reflexión continua del lenguaje cromático, los signos que los colores ocultan, aquellos que inducen emociones visuales, necesarias para comprender el sentido de la realidad que acoge su escenas. Sean las sujetas al furor impetuoso de la naturaleza, o las pesadas capas que abruman el cielo de las ciudades, espesor gris que delata el tipo de vida de sus habitantes, seres efímeros e invisibles, pues sólo está el gran monstruo que los absorbe, y contiene, en un murmullo intenso, que en su rumor disuelve todo detalle en la escena. Este es el efecto conseguido por el pintor, expuesto cada vez desde una declinación diferente, ahondando en el relato exacto que quiere trasmitir. Mas no es pesimista, el sol a veces rompe la muralla brumosa para reclamar un espacio de claridades, juego visual extraordinario, pues abre la gris monotonía para desligar sus tonalidades en la totalidad de sus gamas.

Esplendor en la existencia brumosa, juego visual, tensión introducida por el artista, lo cual genera un dinamismo interno que comunica pulso propio a la composición. Ese es el sentido que infiere gracia creativa a la obra de Alejandro Quincoces, pintor de
poderosa expresión plástica.
Hasta el 30 de agosto de 2026.
Monasterio de Santa María de Rioseco (Valle de Manzanedo, Burgos),

