
Elena Jiménez: la gráfica como pensamiento
Por Jesús Cámara
«Pensar es descifrar lo que se siente.»
María Zambrano
«El Premio Nacional de Arte Gráfico 2025 ha sido otorgado a la artista Elena Jiménez Moreno (Alicante, 1965) en reconocimiento a la práctica coherente y continuada durante más de cuatro décadas de los recursos, sistemas y procesos de generación y producción de imágenes múltiples. Elena Jiménez ha reflexionado sobre las formas tradicionales y alternativas de expresión en el campo del arte gráfico incorporando nuevos medios para redefinir los límites y ampliar las posibilidades comunicativas y críticas de la estampa».
La formulación del jurado resume con precisión las razones que han llevado a conceder a Elena Jiménez el Premio Nacional de Arte Gráfico 2025. Además, la exposición organizada por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando permite comprender que la relevancia de su trabajo va más allá de la renovación de los procedimientos gráficos. Lo que esta muestra revela es una trayectoria artística sostenida durante más de cuatro décadas en torno a una serie de preguntas que atraviesan toda su producción: cómo se construyen las imágenes, de qué modo se configura la identidad, qué relación existe entre cuerpo y representación y cómo el arte puede convertirse en una forma de conocimiento.

Elena Jiménez. Gulliver
La exposición reúne una selección de obras realizadas durante los últimos veinticinco años y propone un recorrido que pone en diálogo trabajos pertenecientes a distintas etapas de su carrera. Lejos de presentar una retrospectiva convencional, la muestra permite observar la continuidad de determinadas preocupaciones que reaparecen transformadas en proyectos sucesivos. Series como Gulliver, La sombra desobediente, Patchwork o Qué puede un cuerpo evidencian una forma de trabajar basada en la investigación prolongada, donde las imágenes migran de un soporte a otro y cada proyecto parece surgir de las preguntas planteadas por el anterior.
Uno de los principales aciertos de la exposición consiste precisamente en mostrar que la experimentación técnica nunca constituye un fin en sí mismo. Aunque Elena Jiménez ha explorado con extraordinaria libertad procedimientos vinculados al grabado, la serigrafía, la fotografía, la impresión digital, la cerámica o la instalación, estas herramientas aparecen siempre al servicio de una reflexión más amplia sobre la experiencia contemporánea. Como señala Isabel Tejeda en el catálogo, la artista ha desarrollado una práctica en la que las técnicas de estampación se entrelazan con otros lenguajes hasta hacer imposible establecer fronteras rígidas entre disciplinas. Esta apertura responde menos a una voluntad de innovación formal que a la necesidad de encontrar los medios adecuados para abordar cuestiones relacionadas con la memoria, la percepción o la construcción de la subjetividad.

Elena Jiménez. La sombra desobediente
La propia evolución de las series presentes en la exposición confirma esta orientación. En Gulliver, por ejemplo, la referencia literaria sirve para explorar las relaciones entre escala, mirada y representación. En La sombra desobediente la imagen en ocasiones aparece fragmentada, desplazada o casi tapada, como si la artista tratara de poner en cuestión la certeza de aquello que creemos reconocer. Más adelante, proyectos como Patchwork introducen la idea de ensamblaje y construcción a partir de fragmentos, sugiriendo que tanto la identidad individual como la memoria colectiva se configuran mediante procesos de acumulación, superposición y recomposición permanente.
Esta atención a los mecanismos mediante los cuales se construyen las imágenes constituye uno de los aspectos más interesantes de la obra de Elena Jiménez. Sus trabajos no ofrecen representaciones cerradas ni significados unívocos. Por el contrario, invitan al espectador a participar activamente en la elaboración del sentido. Fragmentos, huellas, repeticiones, transparencias o desplazamientos visuales aparecen de manera recurrente como estrategias destinadas a cuestionar los hábitos de percepción y a poner de manifiesto el carácter necesariamente incompleto de toda representación.
En este contexto adquiere especial relevancia la lectura propuesta por Javier Blas, comisario de la exposición junto a la propia artista. En su ensayo para el catálogo sitúa la trayectoria de Elena Jiménez en el marco de las profundas transformaciones experimentadas por el arte gráfico contemporáneo, caracterizadas por la progresiva desaparición de límites que durante mucho tiempo parecieron definir la estampa. Conceptos como matriz, reproducción, originalidad o serialidad dejan de entenderse como categorías estables para convertirse en elementos abiertos a la revisión crítica. La aportación de Elena Jiménez radica precisamente en haber explorado esas zonas de transición donde la imagen múltiple dialoga con el objeto, el espacio y la experiencia del espectador.

Elena Jiménez. Qué puede un cuerpo
Sin embargo, reducir su trabajo a una ampliación de los límites de la gráfica sería insuficiente. Lo verdaderamente significativo es que esta transformación formal se encuentra vinculada a una reflexión constante sobre la representación y la identidad. Blas observa que sus proyectos se desarrollan en un territorio fronterizo entre distintos dispositivos visuales desde el que se replantean los mecanismos de producción de significado. Esta observación resulta particularmente pertinente ante obras como Qué puede un cuerpo, una de las series más relevantes de la exposición, donde la atención se desplaza hacia la vulnerabilidad, la resistencia y las posibilidades de acción inscritas en la experiencia corporal.
A medida que se avanza en el recorrido expositivo, se hace evidente que la gráfica constituye para Elena Jiménez mucho más que una especialidad técnica. Es un instrumento de pensamiento. La artista utiliza los recursos propios de la imagen múltiple para interrogar las formas mediante las cuales construimos nuestra relación con el mundo. La repetición deja de ser únicamente un procedimiento de reproducción; la huella se convierte en un registro de la experiencia; el fragmento funciona como metáfora de una identidad siempre incompleta; y la instalación transforma el espacio expositivo en un ámbito de participación y reflexión.

La edición de Las manos que piensan, realizada para la ocasión en los talleres de la Calcografía Nacional, resume de manera especialmente afortunada esta concepción de la práctica artística. El título alude a una idea que atraviesa toda la trayectoria de Elena Jiménez: la convicción de que conocimiento y acción forman parte de un mismo proceso. Pensar es hacer, y hacer es también una forma de pensar.
Elena Jiménez. Las manos que piensan
La exposición de la Real Academia demuestra que Elena Jiménez ocupa un lugar esencial en el arte contemporáneo español. Su aportación no consiste únicamente en haber ampliado las posibilidades de la estampa, sino en haber utilizado la gráfica como una herramienta para explorar cuestiones fundamentales relacionadas con la imagen, la memoria, el cuerpo y la identidad. El Premio Nacional de Arte Gráfico 2025 reconoce una trayectoria ejemplar, pero también la vigencia de una obra que continúa interrogando críticamente nuestra cultura visual y ampliando los espacios de reflexión abiertos por el arte contemporáneo.
Elena Jiménez. Premio Nacional de Arte Gráfico 2025.
Calcografía Nacional. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Alcalá,13.
Comisario, Javier Blas.

