
Laura Llaneli. Curvatura
Del 13 de junio al 22 de agosto de 2016
Galería ADN
Carrer de Mallorca, 205. Barcelona
CURVATURA, la exposición de Laura Llaneli, nos invita a tomar un desvío. Se trata de un giro sutil que aleja nuestra mirada del centro y la dirige hacia los bordes, los ecos y los vestigios. La artista ha dedicado más de diez años a explorar el sonido como un objeto de estudio en el umbral, situándose justo en el momento previo a que algo suene o en ese silencio posterior donde la vibración aún persiste. En un mundo saturado de estímulos, Llaneli afina su oído hacia lo infraordinario: el susurro, la fricción mínima, la frecuencia que suele pasar desapercibida.
La muestra reúne obras de diferentes momentos que comparten una misma inquietud: ¿cómo hacer audible lo que fue diseñado para ser ignorado? La tensión surge entre el deseo de estandarizar el sonido y la existencia de algo que siempre queda en el aire. El audio se transforma en huella, en memoria comprimida, en un secreto que se manifiesta como resonancia física y emocional.
En Contact Car (2026), la memoria sonora de un antiguo garaje revive los suaves ruidos de un automóvil que ya no funciona. No hay motor ni velocidad, solo fricciones y traqueteos sutiles. La referencia al ASMR elimina la voz susurrante y deja solo la cercanía física del objeto que sigue resonando. Tapping studies I (2026) extiende ese gesto: las manos fotografiadas quedan suspendidas, fragmentadas, mientras los pequeños golpes activan el movimiento en la memoria del espectador.
El contrapunto llega con Secretos (2025): micro SD que guardan confesiones susurradas durante acciones pasadas, pero que nunca serán escuchadas. La voz existe sin un horizonte de escucha, convertida en una intimidad comprimida y muda. Si en el coche persiste el ruido sin voz, aquí la voz queda sellada para siempre.
Muted Crash (2025) y la serie Ruido (2022) desplazan el elemento acústico hacia la imaginación. Los platos suspenden la expectativa del golpe; las fotografías evocan recuerdos auditivos que emergen desde quien observa. La escucha se vuelve subjetiva, construida por la memoria colectiva.
Finalmente, To hear the sea in a seashell (2026) hace literal la idea de curvatura. La caracola filtra el ambiente y la artista traduce sus frecuencias a acordes musicales, creando una tensión entre la deriva libre del sonido y el intento de ordenarlo dentro de convenciones afinadas.
CURVATURA no sugiere escuchar las obras, sino lo que las rodea: el ruido silenciado, el eco distante de fondo. Llaneli nos invita a habitar la desviación, a prestar oído a lo que apenas vibra. En un presente ya saturado de ruido, su gesto más radical es enseñarnos a escuchar lo que aún permanece en el silencio.

