
Eduardo Balanza. Deconstructing harmony
Eduardo Balanza. ARTEFACTOS SONOROS
Hasta el 4 de octubre
DA2
Avenida de la Aldehuela s/n. 37003 Salamanca
Comisario: Sema D’Acosta
La exposición «Artefactos sonoros» de Eduardo Balanza en el DA2 de Salamanca no es una muestra cualquiera. Es una invitación a pausar y reflexionar sobre la profunda transformación que ha vivido la música al pasar del siglo XX al XXI. La propuesta del artista murciano se presenta como una especie de arqueología sentimental de los objetos analógicos que, durante años, fueron mucho más que simples soportes: se convirtieron en constructores de identidad, altares en nuestros hogares y compañeros de vida. Balanza parte de una verdad innegable: la tecnología democratizó la música en la segunda mitad del siglo XX. El vinilo, el casete y el radiocasete hicieron posible personalizar la experiencia de escucha y crear un espacio propio e independiente. Sin embargo, la revolución digital, con su promesa de acceso ilimitado y constante, ha desmaterializado el sonido. Hoy en día, la música flota en la nube, se adapta a algoritmos que la homogenizan y se consume de manera efímera. Hemos pasado de tener un disco en nuestras manos a listas de reproducción intangibles, y lo hemos hecho sin apenas tiempo para procesar el cambio. Frente a esta «mutación de paradigma», la obra de Balanza actúa como un contrapeso melancólico pero claro. Sus esculturas y bodegones recuperan objetos familiares que podríamos encontrar en cualquier hogar español de hace unas décadas: carátulas, cintas, radiocasetes. Al mostrarlos despojados de su función original, el artista los convierte en «tótems de la evocación», monumentos a un pasado cercano donde la música aún tenía una presencia tangible. No se trata, advierte, de un ejercicio de nostalgia vacía, sino de un diagnóstico del presente a través de esas ruinas analógicas.
La exposición alcanza su punto más interesante con piezas como el B71 (2017-2026), un órgano electroacústico que se inspira en los barrocos y, al conectarse a satélites meteorológicos, traduce las variaciones del clima en patrones sonoros. También está la instalación Deconstructing harmony, donde el ruido se transforma en la unidad básica de una nueva partitura. Estas piezas demuestran que Balanza no es solo un arqueólogo: es un inventor que difumina la línea entre lo artesanal y lo tecnológico, así como entre el instrumento convencional y el dispositivo experimental.
En un mundo que valora la velocidad, la inmediatez y la falta de compromiso con la escucha, «Artefactos sonoros» reivindica la lentitud, el roce de la cinta magnética y la magia de lo tangible. La gran pregunta que flota sobre la muestra es inquietante: ¿qué sucede cuando la música se separa de sus soportes físicos y se vuelve inasible? Balanza no nos da respuestas definitivas, pero nos ofrece un espacio para sentir, tocar y recordar que, antes de ser datos, las canciones fueron objetos de amor.

