
Patricia Gómez y María Jesús González
Del 12 de junio al 11 de octubre 2026
Museo Helga de Alvear
Calle Pizarro 10 – 10003 Cáceres
Comisaria, María Jesús Ávila
Patricia Gómez y María Jesús González llevan más de dos décadas dedicando su trabajo a un acto sutil pero poderoso: escuchar los susurros de los lugares abandonados. Su exploración se basa en la convicción de que los espacios guardan las huellas invisibles de la historia, la política y las emociones, y se desarrolla a través de un proceso que fusiona la arqueología con la poesía. Desde 2017, han centrado su atención en el Hospital Psiquiátrico Padre Jofré de Bétera (Valencia), un lugar marcado por el abandono, la exclusión y el silencio. La exposición que se muestra actualmente en el Museo Helga de Alvear reúne, por primera vez, todas las obras nacidas de este diálogo, junto con una colección de fotografías y vídeos de nueva creación.
El resultado es un archivo sensible de experiencias humanas. A través de intervenciones murales, grabados, objetos y registros audiovisuales, los artistas sacan a la luz lo marginal y lo invisible, transformando la memoria en gestos poéticos que tienden un puente entre el pasado y el presente. No se trata solo de documentar; se trata de devolver la dignidad a lo que ha sido olvidado y hacer tangible el peso de lo que una vez fue.
Sin embargo, esta exposición, comisariada por María Jesús Ávila, subdirectora artística del museo, no se detiene en Valencia. Fiel a la misión centrada en la comunidad que sustenta la programación del Museo Helga de Alvear, el proyecto cobrará nueva vida en Cáceres. Gómez y González han diseñado una intervención específica para la antigua cárcel de la ciudad, donde llevarán a cabo sus singulares intervenciones murales —conocidas como strappo— como actos de rescate. El material de las paredes se convierte así en un registro arqueológico, un vestigio tangible de las vidas que un día habitaron el espacio y de los contextos sociales que las moldearon.
La creación artística, la memoria, el territorio y la comunidad se entrelazan en esta exposición, que también tendrá un segundo capítulo en el TEA Tenerife en 2027. Es una invitación a ver las paredes no como barreras, sino como superficies donde se pueden contar historias.

