
ÀNGEL JOVÉ. EL ARTE CONCEPTUAL EN SU MÁXIMA DIMENSIÓN
Por Ramon Casalé Soler
“Eso de que la naturaleza imita el arte es una estupidez; en todo caso es al revés, porque estamos inmersos en ella”
Àngel Jové. 1989
“La obra de Jové, a pesar del prestigio que tiene en el mundo del arte, es aun fuertemente incomprendido, excepto para aquellos pocos que entienden el arte como una forma de conocimiento”
Carles Hac Mor
Se acaba de inaugurar en el Museo Tàpies (a mediados del 2024 se cambió el nombre de la Fundación Tàpies por el de Museo Tàpies, aprovechando el centenario del nacimiento del artista catalán) una retrospectiva del artista conceptual Àngel Jové (Lleida, 1940 – Girona, 2023). El título de la muestra es Àngel Jové. De intactu, cuya comisaria es Maria Josep Balsach, directora emérita de la Cátedra de Arte y Cultura Contemporánea de la Universidad de Girona. De intactu es la frase que el artista tenía puesta en una pared de su habitación.
Es la primera vez que se le realiza una exposición de estas características, a pesar de ser uno de los artistas conceptuales catalanes y por ende españoles más importante. Una tendencia que surgió hacia finales de los 60, heredera del dadaísmo, en que la idea predomina respecto al objeto en sí. De hecho, fue coautor de la primera obra de videoart que se filmó en España, titulada Primera mort (1969-1970), junto con Antoni Llena, Sílvia Gubern y Jordi Galí. Asimismo, fue el introductor del arte povera en nuestro país. En 1969 intervino en una performance con el Grup del Maduixer en el que también participaban Llena, Gubern, Galí y Zush.

La exposición recoge un gran número de obras de diferentes dimensiones que abarcan todo su periodo creativo, o sea desde los años 60 hasta poco antes de su muerte. En total se exhiben 1.400 obras entre pinturas, dibujos, fotografías, esculturas, instalaciones y material de archivo, además de otras disciplinas que igualmente le interesaron como el cine, donde fue actor, ya que intervino en varias películas de Bigas Luna y Jesús Garay, y el diseño, sobre todo creando portadas de libros para diversas editoriales, entre ellas Anagrama, Tusquets y Lumen. Como complemento a la exposición se celebran varias actividades relacionadas con el artista como, por ejemplo, un ciclo cinematográfico, mesas de debate, encuentros poéticos y acciones educativas. Como diseñador se le recuerda por su aportación en el diseño de la Sala Zeleste de Barcelona y de diversas lámparas de alabastro creadas especialmente para la sala. Asimismo, es el autor de los vitrales del Saló Victor Siurana de la Universidad de Lleida y de la Capella de Jesús de la Seu Vella de Lleida, en la que se mostró respetuoso al haber sido “un día un lugar sagrado”.
La primera vez que tuve la oportunidad de conocer directamente su trabajo fue en 1986 con motivo de una exposición en la desparecida Sala Vinçon de Barcelona, espacio donde habitualmente exhibía sus obras. De esa exposición el crítico, profesor y poeta Antoni Mari, fallecido a finales del mes pasado comentaba en La Vanguardia que el artista “está entre las cosas como éstas están entre ellas mismas. Ensimismadas, independientes de nosotros y de nuestra mirada, indiferentes y sin trascendencia”.
Àngel Jové realizó estudios de arquitectura. En 1964 formó parte del grupo Cogul interesándose por el informalismo, junto con Victor Pérez, Albert Coma, Ernest Ibañez y Jaume Minguell, posteriormente por el pop-art y el arte povera. En 1991 el Centre d’Art Santa Mònica de la capital catalana le dedicó una pequeña retrospectiva de la que Marie Claire Uberquoi, en el Diari de Barcelona, señalaba que sus obras “no ofrecen una interpretación de la realidad ni dejan ningún impacto visual o conceptual. Aquí puede radicar la singularidad y la justificación de su trabajo, huérfano de cualquier emoción”. Ese mismo año se le concedió el Premi Ciutat de Barcelona de les Arts Plàstiques. Un ejemplo de afrontar el arte desde la controversia fue la confección del cartel de la Festa Major de Lleida, ya que produjo una cierta polémica.

Respecto a la exposición del Museo Tàpies la comisaria la ha dividido en dos grandes apartados: en la sala principal figuran una serie de pinturas, dibujos y fotografías que configuran su mundo más singular, en que el pasado, el presente y el futuro dialogan entre ellos, y en la planta -2 se encuentra lo que se entiende como archivo. Según María Josep Balsach, la exposición “se articula desde un centro que late, cartografiando de manera lineal pero anacrónica las obras de Jové como constelaciones interrelacionadas”. Se trata de un espacio “interdisciplinar que habla del gesto mínimo de la fragilidad del ser y de los sistemas que oprimen la existencia humana”. Como vemos todos estos conceptos siguen estando presentes en un mundo lleno de contrariedades y problemáticas que afectan a todos. Por ello la obra de Jové la podemos considerar como atemporal.
Las piezas que reciben al espectador son la serie 22 dibujos y melancolía, donde se observa un conjunto de imágenes que relatan una serie de vivencias surgidas de la Guerra Civil y del exilio. Un exilio traumatizante para muchísima gente. Por ello, la comisaria entiende que el propósito de la exposición es el poder “de la imagen entendida como un operador crítico, como una forma de pensamiento, con su poder histórico, estético, político y documental”.
Hay tres piezas de diferentes épocas que al juntarlas responden perfectamente a la idea primigenia del artista como es la serie Me gustaría salir de casa (2016), en que la protagonista es una silla de madera policromada sin asiento, y en la pared hay colgados dos cuadros que evocan el informalismo de Tàpies y Millares, de 1968 y 1964 respectivamente. De la misma serie hay una cincuentena de telas cuadradas todas ellas de color negro, colocadas a modo de enormes murales que ocupan el centro de la sala principal y que también sirven como compartimiento. En todas ellas la iconografía que está presente hace referencia a lugares de su niñez donde vivió la posguerra, sobre todo porque fue una de las zonas más golpeadas por la Guerra Civil, así mismo aparecen rostros y paisajes. De hecho, estas imágenes son muy llamativas, tanto por su monocromismo, como por representar la realidad de aquellos momentos vividos.

Otra serie de gran impacto visual son las pinturas sobre tela con bordados morados de la serie Las Bestias. El tema animal suele aparecer con frecuencia en sus composiciones, que recuerdan de algún modo el uso que hacía de los animales Joseph Beuys, como fue la acción en la que explicaba a una liebre lo que era el arte moderno. Precisamente el filósofo y profesor universitario José Luís Corazón señala que “la presencia de animales en su obra es elocuente: camellos, conejos, ciervos, gallinas, liebres, palomas y perros. Son las ovejas que encontramos en Metafísica, como recuerdo de un país gregario, en torno a un monumento en medio del campo”. Respecto a la serie Experiencia del Japón consta de 150 acrílicos sobre tela donde existe una “inmersión en un paisaje interior que tiene unos atributos de vacío y de sombra cercanos a la estética del budismo zen “.
Un tema recurrente en su trabajo es la Metafísica, tal como ocurre en un conjunto de cartulinas de oro y plata de mediados de la década de los 70, en que la simbología del oro como elemento lumínico o incluso como transformación alquímica, genera que exista un contraste con la fragilidad y la aflicción. Hay un apartado dedicado a lo vulnerable, el grito, el aceite para los pobres, versus limbus y corporales. Son dibujos realizados con ceras, óleos y tintas de épocas muy diferentes, creadas en el periodo 1980- 2008. Están reunidas temáticamente y por “estados de ánimo, que son el leitmotiv de casi toda su obra”. En el centro se exhiben las obras denominadas “corporales” que constan de piedras y manojos de caras a partir de plásticos y materiales reciclados procedentes de la serie 21 objetos metafísicos y melancolía (2002).
En la serie Metafísica (1976 y 1980) emplea la emulsión de barniz y terciopelo adhesivo sobre papel fotográfico, evocando recuerdos del pasado, con personajes diversos y paisajes, como también ocurre en la fotografía emulsionada sobre tela 1952 (1976). En cuanto Cuaderno italiano (1976-1981) está constituido por 49 láminas con imágenes emulsionadas, recortes de prensa o de revistas comerciales, en las que Jové incluye el dibujo y la escritura, bien a máquina o a mano, “como si se tratara de una correspondencia plástica con su percepción del mundo; en ocasiones irrumpe un rayo de revelación en un espacio histórico: “Qui splende il sole…””.

En cuanto a la planta inferior se exhibe la serie Otra vez muerdo un pedazo de pan. Cristòfol –Pavese (1998-2008, 2005-2007) a través de unos 300 dibujos a modo de un gran friso que ocupa toda una pared. La mayor parte de ellos no se habían expuesto anteriormente. Varios de los dibujos son fragmentos biográficos como, por ejemplo, el campo de concentración de Argelers al sur de Francia y el exilio voluntario en Lleida y Os de Balaguer del escultor surrealista Leandre Cristòfol, y el destierro de Pavese por razones de índole política en Brancalone, un pequeño pueblo calabrés. Además, hay un conjunto de esculturas, harapos y símbolos religiosos sobre lápidas funerarias. También se expone la serie de pinturas acrílicas sobre papel Über alles (2019-2020) donde se observan paisajes en los que se aprecia el crepúsculo. Un crepúsculo oscuro en que se “vislumbra una luz incipiente, originaria”.
Hay dos pinturas marcadamente informalistas de 1992 realizadas en esmalte y pintura acrílica sobre tela que forman parte de la serie dedicada al poeta simbolista catalán Màrius Torres, uno de sus poetas preferidos, además de Paul Celan y T. Elliot, y escritores como J.V. Foix, Cesare Pavese y Samuel Beckett, entre otros.
En resumen, esta retrospectiva significa un hito muy importante para la recuperación, por decirlo de algún modo, de uno de los más importantes artistas contemporáneos catalanes que se ha mostrado siempre coherente en sus propuestas conceptuales. La directora del museo, Imma Prieto, destaca que la muestra “es de alguna manera, un deber histórico (…) Hay generaciones que lo conocían, pero también largos silencios que ahora recuperamos”. Posiblemente la circunstancia de no aparecer a menudo en el circuito comercial, sobre todo en sus últimos años creativos, no ha contribuido precisamente a que hubiera un interés por su obra, aunque nunca dejó de trabajar. Balsach señala que su obra estaba muy relacionada con el trauma, ya que “vivió el corazón de la tragedia del siglo XX, entre la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, y este dolor vinculado a la humanidad está presente en todas sus piezas”.
Àngel Jové. De intactu
Museu Tápies, Barcelona
Hasta el 27 de septiembre de 2026
Comisaria, Maria Josep Balsach

