Nuria Vila. Ciclo. Ecosistemas

El festival donde participo se llama Ecosistemas que se celebró en CCC Cárcel Vieja de Murcia. El túnel es una colaboración con Mutantes para acceder a mi sala, titulada Ciclo, y su objetivo es reflexionar sobre el plástico. Ciclo es una exposición que reflexiona sobre el tiempo, y la he construido a partir de años de investigación creando tintas con residuos orgánicos. Pinto con los desechos que me sobran de las comidas, con el malbaratamiento alimentario. En España tiramos una cantidad enorme de comida en nuestros hogares, y apenas somos conscientes de ello. Yo convierto esos restos en tinta.

Ciclo es una exposición que invita a reflexionar sobre el tiempo y la transformación. A través de las obras, exploramos los ecosistemas como metáfora de la vida misma: elementos interconectados que dependen unos de otros para existir, fluyendo en constante cambio. Como decía Heráclito, “todo fluye, todo cambia y nada permanece” —porque el tiempo lo transforma todo.

Ciclo es una celebración de ese movimiento inevitable: nacer, crecer, morir y volver a empezar.

He creado doce colores, que representan doce momentos, doce ciclos. Además, hay una pared entera hecha con un collage de mientras comes chips de col lombarda. Los 271 collage que se ven están elaborados con restos de col lombarda, utilizando diferentes técnicas. Algunos se transforman antes que otros, y eso es precisamente la reflexión sobre el tiempo: todo está interconectado porque compartimos momentos. Somos quienes somos por lo que hemos vivido y por las personas que nos han dejado huella. Los cuadros se transforman igual que nosotros, porque el tiempo cambia nuestra piel y nuestra alma.

Cuando atraviesas este túnel, sientes que estás dentro de algo vivo, algo que respira con los mismos residuos que generas cada día en tu cocina. No es un simple pasillo decorado. Es una declaración: el plástico nos hizo creer que las cosas pueden durar para siempre, pero no es cierto. Lo que verdaderamente perdura es el ciclo, la materia que regresa, la piel que se renueva. Cada tinta que ves en las paredes fue un desperdicio antes de convertirse en color. Cada mancha de lombarda que se oxida y cambia de tono con la humedad del aire te recuerda que el tiempo no es lineal, sino una espiral donde todo vuelve.

Llevo años investigando así: cocinando cáscara y hueso aguacate, cerezas pasadas, olivas en mal estado. No hay nada más íntimo que pintar con lo que otros desechan. Por eso Ciclo es también un autorretrato. Cada uno de esos doce colores corresponde a un momento de mi vida, a un ciclo que se cerró o que aún sigue abierto. El rojo de la remolacha es el día que entendí que perder también es ganar. El azul de los restos de col lombarda es esa noche que pasé en vela pintando mientras afuera llovía.

Y el collage de los chips… ese es el más divertido y el más triste a la vez. Porque mientras tú comes algo crujiente y efímero, yo recojo lo que sobra y lo transformo en imagen. Los 271 fragmentos no son iguales, nunca lo serán, porque el tiempo actúa sobre ellos de forma distinta: Hay algunos tonos de color  que acaban cambiando, de un lila la acaba pasando a un azul y puedo conseguir con las diferentes técnicas diferentes tonalidades entre lilas, azules turquesas y luego dependiendo de la técnica acaban desapareciendo y otras perduran en el tiempo, otros resisten, otros se vuelven casi transparentes. Como las personas.

Al final, lo que quiero decir es que estamos hechos de momentos que se superponen. Compartir una comida, un túnel, un festival llamado Ecosistemas ya es una forma de transformarse juntos. Mi sala no es un museo donde las obras permanecen quietas. Mi sala es un ser vivo que cambia mientras la miras, igual que tú cambias mientras la miras. Porque el tiempo, ese gran malbaratador, en realidad no tira nada: lo recicla todo. Y yo solo soy la aprendiz que ha aprendido a pintar con sus sobras.

CHIPS CRUJIENTES DE COL LOMBARDA

INGREDIENTES

– 200 g col lombarda

–  2 cucharadas de aceite de olivavirgen extra (AOVE)

– sal

1 Empezamos partiendo la col lombarda por la mitad. Separamos unas cuantas hojas, las lavamos bien bajo el grifo y las secamos. Cuanto más secas estén, más crujientes saldrán.

2 Una vez listas, las cortamos en tiras. Con un pincel de cocina las pintamos ligeramente con AOVE y les ponemos un poquito de sal.

3 Colocamos las tiras de col en la freidora de aire, procurando que no queden demasiado amontonadas para que se cocinen bien.

4 Encendemos la freidora de aire a 200 °C y dejamos que haga su magia durante 5 minutos. Si vemos que aún no están tan crujientes como queremos, les damos 3 minutos más y estarán listas para comer.

TIEMPO 15 minutos

Núria Vila. Ciclos

Fotos. Aíta Salinas

CCC Cárcel Vieja. Av. General Primo de Rivera, 2, 30008 Murcia.

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