Madrid Colecciona. El coleccionista como comisario.

Por Carlos Jiménez

Esta exposición es excepcional. Es una exposición colectiva y es una magnifica exposición de colecciones privadas de arte, principalmente de Madrid. Pero es mucho más. Es la primera exposición de arte en la que la que coleccionistas han desempeñado una parte importante del papel que habitualmente desempeñan comisarios profesionales. Ellos no se han limitado a abrir las puertas de su colección para que el comisario la revise y elija las obras que habrán de exponerse en función de un determinado proyecto curatorial. En realidad, fueron más allá: fueron ellos quienes revisaron su propia colección y eligieron obras pertenecientes a la misma en función tanto de sus criterios personales como de los criterios definidos por un comité de seis expertos elegido por Julieta de Haro – la directora artística de las salas de exposiciones de CentroCentro. Eso es en esencia lo que hace un comisario profesional: revisar conjuntos de obras y elegir aquellas que mejor encajen con el proyecto expositivo que tenga entre manos.

El comité definió los criterios mencionados y pidió a cada uno de los cincuenta coleccionistas elegidos que escogieran dos obras de su colección. La primera, aquella con la que tienen una relación afectiva, íntima, personal e intransferible para decirlo de alguna manera. La segunda, aquella de adquisición más reciente. Contando con los resultados de este ejercicio curatorial de los comisarios, Adrián Piera, actuando como comisario de segunda instancia, revisó las obras y las agrupó en apartados o secciones temáticas, definidas, según sus propias palabras, en función de las afinidades existentes entre las obras: Horizontes contemporáneos, Mas allá del trazo, Sombras de poder, El cuerpo como territorio y el Espacio construido.

Pero los coleccionistas elegidos hicieron más. A petición de Piera tuvieron que explicar, como tiene que hacerlo cualquier comisario, que pusieran por escrito los motivos y las razones por las que habían elegido dichas obras de su colección con el fin de participar en este “homenaje al coleccionismo”, como lo califica con razón Julieta de Haro.

Si agrupamos a los coleccionistas en función de la naturaleza de su colección tendríamos el siguiente resultado. En el primer grupo, estarían los coleccionistas individuales o familiares. En el segundo, aquellas colecciones que, aunque de origen familiar, están a cargo de descendientes de los fundadores de la misma. Y en el tercer grupo, las colecciones institucionales, cuyos directores artísticos fueron quienes respondieron a los requerimientos del Comité de expertos. Los responsables de los dos primeros grupos dieron, como era de esperar, las respuestas más personales a las preguntas por los motivos de su coleccionismo y de sus elecciones de obras y artistas, mientras que las que dieron los del tercer grupo son más programáticas, más ideológicas si se quiere.  

 El conjunto de sus respuestas ofrece una estupenda panorámica de la variedad de afectos, pálpitos, tomas de partido, apuestas y decisiones con las que cada coleccionista forma su colección y le impone su sello personal.  Desde luego es imposible citarlos a todos aquí, por lo que me limito a citar unos cuantos de estos muy interesantes testimonios. Empiezo por los de los de algunos de los coleccionistas que han respondido a la pregunta de qué significa para un coleccionista coleccionar obras de arte.  Manuel Urbano y Mónica García responden que para ellos “coleccionar significa acompañar, compartir procesos y construir una relación de confianza y complicidad con los artistas”. Pilar Citoler “una colección es refugio espiritual. Que está llena de misterios, de lecturas imposibles que te incitan al ejercicio de descifrarlas”.  Jaime García Crespo, acude al poema Camino a Ítaca de Konstantin Kavafis para responder que dicho poema “evoca el sentir que debiera vivir un coleccionista. La idea de que el tránsito, la búsqueda, la experiencia de lo vivido en ese transcurrir de tiempo que ocurre entre la idea, el deseo, y el hallazgo siempre es más importante que lo encontrado en sí. Porque durante todo ese tiempo, el coleccionista anda disfrutando de su deambular, de su búsqueda. Poco importa que lo narrara Kavafis, Joyce o Cervantes con nuestro Alonso Quijano en pos de Barataria, pero la realidad es que disfrutar de un camino de experiencia, de aprendizaje, es un placer inenarrable”.

Charo Algora se pregunta: “¿Es el coleccionista quien elige a un artista, una obra? ¿O es la obra la que elige al coleccionista? En mi caso, y que conste que hablo con pudor al referirme a mí misma con la categoría de coleccionista, es la obra de Sonia Navarro la que me eligió. Mi primer contacto con ella fue en una exposición de obras de unos grandes coleccionistas, en la Murcia natal de la artista. Numerosos cuadros y obras colgaban de las paredes. Al entrar en la sala de exposiciones, todo quedó reducido a una obra: se exponía una de Sonia. A partir de ese momento, una especie de frenesí se apropió de mí: la obra de Sonia tenía que formar parte de mi vida”.

Antonio Fournier nos habla de la relación del coleccionista con él o la galerista. “Desde que empecé mi colección, mantuve con Juana de Aizpuru y su hija Concha una extraordinaria relación de cariño. Juana disfrutaba del trato con sus clientes. Este video de Cristina Lucas lo vi primero en ARCO. Mis visitas a ARCO consisten en dar una primera vuelta rápida por todas las galerías y, al final, hay obras que se quedan en la retina, que han destacado por encima del resto, que no se olvidan. Aprendí esto de Andrée Putman, cuando juntos recorríamos talleres de artistas y galerías en el París de los años ochenta”. La obra mencionada es Abstraction Licking, un video de animación de Cristina Lucas.

El testimonio de Juan Antonio Rodrúguez apunta en otra dirección. Trasmite lo que siente un coleccionista, cuando presta una obra de su colección para una exposición. La obra en este caso es de Juan Usle. “Prestarla ahora me produce una sensación ambivalente, una ligera punzada de vacío en el hueco que ha dejado en la pared donde estaba, pero también una profunda gratificación, ya que de alguna forma es ampliar el diálogo que inicié con la obra al incorporarla a mi colección. Verla a diario me llena de un orgullo peculiar, no el de la propiedad, sino el de la custodia compartida y temporal, y aunque sé que pronto volverá a casa, de momento me encanta ver cómo los visitantes de esta exposición también pueden perderse en sus profundidades azules y encontrar, quizás, al igual que yo, su propia atalaya y refugio”.  

El coleccionista Juan Várez define su relación con una obra de Mateo Maté como “la «crónica de una amistad ya anunciada». En septiembre del 2003, visitando las inauguraciones de las exposiciones madrileñas de arte contemporáneo de la nueva temporada, entré en la galería de Oliva Arauna en la calle Villanueva. Exponía un artista desconocido para mí, Mateo Mate, con la instalación Desubicado (…) una pieza potente que me intrigó y salí al rato feliz habiendo comprado mi primer vídeo de un artista. Artista al que no pude dar la enhorabuena por estar rodeado de gente”.

‘Mateo Maté».

Julián Castilla ofrece un relato especialmente fascinante de las peripecias que le permitieron comprar el retrato de Ceesepe pintado por Miquel Barceló, que es también el retrato de una época. “Visitaba con frecuencia el maravilloso estudio de CEESEPE, situado en la madrileña calle Mayor, lo recuerdo con cariño, era mágico, con suelos alfombrados, estanterías repletas de objetos, posiblemente encontrados en el Rastro, donde el ambiente era de cierto caos ordenado, rodeado de sus geniales pinturas de cafés bulliciosos en ambientes nocturnos. En una de mis visitas, encontré este fantástico retrato que le pintó Barceló, me interesé por él, a lo que CEESEPE respondió diciendo, «no, es imposible, esta obra no está a la venta, se trata de un regalo». Un día quedamos para almorzar, en su restaurante favorito, Casa Paco, y me contó durante la comida que en 1984 viajó a París, y durante unos meses compartió estudio con Barceló, se intercambiaron obras, Barceló hizo este retrato y CEESEPE le entregó una obra de su producción relacionada con la movida madrileña. Después del almuerzo regresamos al estudio donde, de nuevo, pude apreciar el regalo de Barceló, yo seguí insistiendo en su adquisición a lo que él una vez más me respondió que no. Mi interés por conseguir este retrato crecía cada día más, la obra creada en el año 1984 realizada en plena movida y en el mejor momento para CEESEPE que expuso en ARCO, donde vendió todo y comenzó a tener un gran éxito; por su parte, Barceló ese año fue decisivo en su trayectoria, ya que fue fichado por el galerista neoyorquino Leo Castelli para el mercado americano y por Bruno Bischofberger para el mercado europeo, además de participar en una exposición colectiva en el MOMA de Nueva York. CEESEPE tenía unos ojos muy grandes, era enigmático, pasional, lírico, tímido, silencioso y a mí me encantaba quedar con él para hablar de la movida, del arte y de la vida, me encantó viajar con él y sus amigos (Ouka Leele, el Hortelano y Javier Díaz) a Villanueva de los Infantes, con motivo de las 14.ª jornadas literarias y la inauguración de la obra del mes Rappelle-toi, Barbara de Ouka Leele en el Museo de Arte Contemporáneo. Al regreso de ese viaje CEESEPE me comentó que podría contemplar la posibilidad de vender el retrato de Barceló, yo me sentí tremendamente emocionado, y al día siguiente ya le estaba presentando mi mejor oferta, pasaron unos días hasta que finalmente aceptó, como era habitual en mí, adquirí la obra pagando a plazos donde CEESEPE emitía un recibo incluyendo un dibujo que hacía en ese momento y que decía: «Julián, ya es hora de que me pagues»; aún recuerdo el día que muy emocionado recogí la obra y me desplacé en un taxi a la tienda de enmarcación de Magallarte. Esta adquisición me ha dado muchas alegrías, ha sido expuesta en numerosas exposiciones y me ha hecho muy feliz”.

Concluyo citando el testimonio Alejandra González y Alejandro Lázaro, dueños de la Colección Lázaro, porque lo encabeza una tesis que resume lo que piensan muchos de los artistas afincados en la capital de España y probablemente lo que piensan igualmente muchos de los coleccionistas que coleccionan arte en Madrid. «Pensando Madrid: no como algo local, sino como parada obligatoria de lo global» Sin título de Secundino Hernández es la primera obra de un artista español que entró a formar parte de la Colección Lázaro y no, no es únicamente una pintura que admiramos desde el punto de vista estético, sino una pieza que concentra muchas de las razones por las que empezamos a coleccionar arte contemporáneo: la búsqueda de una voz personal, el diálogo con la tradición pictórica española y europea”.

Madrid Colecciona. 50 colecciones de arte contemporáneo

Hasta el 6 de septiembre de 2026

Comisario Adrián Piera.

CENTROCENTRO

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