
Foto cortesía de la Fundación Tápies
Antoni Tàpies. El movimiento perpetuo del muro
Del 13 de febrero al 6 de septiembre de 2026
Museu Tàpies
Carrer d’Aragó, 255, Eixample, 08007 Barcelona
Comisarios, Imma Prieto y Pablo Allepuz
La exposición Antoni Tàpies. El movimiento perpetuo del muro, propone una revisión en profundidad de la producción del artista durante la década de 1950, un periodo de transformaciones decisivas en su práctica. La muestra parte de una premisa fundamental: el entorno en el que se exhibe una obra de arte no es un elemento neutro, sino que condiciona y reconfigura activamente su significación. Lejos de presentar las piezas como objetos autónomos, el proyecto las sitúa dentro de un sistema relacional complejo que integra la arquitectura, las decisiones curatoriales y la corporeidad del espectador.
Para abordar esta cuestión, la exposición se estructura en torno a cuatro casos de estudio que reconstruyen parcialmente otras tantas exposiciones individuales que Tàpies realizó en la década. Se trata de muestras en galerías comerciales de Barcelona y París, concebidas sin la figura del comisario, en las que el propio artista experimentó con diferentes modos de presentación. El recorrido comienza con su primera individual en las Galerías Layetanas de Barcelona en 1950, donde presentó más de cincuenta obras sobre paredes oscuras, una disposición que se recupera ahora con piezas como El foc encantat de Farefa (1949) o Composició. A, desert. B, solitud (1950). La segunda parada es su muestra en las mismas galerías en 1954, que coincidió con una exposición del Grupo R de arquitectura. Allí, Tàpies instaló sus cuadros a una sola altura, con cables tensados hasta el techo que los sostenían con una ligera inclinación, y una iluminación cenital que potenciaba el dramatismo de las texturas. La reconstrucción incluye mobiliario de la época procedente del Disseny Hub Barcelona.
El tercer caso de estudio se desplaza a París, a la Galerie Stadler, donde Tàpies expuso por primera vez en 1956, tras ser presentado al galerista por el crítico Michel Tapié. La influencia de este en la difusión de la obra del artista se hace patente en este ámbito, donde se exhiben piezas como Pintura (1955), del Museo Reina Sofía. Por último, la muestra aborda la exposición en la Sala Gaspar de Barcelona en 1960, un montaje caleidoscópico que incluía tres grandes telas encargadas por el ayuntamiento, de las que se exponen Quatre quadrats grisos sobre fons marró (1959) y Pintura ocre (1959), depositadas por el Ayuntamiento en la Colección MACBA.
A lo largo de estos cuatro espacios, la exposición no solo reconstruye el color de las paredes y los dispositivos de montaje, sino que también ofrece una rica documentación que contextualiza cada muestra. Esto incluye carteles diseñados por el propio artista, catálogos con textos de críticos como Juan Eduardo Cirlot, Joan Brossa o Alexandre Cirici i Pellicer, y la primera monografía dedicada a Tàpies, escrita por Michel Tapié. Según los comisarios, el objetivo es mostrar cómo factores que parecen anecdóticos —como la iluminación o los recursos comunicativos— forman una estructura de mediación que influye en nuestra forma de ver y entender el legado del artista. La exposición se complementa con un extenso programa público que incluye un simposio internacional sobre los dispositivos visuales de la modernidad, una residencia de investigación artística centrada en el cuerpo y el archivo, y diversas actividades educativas en contextos sanitarios, reafirmando la intención del museo de fomentar una mirada crítica y contemporánea sobre la obra de Tàpies.

