
Lidia M Pinzolas. Donde el gesto se hace suceso.
Por Rafael López Borrego
Cuando en el siglo XVIII se empieza a establecer la diferencia entre las artes aplicadas y las Bellas Artes, Immanuel Kant inscribe las segundas en lo que podríamos llamar artes figurativas, las cuales divide en dos acepciones: las artes de la verdad sensible que son aquellas que plasman ideas y las artes de apariencia sensible, principalmente la pintura, donde la figura no tiene una realidad espacial sino que esta aparece en el ojo, según la apariencia que tiene en la superficie. Cuando observamos los trabajos de Lidia M. Pinzolas comienza el trabajo de composición mental para que se inicie una respuesta ante la pregunta que nos plantean sus lienzos.
Si suponemos que la representación a la que aluden las obras de esta artista es el paisaje, podríamos definir su obra, regresando a Kant, como pintura estética, es decir, aquella que no tiene un tema definido, sino que solo juega a imitar la naturaleza, reuniendo elementos que, en este caso, combinan colores y formas que son utilizados como recursos para componer una idea.

Foto, R.L. Borrego
La naturaleza remite a la idea de lo sublime, pero en este caso, no se trata de una percepción generadora de un peligro amenzante, sino más bien del lado amable de un estar en el mundo, para, como dice Jacques Ranciere, “dar cabida a esa nueva realidad que llamamos simplemente arte. (Ranciere, J. 2023. El tiempo del paisaje. Akal. Página 25)
Son numerosos los artistas contemporáneos que utilizan el paisaje en sus obras, pero debemos verlo como algo que no es casual, ni tampoco como un rememorar un pasado que haya quedado obsoleto, sino que debe ser observado como un síntoma de fluir de un tiempo cargado de imágenes melancólicas, una forma de escape a símbolos y fenómenos cuya protección no parece segura.
Víctor del Río nos recuerda los momentos alienantes que nos toca vivir, como por ejemplo la experiencia de tener que pasar el control de un aeropuerto, donde prácticamente tienes literalmente que desnudarte mostrando tus objetos y tu ropa. Esto lo compara con la representación y observación del paisaje como un escape al “polo dialéctico de la experiencia de reclusión” (Río, V. 2023. Políticas del Paisaje. Textos Inevitables. Página 49) en la que habitualmente estamos sumidos, como una válvula de escape que busca de forma inevitable la “belleza”, escapando de lo rutinario.

Foto, R.L. Borrego
Hablamos de paisaje pero sin la certeza de que así sea, porque los cuadros de Lidia M. Pinzolas son abstractos, es decir que esa interpretación es fruto de una especulación o suposición, donde estamos a medio camino entre el impresionismo, básico para la importancia de la luz y el color, junto al expresionismo abstracto, donde la importancia del gesto determina el contenido de la obra.
Jean Carles Melich nos habla del resultado de lo incierto (Melich, J.C. 205. El escenario de la existencia. Tusquets. 2025. Página 12). El vértigo es aquello que escapa a nuestro control, todo lo que se presenta como indisponible e inhóspito. La experiencia es aquello que determina nuestra presencia en el mundo, junto al sentido común, compartido con los animales, tenemos constancia de que nada es perecedero, que nada es seguro. Disponemos de una existencia de la que, tal vez, pensamos que somos dueños, pero esa afirmación no es una realidad. Junto a los alegres colores que vemos en los cuadros que se nos ofrecen, también hay zonas de color gris, aquellas que cautivan y amenzan al mismo tiempo, las que atraen y dan sentido, pero también las que provocan horror y rechazo. Si el color es determinante para la atracción también lo es para establecer un contraste con aquellos aspectos que, como dice Giorgio Agamben, nos llevan a ser contemporáneos Agamben, G. 2011. Desnudez. Anagrama. Página 17). La luz está presente y tal vez nos deslumbra pero solo siendo intempestivos podremos darnos cuenta que tras esa luz que nos deslumbra, también existen aspectos de oscuridad.
Contemplando las obras podríamos decir que nuestro devenir no es un estar en el mundo, sino un ser en el mundo, el verbo estar sería mejor aplicarlo al escenario en el que el espectador se mueve. El estar hace referencia a las situaciones, cada una de ellas remite a una situación anterior y anticipa otras futuras, pero teniendo en cuenta que nuestro habitar es el presente, siendo este el que tiene posibilidad de cambio sin dejar de volver la cabeza hacia atrás.

Foto, R.L. Borrego
Siguiendo a Jacques Derrida (Derrida, J. 2007 Decir el acontecimiento ¿es posible?. Arena libros Página 26), el acontecimiento es uno de los elementos fundamentales de la pintura de Lidia M. Pinzolas. Ya que parece imposible apreciar esa pintura como un objeto, podríamos intentar verla como un acontecimiento de invención. Si el pintor aplica una técnica que ya domina no existe acontecimiento. El verdadero arte existe cuando el pintor hace “lo imposible”, cuando la obra le cae encima y desborda cualquier plan previo. Una pintura que describe la realidad es constatativa mientras que una que describe un acontecimiento es performativa, no dice el acontecimiento sino que representa el acontecimiento en sí. El espectador, el receptor de la obra le otorga su naturaleza de acontecimiento y eso es lo que permite su supervivencia. El crítico, como receptor posterior, que crea lo póstumo, permite que la obra sobreviva, marcando la separación entre el autor y el ahora.
La pintura no es la representación de un suceso, sino el suceso mismo. Es un incendio capaz de suspender la historia y nos obliga a atestiguar con nuestra mirada, lo que era imposible antes de la existencia del cuadro.
En última instancia, la obra de Lidia M. Pinzolas, no se limita a cartografiar el paisaje, ni a registrar la huella del gesto técnico, sino que presenta una invención de lo imposible. Dejamos ante los lienzos de ser meros observadores para convertirnos en herederos de un acontecimiento que cobra vida gracias a la mirada. El arte no es la memoria de lo que pasó, sino es suceso que ocurre y tiene lugar, delante de nosotros.
Lidia M. Pinzolas. Un caos multicolor. O un bosque
Comisarías: Yadira de Armas. Ana G. Ballate
Del 31 de enero al 31 de marzo de 2026
Galería Beatriz Pereira. Plasencia (Cáceres)

Rafael López Borrego
Rafael López es licenciado en historia del arte por la Universidad de Salamanca y ha trabajado como docente en diferentes centros. También ha sido coordinador de exposiciones y actividades de un centro de arte contemporáneo y dirigió una feria de arte contemporáneo. Sus intereses se centran en el mundo del arte, la estética y el pensamiento contemporáneo. Tiene una canal de YouTube con 40.000 seguidores y miles de visitas mensuales.

