
Adriana Berges. Morado, azul y magenta
Del 16 de enero al 22 de febrero de 2026
Centro de Arte Tomás y Valiente CEART
C/ de Leganés, 51, Fuenlabrada
Comisaria, Teresa Arroyo de la Cruz
Esta muestra presenta más de diez pinturas que forman parte del proyecto ‘Mera Figuración’, el cual ya se había exhibido anteriormente en la Galería de Arte A Ciegas de Madrid y en ciudades como Miami, Oslo y Sevilla. La propuesta se enfoca en un análisis profundo del color y la forma, elementos esenciales tanto en la pintura tradicional como en el mundo de las imágenes digitales, buscando reconectar con la experiencia sensorial en una era marcada por el avance tecnológico. La obra de Adriana Berges (Madrid, 1992) se encuentra en la intersección entre la historia del arte y el entendimiento científico del color. Como señala la comisaria, mientras que en el ámbito digital el morado, el azul y el magenta son simplemente códigos RGB o combinaciones matemáticas, en la tradición artística –desde Goethe hasta Albers– y en estudios neurocientíficos como los de Margaret Livingstone, se presentan como vibraciones complejas llenas de significado emocional y perceptual. La formación de Berges, influenciada por las primeras imágenes digitales como fondos de pantalla y texturas pixeladas, la llevó a interesarse en capturar la fugacidad del color en lo virtual y transformarla en una densidad pictórica sobre el lienzo.
El proceso creativo de Berges se nutre de un vasto archivo de impresiones digitales que ha ido recopilando durante sus estancias en Madrid y Oslo. A partir de estas imágenes repetitivas y efímeras, la artista libera cada fragmento de su esencia serial para devolverle lo que Walter Benjamin llamaba el «aura», esa cualidad única y presente que se pierde en la reproducción mecánica. Así, la repetición digital se convierte en una experiencia contemplativa y singular en cada una de sus obras. En su trabajo, el color cobra una dimensión física y emocional, estableciendo un diálogo con referentes como la vibrante intensidad de Yves Klein, la profundidad emocional de Rothko o la sensualidad orgánica de Georgia O’Keeffe. Al igual que Gerhard Richter en sus paisajes, Berges juega con el color y la forma para que en sus obras coexistan lo concreto y lo atmosférico, la materialidad de la pintura y la vibración sensorial de la imagen. La exposición se presenta como un constante juego entre figuración y abstracción, brindando al espectador la libertad total para interpretar o completar los paisajes sugeridos. Cada lienzo se transforma en un espacio vivo donde la mirada del público se entrelaza con la superficie pictórica, activando no solo una respuesta emocional inmediata –de calma, alegría o extrañeza–, sino también la memoria histórica asociada a cada matiz. «Morado, azul y magenta» se establece como un escenario de percepción donde se exploran los dualismos inherentes a nuestra contemporaneidad: lo fugaz y lo permanente, lo digital y lo material, la emoción instantánea y la contemplación pausada. La muestra se despliega como un recorrido íntimo a través de universos cromáticos donde lo virtual, normalmente efímero, se densifica y perdura en la materia pictórica. La obra de Berges actúa como un catalizador que invita a habitar el color y a reconectar con una experiencia sensorial completa, en contraste con la sobresaturación de imágenes planas y repetitivas que nos ofrecen las pantallas.
Esta exposición es un hermoso gesto tanto poético como pictórico que celebra la habilidad de la pintura para hacer visible lo que no se puede tocar y dar forma a nuestras experiencias humanas. Al transformar los códigos binarios en una vibración emocional y una presencia tangible, Adriana Berges nos invita a un espacio de asombro y reflexión, recordándonos que, incluso en este siglo XXI, el lienzo sigue siendo un lugar donde nuestra mirada puede detenerse, resonar y redescubrir su capacidad de asombro.

