
Rubén Polanco. COSMOGONÍAS Y ENSOÑACIONES
Hata el 10 de febrero de 2026
Galería THEREDOOM
C/Doctor Fourquet,8. 28012- Madrid
Texto de Omar Pascual Castillo
Esta muestra la he planteado como un relato sobre los orígenes de la existencia y la arquitectura íntima del subconsciente. A través de una preselección de obras de distintas épocas y series, realizada por la directora de la galería Andrea Piedralzar y el consejero Boyer Tresaco, intento articular un diálogo esencial entre la estructura del universo (Cosmogonía) y la lógica incorpórea del sueño (Ensoñación).
En ella abordo la escultura desde una «mitología de la materia» que he construido a partir de mi observación de la naturaleza (physis), mediante un archivo de fragmentos primigenios, recurro a elementos naturales como la madera, las semillas, la cera de abejas, el polvo de mármol, o el barro, no solo como soportes, sino como portadores de un poder inherente cargado de significación. El objetivo es desmantelar la forma visible para revelar el código secreto que une lo orgánico y lo psíquico, revelando que el cuerpo humano es un microcosmos regido por la geometría biológica.
Esta visión la materializo en obras como «Huesos de madera», donde establezco una equivalencia cosmogónica: el árbol, eje del mundo y estructura que sujeta la vida, comparte su anatomía interna con la estructura esponjosa del hueso humano. El acto de tallar y horadar la materia se convierte, así, en un rito personal que desvela esta unidad orgánica del cosmos.
Profundizo en este concepto con piezas que exploran la geometría de la vida. Las semillas de «Pimientos gigantes bellos» o los panales de cera, que utilizo en la serie «Historias de objetos y abejas», funcionan como modelos cosmológicos: el hexágono perfecto del panal y el potencial de multiplicación de la semilla son patrones fractales de auto-organización y crecimiento infinito, que reflejan el impulso creador que rige la expansión de un universo.
Frente a esta estructura de origen, la Ensoñación se manifiesta a través de la hibridación surrealista y una marcada carga simbólica. Si la cosmogonía se encarga del orden, la ensoñación aporta la lógica onírica a la forma. Los títulos liricos que empleo, como «El sueño de la pata de caballo» o «Unidad de confrontación», actúan como disparadores poéticos, que pretenden inducir al observador en un estado de rêverie o sueño despierto. La combinación de estos elementos son una perturbadora unión, que solo tiene sentido en el reino de lo subconsciente, transformando la escultura en un objeto onírico.
Un elemento crucial en esta dualidad es el uso de la madera quemada, que introduce la destrucción como parte necesaria de la creación. El fuego purifica y marca el cuerpo de la obra con un trauma, vinculando el acto de crear con el paso del tiempo y la memoria.
En este contexto obras como «Los Refugiados «o «El negro Mar», se integran con una profunda resonancia. En una clara alusión al tránsito, a la búsqueda de un nuevo hogar, y añaden una dimensión de memoria colectiva y experiencia humana a la narrativa expositiva, encapsulando la tensión entre el orden natural y el trauma, conectando la materialidad de la escultura con los ecos de un drama humano.
Finalmente, la superposición del panal y partes del cuerpo u objetos humanos sugiere una identidad simbiótica y transicional, donde el cuerpo u los objetos se convierten, literalmente, en una colmena, un depósito de producción y una estructura comunal.
Se podría decir que la obra escultórica que presento son artefactos cosmológicos que, por la vía de la ensoñación, revelan las conexiones secretas y las geometrías ocultas que unen la célula, el hueso, la semilla, el árbol, el cuerpo y el cosmos en un mismo y vasto relato orgánico.
R.P.

