
VESTIR COMO ACONTECIMIENTO
Sobre la intervención de Carmen Palop en el Museo Textil de Plasencia
Por Julio C. Vázquez-Ortiz
Desde que, en 2023, Teresa Lanceta fuera reconocida con el Premio Nacional a las Artes Plásticas, podemos considerar oficial la tendencia que se venía gestando varios años atrás en torno al arte textil, certificado por una carrera sólida como la suya. En paralelo, la actualidad artística ha ido desechando la categorización de las disciplinas para abrazar su rol como testigo crítico desde cualquier actividad humana fundamentada y con intención, de tal manera que los nuevos procesos de mediación o archivo expandido comparten las áreas de la creación contemporánea con las bellas artes.

En este contexto adisciplinar, dos años después de aquel reconocimiento, el arte textil encuentra nuevos caminos de la mano de artistas como Carmen Palop, cuyas investigaciones avanzan hacia territorios más líquidos y experimentales, uniendo sus diferentes facetas entre la pintura (especialidad en la que se licenció), la fotografía (mayormente intervenida) o la instalación, traspasadas todas por la performance. Atendiendo al discurso que complementa la práctica de Palop, identificamos su interés por una visión antropológica de las expresiones populares colectivas, donde el flamenco fue, durante muchos años, su principal campo de exploración. Caldo de cultivo sobre el que construir un cuerpo de obra más extenso acerca de entornos residuales o violentos con perspectiva de género y, más recientemente, en el espacio público. El bagaje adquirido en estos procesos se transforma ahora en herramientas aplicadas a un nuevo desafío, el cruce con la etnográfía textil la cual, más allá de su construcción plástica y/o histórica, centra el análisis de las relaciones humanas y su condición en el espacio público, atravesadas por la ropa como elemento de intermediación social; premisas que nos llevan a un evento recurrente y cargado de simbolismo como es el mercadillo, inspiración primigenia para esta propuesta. Proyectos anteriores como Tronío sientan precedente en su interés por la calle como escenario y el mercadillo como suceso, que introduce ahora en un museo textil y etnográfico, donde el impacto propio de su hacer, conjuga el vestir y su acontecimiento.
Arkeología de la moda, por tanto, es un proyecto transdisciplinar que toma el arte textil como tendencia, para expandirlo a otros lenguajes provenientes de la pintura, la fotografía o el objeto encontrado, operados en el espacio público concreto del mercadillo. En diálogo con su colección, el Museo Etnográfico Textil Pérez Enciso de Plasencia actúa como filtro legítimo para postular una antropología crítica sobre identidad, consumismo y sus consecuencias ecosociales, con perspectiva de género. Un ejercicio articulado a través de la contraposición de elementos aparentemente opuestos que actualizan la simbología indumentaria como elemento de mediación, a partir de dicotomías recurrentes: funcionalidad y moda, individuo y sociedad, hombre y mujer, arte y artesanía o museo y calle, atraviesan la muestra con el fin de proponer conclusiones.

De esta manera, el discurso que se nos plantea emerge del propio relato museístico donde el revoltijo de ropa guía la plástica, sobre el orden musealizado. La primera de las salas, dedicada a exposiciones temporales, nos conduce precisamente a esos montones de mercadillo que acumulan prendas sin mayor relación que su precio, elevadas a vitrina, en ese conflicto permanente entre lo musealizable y la irreverencia de la obra de Palop. Amasijos textiles que nos guían hasta la primera planta, en la que los ajuares de casamiento de antaño, dialogan con otros elementos en los que la artista introduce ya la fotografía como textil expandido. En estas salas encontramos los primeros enlaces con una de las principales piezas del museo, la cama de vistas, elemento mobiliario sin otro uso que el de mostrar el ajuar de boda; esa dualidad entre ser y parecer guía la narración, en un desempeño tan ajeno a priori, como actual en las construcciones sociales que motivan la industria de la moda hoy en día. Entre la no cama y unas laboriosas mantas picadas, un nuevo túmulo textil en forma de instalación revela el contraste como lenguaje expositivo. Por su parte, la selección del tondo como formato pictórico, que aparece ya en esta sala, responde de nuevo a ese intencionado conflicto entre forma y fondo, tergiversando el clasicismo de lienzo circular. La relación con los elementos en vitrina (insertados a lo largo de las tres plantas del museo) incide ese juego de contrarios, entre el objeto etnográfico y la obra de arte, desde la planta baja inicial, con una suerte de readymades elaborados a partir de maderas barrocas y recargados fondos de papel pintado, hasta los bocetos que enfrenta el dibujo suelto con artificiosos bordados de un recargado palio litúrgico, ya en la última planta.

Pero, como Carmen nos tiene acostumbrados y anotamos al principio, su revisión del textil también pasa por la perspectiva de género. En este sentido, resulta esclarecedor observar en la colección cómo las indumentarias más simbólicas recaían sobre las ropas femeninas y dirigidas a la imposición de conducta, las cuales debían proyectar en todo momento su situación y voluntad de acuerdo con los dictados del patriarcado (soltera/casada/viuda), con claros ejemplos como el síguemepollo, cinta que las mujeres solteras se colgaban de la cintura en las fiestas populares. Y es en esta sala II, dedicada a la indumentaria cacereña, donde un disruptivo maniquí racializado y encapupacho (al más puro estilo Guerrilla Girls) muestra alta costura realizada con materiales reciclados junto estas ropas festivas de antaño, que dictaban el comportamiento femenino. O esos bustos desnudos sin cara, profusamente decorados con bisuteria, compartiendo vitrina con las cobijas destinadas a cubrir las cabezas de las mujeres al entrar en misa o durante las fiestas religiosas.
En definitiva, Carmen Palop nos propone aquí un diálogo reactivo entre las prácticas textiles tradicionales y un arte textil expandido y en tendencia, para cuestionar las dinámicas contemporáneas de consumo e identidad, evidenciadas no solo en la huella ecosocial de su exceso, sino también en la persistencia de estructuras simbólicas que siguen dictando qué y cómo vestir cada cuerpo conforme a jerarquías sociales y de género. Una investigación en directo y abierta al proceso, donde la contraposición y el contraste ocurran en el ojo del visitante, guiado por la historia del territorio hacia una multitud de matices entre medias; tantos, como obras insertas en el relato museístico.
Carmen Palop. Arkeología de la Moda.
Museo etnográfico-textil Pérez Enciso de Plasencia .
C. Trujillo, 25, Plasencia, Cáceres

Julio C. Vázquez Ortiz
Comisario independiente y gestor cultural. Miembro del Comité Internacional de Museos de Arte Moderno y Contemporáneo del ICOM (CIMAM) y del Consejo Territorial del Instituto de Arte Contemporáneo (IAC); presidente de Artistas Visuales y Asociados de Extremadura (AVAEX) y vocal en la directiva de la Asociación de Gestoras y Gestores Culturales de Extremadura (AGCEX). Profesor consultor en la Universitat Oberta Catalunya (UOC) y cofundador de lanzarte.art. Comisario de de la bienal de arte público Cáceres Abierto, entre sus últimos proyectos destacan las residencias artísticas Siberia Cultura, la puesta en marcha del Museo de Muralismo Contemporáneo de Mérida o la IX Bienal Iberoamericana de Obra Gráfica Ciudad de Cáceres. Ha comisariado más de medio centenar de exposiciones en diferentes puntos del territorio nacional e internacional. https://linktr.ee/juliocvazquezortiz

