Luis Pérez Calvo: Cromos de artista. Foto, cortesía galería La Gran por Sylvia Bernabé.

Pliegues de memoria. Pérez Calvo: Cromos de artista

Por Jesús Cámara.

“El mundo es una serie infinita de curvaturas o inflexiones, y el mundo entero está contenido en el alma desde un determinado punto de vista.”
— Gilles Deleuze, El pliegue. Leibniz y el barroco, Paidós, Barcelona, 1989, p. 37.

Hay artistas que construyen obra, y otros que construyen mundo. Luis Pérez Calvo (Madrid, 1962) pertenece a la segunda categoría. Cromos de artista, comisariada por Carlos Delgado Mayordomo en CentroCentro, no es solo una selección de piezas de entre las más de quinientas realizadas a lo largo de una década, sino la puesta en escena de una mirada que opera simultáneamente en tres escalas: la del detalle gráfico, la del imaginario popular y la del mapa cultural. En su caso, los tres niveles no se yuxtaponen: se entrelazan. Y lo hacen con la energía reencontrada de quien no observa desde fuera, sino desde dentro del propio flujo urbano, emocional y artístico de Madrid.

El dispositivo central de la exposición —un gran panel de doble cara intervenido in situ durante quince días— funciona como un organismo visual que organiza esa triple escala. Sobre él, un dibujo a mano alzada con rotulador negro grueso de tinta pigmentada con base al agua, despliega una topografía imposible: edificios con antenas inverosímiles, tubos que serpentean como venas, cables y estructuras que recuerdan lo industrial pero también lo orgánico.

Luis Pérez Calvo: Cromos de artista. Foto, Jesús Cámara.

Ese trazo, de una inmediatez casi urgente, nos evoca inevitablemente a Keith Haring, la línea viva, el contorno que late, la potencia gráfica que convierte lo dibujado en una especie de escritura expandida. Pero, a diferencia de la iconicidad global de Haring, Pérez Calvo trabaja desde una escala muchísimo más afectiva que simbólica: su territorio no es el mundo, sino la ciudad; no el mito pop, sino la experiencia sedimentada.

En ese entramado de líneas negras aparecen incrustados los “cromos”: pequeños cartones o papeles reciclados de bolsas comerciales pintados con técnicas mixtas como el collage, lápices de colores, etc. que funcionan como notas de color, islas narrativas, cápsulas de memoria. Cada uno alude a una exposición, un artista, una galería, un museo, un taller, un proyecto independiente… No como documentación, sino como recreación. Pérez Calvo no registra, sino que transforma. No copia una cartela: inventa un emblema. Introduce asociaciones libres, juegos fonéticos, ironías ligeras, resonancias visuales que conectan arte y calle, alta cultura y cultura basura, museo y verbena. Su gesto no es crítico en el sentido corrosivo, sino en el sentido dialógico: no cuestiona jerarquías, sino que reordena afinidades.

Luis Pérez Calvo: Cromos de artista. Foto, cortesía galería La Gran por Sylvia Bernabé.

La mano que dibuja antenas y fachadas no es inocente: convierte la ciudad en un circuito. No es tanto un skyline como una red. Cada edificio se presenta como nodo de una circulación invisible: la de las obras, los discursos, los vínculos personales, los desplazamientos de su propia querencia y ternura. Pérez Calvo entiende la ciudad como collage, archivo permeable, organismo emocional. La ciudad no se describe, tiene vida.

Y esa vida es radicalmente popular. Pérez Calvo fue niño de tebeos, cromos, escaparates, solares y casas abandonadas; adolescente de rótulos pintados a mano, casetes y vinilos; adulto de exposiciones, ferias y derivas por galerías. Su obra no rinde culto nostálgico al pasado, sino a la imaginación como ejercicio constante de reensamblaje. De ahí que lo kitsch, lo castizo, lo cool, lo punk y lo museístico puedan convivir sin estridencia. El cruce no es irónico: es literal. Esa literalidad es su fuerza crítica. No estetiza la cultura popular: la reconoce como pensamiento visual.

Luis Pérez Calvo: Cromos de artista. Foto, Jesús Cámara.

El mural, en ese sentido, no es un soporte: es el campo de operaciones donde la memoria activa y el presente inmediato se mezclan, como he contado anteriormente, sin jerarquía. La escala es pequeña —papeles, cartones, formatos íntimos— pero su ambición es cartográfica: construir una otra historia del arte reciente en Madrid no desde los relatos institucionales, sino desde la experiencia del que estuvo allí, vio aquello y lo dejó transformado en imagen. Nada más lejos del archivo neutral: lo suyo es una sentimentalidad lúcida.

Y es que, si el álbum de cromos organiza su modo de conservar imágenes, el paseo sistematiza su modo de obtenerlas. Pérez Calvo no ha dejado nunca de ser un flâneur contemporáneo, atento a los ritmos del barrio, las fachadas, los rótulos comerciales, las tipografías populares y las fiestas de la ciudad. Recorre casi a diario el Madrid más castizo con la misma devoción que un museo; el Museo del Prado es su visita obligada semanal. También, su cine de referencia no es el del prestigio internacional, sino la filmografía española que retrata la urbe entre los años cuarenta y ochenta: portales, ultramarinos, bares con serrín, neones de la Movida. Lo que recoge no es nostalgia, sino una arqueología de lo cotidiano: la documentación visual de lo que resiste a desaparecer (o ha desaparecido) aunque el presente lo haga invisibles.

Luis Pérez Calvo: Cromos de artista. Foto, Jesús Cámara.

Por eso su mapa no es solo espacial, es también temporal. Y aquí entra la capa filosófica que el panel sugiere —aunque no la verbalice—: el tiempo no avanza, se pliega. Pérez Calvo opera en la lógica del pli sur pli (pliegue sobre pliegue) formulada por Gilles Deleuze. Lo que vemos no es una cronología de espacios expositivos, sino la coexistencia simultánea de distintos estratos del tiempo cultural. En el mismo plano conviven la Tate Tate Gallery madrileña, dirigida por el pintor Rufino de Mingo —donde el artista participó en colectivas a finales de los años ochenta y principios de los noventa, junto a Manolo Campoamor, Tino Casal. Villatoro, Gonzalo Torné o Fabio McNamara— , más tarde con galeria Liebre donde realizó su primera individual, y las galerías PicnicSilvestre, F2, Lapislázuli, Garaje Bonilla, El Chico, Arniches26, La Gran, esta última es la que articula su presente. Más que un mapa, es una membrana temporal. No ordena el pasado: lo reactiva.

Pérez Calvo no fija lo que fue, sino lo que sigue ocurriendo en un pliegue de memoria viva. El mural no explica, sino que vibra, y de tal manera nos invita como espectadores -acto seguido al de ver y leer- a participar. Nos convertimos, por un instante, en el siguiente eslabón de ese archivo amable que no acumula, sino que enlaza. Ahí radica la potencia crítica de su trabajo: frente a la monumentalidad, la escala personal; frente al canon, la afinidad y frente al relato lineal, el pliegue.

Luis Pérez Calvo. Cromos de artista

23.10.2025 – 26.04.2026

CentroCentro, Plaza de Cibeles, 1. Madrid

Jesús Cámara

Jesús Cámara ha desempeñado cargos de presidencia en asociaciones artísticasconservación de colecciones pictóricasdirección de museos y exposiciones, y ha participado activamente en el ámbito de la crítica de arte a nivel nacional e internacional. Trabajó en el Ministerio de Cultura como cordinador de exposiciones y en el Museo Nacional Reina Sofía. Ha sido Conservador de la Colección de Pintura de Unión Española de Explosivos desde 1995 hasta 2005, Director del Museo Salvador Victoria durante el periodo 2003-2010, Director de Exposiciones del Distrito de Ciudad Lineal entre 2009 y 2012, Ha sido Patrono de la Fundación Caballero-Thomás de Carranza

2 thoughts on “Pliegues de memoria. Pérez Calvo: Cromos de artista

  1. Gracias Jesús por hacer este escrito sobre la obra de Luis , es un amante del ARTE, además de un buen artista , disfrute leyéndote , un abrazo !

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