Marina Núñez descubre en nuestro mundo, muchos otros mundos

Por Carlos Jiménez.

Esta exposición la domina la muy poderosa imagen que ofrece Marina Núñez de la mujer contemporánea. O, si se quiere ser preciso, la imagen que quiere de sí misma la mujer que se piensa y sobre todo se siente parte inseparable, orgánica, del cosmos, concebido como totalidad viviente, como lo es Gaia, como lo es la Pacha mama. Y si digo que “domina” es porque es lo que hace esta imagen ocupando completamente el suelo del atrio del Museo Antropológico de Madrid.  Es una giganta desnuda, de un tamaño medido en muchos metros, que yace sobre un mosaico de múltiples imágenes telúricas, tan coloridos e impactantes como es la suya.

Digo que es una “giganta telúrica” en primer lugar porque me ha traído de inmediato a la cabeza la imaginada por Charles Baudelaire en un poema homónimo, junto a la cual él quería haber vivido como “un gato voluptuoso a los pies de una reina”. Deseando dormirse “a la sombra de sus pechos”, “cual aldea apacible al pie de una montaña”. La diferencia la pone el hecho de que la giganta de Marina Núñez elude el erotismo baudeleriano e incita por el contrario a compartir la filia y el ágape. O sea, al cultivo de los afectos, la amistad, el cuidado y la fidelidad desinteresada tanto con nuestros semejantes como con todas las formas de vida existentes. E incluso con ese más allá de la vida aparentemente inerte, reivindicado por la hipótesis Gaia. Cierto, lo que vengo de decir es una interpretación, tan relativa como suelen ser las interpretaciones, pero creo que no es arbitraria porque se corresponde con el pensamiento y los sentimientos de esta artista, tal y como los ha expresado en los textos de su autoría incluidos en el catálogo que documenta esta espléndida, esta seductora exposición. 

Marina Núñez está claramente afiliada a esa poderosa corriente de espiritualidad que ha sido definida como propia de la New Age. Que, aunque difusa y de difícil clasificación es, paradójicamente inconfundible. Ella asume de hecho las matrices paradójicas de la misma: el epicureísmo y su celebración del yo y la ataraxia y el panteísmo, esa disolución de la divinidad en la naturaleza y la aspiración a la armonía universal. Pero ella le imprime un sesgo a la apropiación de ese legado, uniendo el feminismo con la crítica al antropocentrismo, el ecologismo con el cuestionamiento del paradigma del antropoceno realizado por quienes denuncian el capitaloceno. El protagonista de la nueva era geológica no es la humanidad, sino, específicamente, el capitalismo, responsable del extractivismo que la ha puesto la vida en el planeta al borde del colapso.

Estas convicciones y tomas de partido religiosas y políticas se articulan con apuesta de Marina Núñez por una estética que cabría llamar cósmica o galáctica, por su notoria afinidad con las imágenes del espacio interplanetario, generadas y popularizadas con gran éxito de público, por películas como 2001. Odisea del espacio de Stanley Kubrick o Star Wars de George Lucas. E inclusive por Viaje alucinante, la película de 1966, dirigida por Richard Fleisher, en la que un submarino microscópico, con una tripulación igualmente microscópica, se introduce en el sistema sanguíneo de un paciente, generando imágenes del interior de la anatomía de este último, homologables a las obtenidas por los astronautas en sus viajes interplanetarios. El interior del cuerpo humano entonces como espacio sideral o como una imagen en miniatura de dicho espacio. Imagen que estaría reforzada por la crítica al cerebro centrismo, formulada por los neuro científicos que afirman que se piensa con todo el cuerpo y no solo con el cerebro. 

Es la estética que impera desde luego en los videos que, bajo el titulo común Origen, destino, ofrecen la imagen de un universo en movimiento, en el que “esferas diminutas se agrupan como células, para formar estrellas y galaxias compuestas por cuerpos humanos estilizados, bellos y sutiles”. E igual sucede en Cosmos, un conjunto de 10 esferas de cristal tallado, en cuyo interior se ven rostros compuestos por pequeñas esferas, flotando en un espacio cósmico entre otras esferas, mientras la luz que los ilumina proyecta flores sobre el techo. O en Tierra, un conjunto de cuatro obras de gran formato, impresas en cerámica, cada una de las cuales ofrece la imagen de un espacio ciertamente galáctico poblado de esferas como planetas, cada una de las cuales “simboliza una tierra distinta, abiertos a una compleja red de relaciones que incluye tanto lo vivo como lo inerte y las energías que nos atraviesan”.

Las imágenes entrelazadas con la giganta de Marina Núñez incorporan a la imaginería galáctica que caracteriza su obra, el sesgo telúrico ya mencionado. Telúrico, en el sentido fuerte, presente en las fotografías de la serie African Studies del fotógrafo Edward Burtynsky. En las que la explotación despiadada de sus recursos naturales, le ha arrancado literalmente la piel a la Tierra, dejando al desnudo su entraña mineral. Herida y expuesta tanto a la compasión como a la promesa de redención, que supone la toma de partido de Marina Núñez por un futuro de reconciliación de los humanos con sus semejantes y con el resto de las formas vivas e inertes que componen el planeta. La reconciliación con Gaia o si prefiere con la Pacha Mama.

Concluyo mencionando un aspecto igualmente importante de esta exposición. Me refiero a lo que tiene de inmersiva. Evidente tanto en la completa ocupación del suelo del atrio por Tantos mundos en este -que así se titula la obra protagonizada por la giganta. Como por la sinfonía envolvente que la acompaña, compuesta por el compositor Luis de la Torre. “La música -explica Isabel Durán en el texto del catálogo- invita al público a sumergirse en la complejidad de lo planetario, lo interdependiente y lo sensible (…) logrando que la exposición exceda el ámbito visual y se convierta en una vivencia multisensorial”.

 Marina Núñez. Tantos mundos en este. Museo Nacional de Antropología, Madrid.

Comisaria; Isabel Durán

11 de octubre de 2025- 25 de enero de 2026.

Carlos Jiménez

Carlos Jiménez Moreno

Arquitecto, Historiador y crítico de arte. Director de los Encuentros «en defensa del arte contemporáneo» IAC. Ha ejercido la crítica de arte en los principales periódicos y revistas de España y América Latina. Ha publicado diez libros sobre arte contemporáneo.

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