
ANTONI CLAVÉ. HOMENAJE A UN ARTISTA UNIVERSAL
Por Ramon Casalé Soler
Con motivo del 20 aniversario de la muerte de Antoni Clavé (Barcelona, 1913 – Saint Tropez, 2005) se están celebrando cuatro exposiciones simultáneas en diferentes espacios de Barcelona que llevan como título Clavé, con mayúsculas. La más importante es la del Palau Martorell, tanto por el número de obras que se exhiben como por su singularidad, ya que varias de ellas no se han mostrado regularmente. Los otros lugares son el Reial Cercle Artístic y las galerías Joan Gaspar y Dolors Junyent, que dan a conocer las diversas disciplinas en las que el artista catalán ha demostrado tener más interés.
Los comisarios de las exposiciones del Palau Martorell y del Reial Cercle Artístic son Aude Hendgen, responsable de los Archivos Antoni Clavé de París y Josep Félix Bentz, cofundador del Palau Martorell y presidente del Reial Cercle Artístic. Entre ambas sedes se presentan 85 piezas procedentes de colecciones públicas y privadas. En el Palau Martorell, por ejemplo, se exhibe un conjunto de pinturas desde sus inicios hasta finales de los noventa, siendo algunas de ellas de gran tamaño como las que creó para la Generalitat de Catalunya, así como el tríptico que realizó para el Ayuntamiento de Barcelona que nunca había salido de su emplazamiento original. Según Bentz esta exposición “es muy especial, excepcional, única e irrepetible”.
Respecto al Reial Cercle Artístic, al margen de las pinturas, se exhiben una serie de grabados, esculturas, ensamblajes y cerámicas que ocupan todas las salas de la planta baja. Se da la circunstancia de que Clavé se hizo socio de la institución en 1924. En cuanto a la galería Joan Gaspar, espacio histórico de referencia de la obra de Clavé, se exponen algunas escenografías correspondientes a la segunda mitad del siglo pasado, y en la galería Dolors Junyent, que desde hace muchos años ha venido exhibiendo su trabajo en diversas ocasiones, se puede contemplar un conjunto de pinturas y grabados de diferentes momentos creativos del artista.

Acuarelas. © Antoni Clavé, VEGAP, Barcelona, 2025
La exposición del Palau Martorell permite acercarnos al ideario del artista a través de un conjunto de obras de diferentes épocas donde se puede apreciar su interés por la materia, el espacio y “una capacidad innata por la síntesis expresiva”. Los comisarios han dividido la muestra en cinco apartados que sirven para entender mejor su aportación al arte contemporáneo y que abarca el período que va desde los años 30 a los 90.
En el primer ámbito, o sea la Barcelona en los años 1930, se exhiben un conjunto de carteles cuyas temáticas, teniendo en cuenta el momento en que fueron creadas, eran muy originales. En 1932 obtuvo el segundo premio en un concurso de carteles que organizó la Caja de Ahorros y Pensiones de Barcelona.
Una vez que Clavé se ve inmerso en la creación de carteles de películas españolas, francesas y americanas, su producción adquiere una gran notoriedad y ha de confeccionar cinco carteles semanalmente procurando atraer al espectador para que vaya al cine. Por ello, “su destreza técnica y los trucos aprendidos como pintor de brocha gorda se ponen enseguida al servició de su invención pictórica”. Son carteles que se aproximan al cubismo y constructivismo propio de la época, como por ejemplo Barrio Chino, Y ahora qué y El signo de la muerte, todos ellos de 1934.
En la sala central hay un tapiz de homenaje a Antoni Gaudí donde utiliza diferentes telas y ensamblajes y unas pinturas en homenaje a Picasso, Miró y El Greco, concretamente El caballero de la mano en el pecho.De hecho, se trata de su admiración por el Siglo de oro español. Estas obras las realizó por la veneración que sentía por estos artistas.

Grand collage , 1983. © Antoni Clavé, VEGAP, Barcelona, 2025
Los otros apartados corresponden a París, Venecia, Barcelona, Tokio, Osaka, Hakone y Nueva York, ciudades en las que trabajó a menudo en diversos momentos de su vida. De su etapa parisina destacan algunos Guerriers, que “revelan una nueva forma y materia. A la composición de formas geométricas coloreadas y siluetas esbozadas le sigue la integración de diferentes elementos constitutivos del tema: pigmentos, collages…”. Una pieza espectacular es Les Étagères (1956). Un gran número de obras de la serie de los Guerriers ya las habíamos visto anteriormente en la galería Gaspar en la antigua sede de la plaza Letamendi.
En 1978 formó parte de los primeros creadores contemporáneos que tuvieron la oportunidad de mostrar sus trabajos en el Georges Pompidou que había sido recientemente inaugurado. En 1984 es cuando recibe la propuesta para participar en la Bienal de Venecia, donde mostró más de un centenar de obras a modo de retrospectiva. En este apartado hay un conjunto de obras que hacen referencia al F.C. Barcelona, en donde aparecen los colores azul y grana, además del amarillo, cromatismos recurrentes en su obra, todas ellas son de mediados los 80.
Clavé estuvo en dos ocasiones en Japón, concretamente en los años 1972 y 1986, país que le fascinó enormemente, tanto por su cultura y religión, como por sus caligramas e ideogramas. Expuso en las ciudades más importantes. Algunas de sus obras de esas épocas se exhiben en este apartado caso de Un samouraï (1985-86), en que aparecen a un lado de la composición determinados ideogramas en rojo. A finales de los ochenta estuvo dos semanas en Nueva York, ciudad que le sirvió de inspiración, principalmente por los carteles, aparadores, muros y pintadas que aparecen en las paredes o en el metro. Todo ello lo veía desde una óptica plena de “vitalidad y energía propias del gesto feroz que lo caracteriza”, por ello su obra a nivel cromático se vuelve más sintética y se centra en las tonalidades neutras, solamente se rompe la composición mediante unos grafitis blancos. Son piezas que recuerdan de algún modo a Basquiat o Haring, como por ejemplo Vu a New York (1989).
Se expone un tríptico procedente del Ayuntamiento de la ciudad que hasta la fecha no había salido de él, pero que pertenece a la colección del MACBA. Se titula Tríptic del 92 (1991) y que fue creado con motivo del 1100 aniversario de la ciudad. En él aparecen signos, símbolos, huellas, gestos, cromatismos, collages, gofrados, gestos, pliegues…, o sea la mayoría de elementos del universo Clavé.
Una obra proveniente del MACBA tiene como registro el nº 001, ya que fue adquirida incluso antes de que se inaugurara el museo. Se trata D’ara i d’abans (1987), donación de la sala Gaspar-Antoni Clavé. Otra pieza importante es un tríptico que presidia la Bienal de Venecia de 1984 ubicado en el Pabellón de España.

Y ahora qué, 1934. © Antoni Clavé, VEGAP, Barcelona, 2025
Respecto al Reial Cercle Artístic, la exposición se centra en el Clavé más poliédrico, o sea en la investigación y creación de materiales bien diversos como el bronce, el cartón, la madera y los textiles. Los ensamblajes y esculturas que se exhiben demuestran la gran dosis de creatividad que atesoran cada una de las obras que, en muchos casos, se han realizado con objetos reciclados provenientes, la mayoría de ellos, de uso cotidiano, pero que él transforma y convierte en verdaderas obras de arte, o sea “otorgándoles una nueva vida y un nuevo lenguaje”.
Una pieza muy interesante es el ensamblaje Roy de copas (1966) a modo de tapiz. En cambio, Drôle de trycicle (1986) es de bronce y Toujours à mon souvenir (1985) es totalmente de madera. Em ambos casos el artista, como hemos indicado anteriormente, distorsiona o reforma un objeto determinado para darle otro contenido, aunque no tenga ninguna función real.
Además, hay un gran número de grabados cuyos temas no se alejan demasiado de sus pinturas. La serie Instrument étrange (1980) está realizada con las técnicas del carborundo en colores y gofrados. De todos modos, la pieza más antigua es el óleo sobre tela El torero (1940), una obra plenamente figurativa representando a un toreador sentado a modo de retrato.
En la galeria Joan Gaspar se muestra Clavé en escena, a través de una selección de escenografías, aunque no es la primera vez que se exhiben, ya que en los años ochenta ya se habían mostrado en el Palau Güell, que en aquel momento era el archivo y museo del Institut del Teatre.
La exposición está compuesta principalmente por gouaches y tintas sobre papel, entre ellos Los Caprichos (1946), inspirado en los aguafuertes de Goya, donde aparecen las figuras de un torero y una maja, que fue el primer encargo escenográfico en París. De la ópera Carmen (1949) hay una serie de obras que van desde el proyecto del telón, el cartel y la escenografía de la taberna de Lilas Pastia, a la aparición de algunos figurantes. Otros gouaches se basan en las escenografías y coreografías de Ballabille (1950), Revenge (1951), Don Perlimplín (1952), Las noces de Fígaro (1952) y Deuil en 24 heures (1953). También merece atención un teatrillo correspondiente al acto II de la Cámara de Don Perlimplín. Para Anna Riera, autora del libro Antoni Clavé y el teatro, la aportación de Clavé al terreno escénico se basa en “transformar el espacio teatral en una obra de arte viva, en que su escenografía trascendía el decorado para convertirse en una expresión personal, llena de vida y modernidad”.
Finalmente, en la galería Dolors Junyent se exhiben pinturas y grabados de diferentes épocas del artista, entre las que destacan el óleo Guerrier a l’oeil blue (1960), donde predominan las tonalidades azules respecto al color negro que ocupa el centro de la composición. En cambio en la litografía La Sainte Famille (1951) se observa un Clavé aún inmerso en el terreno más figurativo donde enlaza y combina los personajes que aparecen en la obra con algunos elementos geométricos próximos a un determinado simbolismo cercano al cristianismo.

