
Estampa 25. Fotos: Vera Icon
ESTAMPA 2025 by Vera Icon
Os iba a poner a caer de un burro, como acostumbro, pero como no me hacéis ni caso voy a cambiar de estrategia e intentar mirar las cosas por el lado bueno.
Qué felicidad tener una feria de arte para cada estación y poder plantarte esos trapos que en ningún otro sitio ni ocasión te atreverías a ponerte. Esos que en cualquier otro lugar te convertirían ipso facto en el hazmerreir y la comidilla durante meses se convierten en una feria de arte en todo un statement, un hito provocador, una pica en Flandes. Puedes jugar con el look más imposible que se te ocurra: homeless neoliberal, motera geriátrica, Melania asesina. Triunfo seguro. Cualquier cosa, no hay que pensar mucho. Todo vale. En el delicioso octubre de Madrid aprovechamos además los modelitos de entretiempo, que son lo más difícil de combinar.



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Aunque en el primer mundo ya vemos los primeros indicios de la inminente implosión catastrófica del mercado del arte de hoy en día, nos empeñamos en la huida hacia adelante como si no hubiera un mañana. En las ciudades donde de verdad el arte contemporáneo es negocio, las galerías gordas declaran ‘cambio de objetivos’ (bancarrota) a medida que se aproxima la debacle general. Las grandes señoras galeristas van a la cárcel. Los coleccionistas venden en lugar de comprar. Y a pesar de todo, cada vez aparecen más ferias por todas partes, con sus consiguientes vuelos low cost e incremento disparado de la huella de carbono. Más y más ferias en las que no se amortiza, y más y más galerías que se apuntan al ya obsoleto ‘pagar para vender’. Dicen que les compensa. Permíteme dudarlo, pero ellas sabrán. Aquí en la semiperiferia peninsular se ve venir el tsunami, pero nos hacemos los suecos y tiramos la casa por la ventana a ver si por fin cae un pelotazo. Total, el mercado aquí es raquítico, así que poco se va a notar.
Oí a un curator esloveno decir lo que ya he oído cuarenta veces en otras tantas ferias clonadas: ‘Estamos deseando que se acabe ya este despropósito y podamos reconstruir el sistema del arte desde la responsabilidad social y la sostenibilidad y bla-bla’. Ya te digo yo que va a ser que no. Qué pereza empezar de cero. Ya inflaremos otra burbuja cuando esta haya reventado definitivamente.



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Como en todos los momentos rococó y turbulentos como los actuales, al menos me congratula ver en una feria como ésta más propuestas Chic Kitsch y menos situacionismo, formalismo zombi y boutades poscoloniales con manual de instrucciones soporífero. El Chic Kitsch no engaña a nadie, va de frente, no necesita cartelas ni excusas, queda bien en cualquier sitio y brilla por sí solo. Diversión, fantasía, glamour, luxe, calme, volupté. Vuelve la posmodernidad clásica. Visto lo visto, yo firmo ya.

