Sergio Prego: «Trece a Centauro» – Una Transformación Escultórica en el Museo de Bellas Artes de Bilbao

Por María Sánchez Larsson

El Museo de Bellas Artes de Bilbao está inmerso en un ambicioso proyecto de expansión arquitectónica que ha dado lugar a la iniciativa expositiva BBKateak, un programa dinámico creado para ofrecer nuevas narrativas a la colección permanente durante este periodo de transformación. Este proyecto se distingue por presentaciones actualizadas periódicamente que generan diálogos inesperados entre artistas de diversas épocas y contextos culturales, sugiriendo una visión del arte en constante evolución.

Inaugurando este programa, Sergio Prego (San Sebastián, 1969) presenta Trece a Centauro, una instalación site-specific diseñada específicamente para las salas del edificio antiguo del museo, aprovechando el vaciamiento de obras debido a las obras de ampliación. Esta intervención no solo responde a las circunstancias excepcionales del museo, sino que transforma radicalmente la percepción espacial y arquitectónica de sus salas.

Trece a Centauro es una instalación escultórica de gran escala que ocupa diez salas contiguas del edificio antiguo del museo, precisamente aquellas más afectadas por los trabajos de ampliación. Prego utiliza la «excepcionalidad del vaciamiento» para proponer una experiencia inmersiva donde la escultura dialoga intensamente con la arquitectura interior. El título de la obra hace referencia al relato de ciencia ficción Trece a Centauro de J.G. Ballard, que describe un experimento de aislamiento interestelar intergeneracional. En este cuento, se examinan las tensiones entre utopía y distopía, así como los dilemas éticos del progreso moderno—temas que resuenan en la instalación de Prego al evocar ideas de confinamiento, alienación y la fragilidad de los proyectos humanos ambiciosos.

El elemento principal de la instalación consiste en una serie de catorce módulos neumáticos de gran tamaño, diseñados específicamente para las salas que ocupan. Estas estructuras están organizadas en relación con ejes de simetría entre los espacios, creando un patrón en el que los elementos se enlazan—algunos en continuidad física y otros separados por muros o espacios vacíos. La membrana de estos módulos toma el tetraedro como modelo abstracto estructural. Este sólido regular de cuatro caras triangulares se distingue por su simplicidad y consistencia estructural, pero también por su incapacidad para alinearse con los sistemas ortogonales de coordenadas, generando espacios intersticiales que distorsionan la geometría arquitectónica de las salas. Al inflarse, estos tetraedros se convierten en formas curvas y orgánicas, similares a topologías donde solo son visibles las aristas que conectan la cadena de módulos.

La instalación se extiende en dos alas arquitectónicas con configuraciones diferentes:En un ala, cinco salas contienen módulos de membranas translúcidas que ocupan exactamente la mitad del ancho de las salas, interponiéndose en el recorrido lineal y generando una circulación sinuosa. El espectador experimenta cercanía física con estas estructuras, que filtran la luz de los lucernarios, alterando perceptual y físicamente el tránsito espacial.

 En el ala opuesta, cinco salas albergan módulos de membranas negras y opacas, suspendidos en la pared sobre el friso y situados en la mitad contraria al flujo de tránsito. Estos «masivos cuerpos negros» actúan como entidades contemplativas, distanciadas del recorrido, pero imponentes en su presencia.

Prego incorpora dibujos figurativos distribuidos a lo largo de la exposición, que representan formas humanas familiares en diálogo—y discordancia—con la «violencia» abstracta y orgánica de los módulos neumáticos. Además, intervenciones con fotografías de obras de la colección, insertadas dentro de membranas neumáticas enmarcadas en los frisos, median la visión del espectador y reflexionan sobre la función preservadora del museo, desvaneciendo las imágenes en una «bruma» que cuestiona el acceso al arte en este contexto de transformación.

Artística y conceptualmente, Trece a Centauro se inserta en la genealogía de la arquitectura neumática experimental de los años 60 y 70, con referentes como José Miguel de Prada Poole, Ant Farm o Hans Walter Muller. Estos visionarios cuestionaron el uso masivo de recursos materiales y propusieron formas alternativas de habitar, ideas que Prego vehicula a través del cuestionamiento de «la masa material como elemento constitutivo de la experiencia espacial». Esta línea de investigación no es nueva en la trayectoria de Prego; su trabajo previo, como la exposición Poured Architecture: Sergio Prego on Miguel Fisac (Graham Foundation, Chicago, 2020), ya exploraba sinergias entre escultura y arquitectura a través de materiales como el hormigón y las membranas neumáticas, dialogando con la innovadora técnicas de Fisac como arquitectura vertida (hormigón vertido) y las «vigas hueso».

Sergio Prego, afincado en Brooklyn (Nueva York), desarrolla su práctica en torno a la escultura con una fuerte perspectiva performativa. Formado en talleres de Arteleku (San Sebastián) impartidos por Juan Luis Moraza, Txomin Badiola y Ángel Bados, su trabajo se nutre de colaboraciones interdisciplinares.

Entre 1996 y 2002, trabajó en el estudio de Vito Acconci, donde fue el único artista en un equipo compuesto por ingenieros y arquitectos, una experiencia que influyó en su enfoque hacia el arte público y la arquitectura. Esta formación explica su conocimiento sobre estructuras neumáticas y su interés en difuminar las fronteras entre disciplinas. Prego ha estado involucrado en proyectos destacados como el PRIMER PROFORMA 2010 en el MUSAC y representó a España en la 58ª Bienal de Venecia (2019) junto a Itziar Okariz. Su obra frecuentemente examina conceptos de masa, vacío y escala, haciendo referencia a intervenciones inflables arquitectónicas históricas de Archigram, Buckminster Fuller o Frei Otto. Trece a Centauro es, de hecho, su segunda intervención específica en el Museo de Bellas Artes de Bilbao; ya en 2001, con motivo de la exposición Gaur, Hemen, Orain, realizó una instalación sonora titulada House, Where is House?. La intervención de Prego va más allá de lo meramente escultórico para convertirse en un comentario sobre la metamorfosis institucional. Al ocupar salas vacías afectadas por la ampliación, la instalación actúa como un «diafragma» que se abre o cierra según las necesidades derivadas del proceso de transformación, simbolizando la naturaleza adaptable y fluida del museo contemporáneo. Esta obra no solo proporciona una experiencia sensorial intensa—donde el espectador navega entre masas neumáticas que distorsionan el espacio y la luz—sino que también invita a una profunda reflexión sobre la relación entre arte, arquitectura y las narrativas de progreso. Trece a Centauro de Sergio Prego es una propuesta audaz que transforma la limitación temporal del vaciamiento en una oportunidad para reimaginar radicalmente el espacio museístico. A través de módulos neumáticos que desafían la ortogonalidad arquitectónica, dibujos que humanizan la abstracción y referentes literarios que amplían capas conceptuales, Prego no solo ofrece una experiencia escultórica única, sino que también inscribe su trabajo dentro de cuestionamientos mayores.

Sergio Prego. Trece a Centauro

Hasta el 05-10-2025

Museo de Bellas Artes de Bilbao 

Museo Plaza, 2, Abando, 48009 Bilbao, Bizkaia

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