El patio de la luz.

Por Carlos Jiménez

Arancha Goyeneche ha expuesto en cincuenta oportunidades su obra, pero creo que ninguna de ellas la ha hecho en un recinto donde la arquitectura sea el testigo de una confrontación cultural tan intensa como la que escenifica la sede del Banco Santander de la calle Hernán Cortés de la capital cántabra. Los protagonistas son el arquitecto cántabro Casimiro Pérez Rivas, autor del proyecto inicial del edificio, inaugurado en 1902, y responsable tanto de la fábrica del mismo como de sus impresionantes fachadas. El segundo es el Estudio de arquitectura Cruz y Ortiz, diseñador de la última reforma del mismo, la misma que le ha dado su aspecto actual. Creo que Cruz y Ortiz no se habían enfrentado antes al desafío de mantenerse fiel a concepción de la arquitectura y a sus tomas de partido estéticas como el que supuso intervenir en un edificio tan opuestas a ellas. Cierto. No es la primera vez que han aceptado desafíos equiparables. Que allí está para probarlo su modélica reforma del Rijksmuseum de Ámsterdam, en la que opusieron su habitual predilección por la elegancia y la sobriedad formal, al promiscuo historicismo regionalista del proyecto inicial del arquitecto Pieter Cuypers, de finales del siglo XIX.

Pero en esta sede el equipo tuvo que enfrentarse al abigarramiento desaforado que caracteriza la imagen urbana del proyecto de Pérez Rivas. Que se puede calificar de “ecléctico” a condición de circunscribir el termino al ámbito definido por el legado de la antigüedad grecorromana y sus reelaboraciones renacentistas, manieristas, barrocas y Beaux arts. La sola enumeración de los elementos que adornan las fachadas nos tramite una idea de su exceso: arcos, almohadillados, balcones, cariátides, columnas, cornisas, dinteles, floreros, medallones, metopas, torreones, etcétera. Pero no es suficiente. A la lista hay que añadir su heterogeneidad estilística. El conjunto es un catálogo piranesiano de variaciones variopintas de dichos elementos, cuya unidad solo parece asegurar el blanco marmóreo que los unifica a todos.

Cruz y Ortiz respetaron, como no podía ser de otro modo, el abigarramiento formal en las fachadas, pero lo negaron en la reforma del interior de edificio, radicalmente minimalista. Suprimieron en todos los pisos los tabiques antes existentes para generar espacios diáfanos, limitados por barandas de cristal y amoblados con el mobiliario igualmente minimalista que suelen disponer en sus proyectos.  Conservaron las columnas originales de hierro forjado, pero las recubrieron y pintaron de blanco, para conservar su función portante y neutralizar simultáneamente su complicada ornamentación. Gracias estas decisiones ingresar en esta sede del Banco Santander es olvidar todo rastro del pasado para sumergirse en un presente perfecto. Todo articulado por un atrio iluminado cenitalmente. Ellos también tienen predilección por la luz natural. 

Se comprende entonces que Arancha Goyeneche haya llamado a su obra Patio de luz. Lo hizo tanto en homenaje a la luminosidad del poderoso atrio que domina el conjunto, como por su deseo de atraerla hasta el espacio que le fue asignado. Se llama Work Café y es un lugar para el coworking con su respectiva cafetería, situado en el sótano que, aunque está espacial y visualmente conectado con el atrio, no recibe obviamente la misma cantidad de luz natural que reciben las plantas superiores. Por lo que las 14 piezas que integran esta obra son reflejantes: devuelven la luz que reciben. Que, como es habitual en su trabajo, son mosaicos vibrantes de colores cálidos, hechos con tiras de material sintético que evocan, según ella, “los alicatados y las cerámicas de la tradición hispano-árabe”. Completa la obra los mosaicos puestos en el interior de las cúpulas que coronan las torres situadas en las cuatro esquinas del edificio. Son visibles desde la calle y se iluminan de noche.

Banco Santander | Cl Hernan Cortes, 61, Santander

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