Amelia Moreno

Amelia Moreno: una pintora insular.

Por Carlos Jiménez.

Puede resultar sorprendente que califique de “insular” a una pintora nacida en medio de las llanuras sin fin de la Mancha y que pasó una buena parte de su vida y de su obra repartiendo el tiempo entre Madrid y Nueva York. Pero si acudo a este recurso ingenioso es porque ella, gracias a su disciplina y obstinación logró acuñar un corpus pictórico inconfundible. Y por inconfundible, aislado, insular, en el ámbito de la pintura española, delimitado por las obras de referencia del último medio siglo. Ninguno de los calificativos puestos a su obra – abstracta, expresionista, minimalista, feminista, etcétera- la capta del todo. Y no porque, en el conjunto de la misma falten rasgos, énfasis, características que legitiman dichas calificaciones, sino porque ninguno de tales rasgos agota la rotunda singularidad de su obra.

La singularidad que pone en evidencia esta exposición, una retrospectiva sabiamente curada por Jorge Jiménez, que reúne un centenar de obras que permiten reconstruir cómo fue que ella convirtió a la pintura en su pintura. Alcanzar ese punto de singularidad inconfundible que vengo de mencionar.  Jiménez nos advierte que esta exposición no sigue un orden lineal, desde las obras del comienzo hasta las del final. Que lo que él ha hecho es ordenar la exposición por capítulos, reuniendo en cada uno de los siete las obras que se distinguen de las demás porque son resultado de las investigaciones estéticas características de un momento determinado de la trayectoria artística de Amelia Moreno.

A. Moreno. Autoretrato,1994

Esta cautela suya no impide, sino que por el contrario facilita, que descubramos en la base de las diferencias existentes entre las obras agrupadas por los distintos capítulos un impulso común, un propósito irrenunciable de apoderarse de la pintura, de hacerla suya, como ya dije.  Amelia compartió con los pintores del Action paiting y del Expresionismo abstracto el deseo de dejar su huella en la pintura empleando de manera personalísima la mancha, el goteo o brochazo tan virulento como irrepetible. La diferencia es que ella lo hizo guiada por un espíritu geométrico. La voluntad, evidente en tantos y tantos episodios de su obra, de encajar en formas amorfas – valga el oxímoron – la deliberada espontaneidad de la pincelada o del grafismo- otro oxímoron. 

Por lo que no sorprende que Jiménez haya decidido titular la exposición utilizando dos términos contradictorios: el temperamento y la calma, contando con el sobreentendido de que Amalia Moreno disciplinaba su temperamento apasionado, volcánico si se quiere, con una pintura perseguía incansablemente la calma, eso sí, sin nunca lograr alcanzarla del todo.

Cabe advertir sin embargo que este juego de oposiciones queda frecuentemente absorbido en su pintura por un espacio que me atrevo a calificar de claustrofóbico. Resultado de la repetición obsesiva de innumerable de pinceladas breves, nerviosas, que se van ayuntando y superponiendo hasta cegar completamente el espacio del cuadro.  Cierto, el espacio logra recuperar cierto grado de claridad en aquellos cuadros organizados por bandas o franjas. La exigua claridad de la raja, el entresijo o la grieta, angostada por la desbordante aglomeración filamentos y de trazos minúsculos que le dan cuerpo a cada una de tales bandas. 

A.Moreno. Filamentos, 1994.

Hay dos obras en la exposición que muestran hasta qué punto el deseo de Amelia Moreno de explorar todas las posibilidades que la pintura como tal puede ofrecer, tendió a confundirse con la búsqueda incesante de sí misma. Con ese preguntar por quién eres en realidad, fijado como objetivo por el existencialismo y en ultimas por la tradición introspectiva inaugurada entre nosotros por Agustín de Hipona.  El primero es un cuadro de gran tamaño, titulado Autorretrato en el que ella misma se representa crucificada. El segundo es una serie de 12 obras sobre papel titulada sintomáticamente Filamentos, en las que muchos hemos querido ver otras tantas representaciones de su pubis.

Amelia Moreno. El temperamento y la calma. Casa Museo Zabala de Cuenca. Organiza Fundación Antonio Pérez. Hasta el 12 de octubre.

Carlos Jiménez

Carlos Jiménez Moreno

Arquitecto, Historiador y crítico de arte. Director de los Encuentros «en defensa del arte contemporáneo» IAC. Ha ejercido la crítica de arte en los principales periódicos y revistas de España y América Latina. Ha publicado diez libros sobre arte contemporáneo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad