
Stand de la galería Néboa, con obras en lienzo de Andrés Rivas Rodís y esculturas de Andrea Dávila Rubio
ARTESANTANDER 2025. Territorios, naturaleza, violencia y religión
Por Pablo Montalbán
Naturaleza, violencia, guerra, religión, feminismo, territorios y costumbres. Estos son algunos de los temas que rodearon las obras expuestas en la Feria ARTESANTANDER, que concluyó el martes 15 de julio su edición n.º 33. Participaron 41 galerías y 5 editoriales, y pudo verse una buena muestra del momento actual. Un verano más, la capital cántabra se confirmó como una pequeña meca del coleccionismo de arte contemporáneo.
Visitar ARTESANTANDER supone una experiencia agradable: el formato es manejable, puede verse con calma sin terminar demasiado fatigado; y el edificio donde se celebra, el Palacio de Exposiciones y Congresos ―enfrente del estadio del Racing, para los forofos del fútbol― presenta una arquitectura funcional, de ladrillo y hormigón combinados con enormes cristaleras que, tras las galerías de arte, permiten ver la vegetación exterior y dejan pasar la luz de la tarde que va reflejándose sobre las obras.
El stand de la galería Néboa, radicada en Lugo y con un año y medio de existencia, fue, en mi opinión, el mejor. Contó con obras de dos artistas emergentes, Andrea Dávila Rubio y Andrés Rivas Rodís, y la museografía se organizó con un estilo elegante y cuidado, con un resultado, en conjunto e individual, verdaderamente hermoso.

Esculturas de Andrea Dávila
De Andrea Dávila (Boiro, 1995) trajeron sus esculturas procedentes de su proyecto A sweety dispersal into the fog, que tratan la relación entre el cuerpo humano y su entorno -en su caso, el patrimonio natural gallego-, bajo un prisma feminista. Una de sus obras recupera la sensación de bañarse en la ría. Otras dos, formadas por tubos de acero inoxidable que contienen ramas de xesta ―en gallego, retama―, recuerdan el ritual de la noche de San Juan. De origen celta, se trata de reunir ramos de plantas aromáticas, como el romero o la xesta, para dejarlas en un jarrón a la luz de la luna. A la mañana siguiente, uno se ha de lavar el cuerpo con esa agua de propiedades curativas. La xesta vuelve a mostrarse en otras esculturas, esta vez brotando de la pared junto a una pinza en forma de mariposa, que la convierten en una melena del bosque. Las interesantes obras de Andrés Rivas (Santiago de Compostela, 2000), abstractas y coloristas, combinan la pintura de gran y de pequeño formato, y dialogaban en elegante armonía con las delicadas piezas de Dávila.
Justo en frente, se ubicaba el stand de OB Contemporary, galería radicada en el barrio madrileño de Carabanchel y abierta hace poco más de año. La museografía de su stand también fue un acierto. Entre las obras de Fernando Rodríguez Falcón (Matanzas, Cuba, 1970), llevaron unos bastones o cayados, dispuestos radialmente como en media rueda de bicicleta, donde el artista ha tallado a un personaje de ficción, creado por él y recurrente en su obra. A su lado, un recogedor de escoba da cobijo a pequeñas figuras que representan al pueblo cubano, cuyos colores indican su preferencia política. Y próximo, tres cuadros coloridos, que recuerdan a Van Gogh, configurados bajo una difícil técnica: la construcción de la imagen a partir de papeles de revistas sin alterar su color. La otra parte del stand contenía la obra del artista Pablo Sandoval (Murcia, 1993), que expuso unas curiosas esculturas de metal, y dibujos de naturaleza y bestiario fantástico que ha creado con IA.

Stand de OB Contemporary con las obras de Fernando Rodríguez Falcón

Cayados de Fernando Rodríguez Falcón
También en ese pasillo se encontraba el stand de Espacio Derivado, una joven galería sevillana que merece la pena visitar en su propio entorno, ubicada en una planta baja y alrededor de un hermoso patio. Destacaba la pieza de Rafa Chinchilla (Ciudad Real, 1992), que ha fabricado trescientas y pico lágrimas, las de todas las vírgenes dolorosas de Sevilla, y que metió en un antiguo relicario que compró en una almoneda. También en consonancia y diálogo con la iconografía religiosa, destacó la obra de Paula Santomé (Vigo, 1994), Miedos y deseos atemporales, que ha recibido el Premio Exposición del Puerto de Santander este año. Las piezas, realizadas en repujado en aluminio, una técnica antigua de orfebrería que usaba el clero, ilustran expresiones y detalles como un puñetazo o una boca abierta de dolor.

Relicario de Rafa Chinchilla
La galería Artízar, radicada en Tenerife y que en septiembre abrirá sede en Madrid, en la calle Doctor Fourquet, llevó obras del maravilloso Ángel Padrón (Tenerife, 1969). Artista y galería reivindican la canariedad y se sitúan como un foco de representación del archipiélago en el panorama artístico nacional, ya que las condiciones de insularidad invisibilizan y apartan de alguna forma a los artistas canarios, siempre más alejados. Una bellísima composición en triángulo de Padrón formada por pequeños cuadros con motivos marinos y estelares, poblados de azul, llaman la atención del visitante. Sus obras esconden cierto halo de misterio. De él también es una pieza negra y arrugada que emula el cielo estrellado. El artista y la comisaria Dalia de la Rosa presentaron _Raya_, la monografía de Padrón, en las charlas de la feria.

Ángel Padrón, Estar en el mundo (Todas las islas del mundo), 1998, Óleo sobre tela en madera, 300 x 182 cm
Dentro de la propuesta internacional, destaco dos artistas de dos galerías, cuyas obras tienen en común el uso de la violencia, la historia política y los acontecimientos contemporáneos fruto de guerras, terrorismo o dictaduras en Europa. Las dos piezas de Rachel Libeskind (Milán, 1989), expuestas en la galería Wildpalms de Dusseldorf, constan de fragmentos de acero inoxidable cortados a mano, donde se han serigrafiado sendas fotografías: la primera capta el momento en el que estalla una bomba del IRA en Irlanda, y refleja el instante de una imagen en movimiento; y la segunda muestra a unas chicas que levantan un mapa con las modificaciones urbanísticas, en el Berlín oriental.

Rachel Libeskind. Serigrafía sobre acero inoxidable, imagen de una bomba del IRA en Irlanda
Por otro lado, el espacio A Pick Gallery, de Turín, trajo la interesante obra de Leila Erdman-Tabukashvili (Siberia, 1995). La artista configura sus piezas como un conjunto donde alterna imágenes con texto. Las temáticas tratan la violencia, como una manifestación en Georgia donde se fotografía a un chico que terminó muerto en la cárcel, o una niña rusa con una pistola. Leila no puede exponer en Rusia y vive exiliada de su país natal. El conjunto de la obra muestra imágenes de una acción en movimiento, que nos dan la pista de lo que ha podido pasar y que maridan entre ellas y junto al texto para adquirir también nuevas significaciones.

Composición de Leila Erdman-Tabukashvili

