
El recuerdo inmortalizado en una habitación
Por Pablo Montalbán
Pensemos en una pérdida, un ser querido que ha muerto, una pareja con la que rompimos, un objeto que ya no tenemos, una sensación olvidada que anhelamos o una noche de borrachera que no recordamos. Busquemos aquellos objetos que acompañan a esa imagen, y reconstruyamos ese recuerdo en una habitación imaginaria. Esta es la idea que rige la propuesta de Laura Pascual (Getafe, Madrid, 1995), ganadora de la ayuda INJUVE 2025 a la creación joven. Su instalación Detalles de una habitación imaginaria puede verse en la Sala Amadís de Madrid los viernes a las 19 h hasta el 4 de julio.

Laura Pascual perdió a su padre hace seis años. Tras el duelo, pensó en hacer una pieza artística, tal vez un documental sobre su progenitor, y creó un drive de Google donde almacenaba sus ideas. Un día, recibe una llamada a su móvil de un chico que ha visto en Google el cine Detalles de una habitación imaginaria. Está cerca de su barrio y quiere acercarse a ver una película. Laura cuelga anonadada, pero recapacita y le llama. El nombre del cine es su proyecto para honrar la memoria de su padre. No se explica cómo ha llegado a crearse un cine en Google en el que aparece la dirección de su casa y su teléfono. Curiosamente, el cine tiene dos reseñas positivas (“una sala muy cómoda”). Tras este hecho y un viaje a México donde visita panteones y asiste a las fiestas del Día de difuntos, arma Detalles de una habitación imaginaria, su performance inmersiva.

Al bajar a la Sala Amadís del Injuve de Madrid, forrada de paredes rojas, el visitante se encuentra con una taquilla de cine y un palomitero, que parece salido de una obra de David Lynch. La autora y el actor Pablo Orteu interpretan el texto en varios puntos de la sala, leen haikus acompañados por la música de Álvaro Mansilla. La obra, a caballo entre la instalación y la performance, es inmersiva. El público participa en algunas escenas y se mueve por la sala hasta la sorpresa final: una habitación plagada de objetos que la autora ha recopilado: juguetes, pelucas, teteras, cintas de música, un buzón de correos o abanicos, cerca de 500 cachivaches recolectados a través de Wallapop o de préstamos.
El visitante se sumerge en este gran trastero para elegir algunos objetos con los que construirá su habitación propia en las baldas de la sala. Allí, depositará su pérdida, o lo que recuerda de ella, manipulada por la construcción mental que cada uno tiene de su propio recuerdo. La habitación imaginaria de Laura Pascual encarna la pérdida de su padre, poblada de objetos como una cama en el techo, libros, balones de futbol, y la colección de relojes, que reposan sobre joyeros que simulan bocaditos de nata de plastilina, realizados por Natalia García Enríquez. Suya es también la gran viga en el techo donde se apoyan muñecos y kens que recrean la imagen de los obreros en el edificio Rockefeller de Nueva York, una genialidad.

Iván Casuso, realizador de la pieza, cuenta que algunas personas salen de la performance afectados por ese recuerdo que han dejado en la habitación. Otros se marchan aliviados. Lo que es seguro es que esta experiencia remueve. Hay algo inquietante en esa acumulación de objetos de personas tan diferentes, como los que encontramos en un mercadillo callejero. Y hay algo del más allá que permanece con nosotros siempre en el más acá en una habitación imaginaria casi platónica que alberga nuestra mente, tan poderosa.
Laura Pascual. Detalles de una habitación imaginaria
Sala Amadís, INJUVE, Madrid.
Del 5 de junio al 4 de julio. Performance los viernes a las 19 h. Inscripción previa.

