CANOGAR

Rafael Canogar. BIZAMCIO, 2003. Técnica mixta construcción en madera, óleo y pan de oro sobre tabla. 244 x 350 cm. Fotos: J. Cámara

Rafael Canogar, [I] Realidades [Obras 1949-2024]

Por Jesús Cámara.

La inauguración de CentroCentro bajo la dirección artística de Julieta de Haro no podía haber sido más acertada. La exposición Rafael Canogar (Toledo, 1935), [I] Realidades [Obras 1949-2024], comisariada por Alfonso de la Torre, reúne medio centenar de pinturas, collages y relieves escultóricos que trazan un recorrido por más de siete décadas de creación de este pionero del informalismo español, quien alcanzó el éxito a una edad temprana. Siempre ha evitado tanto el academicismo extremo como la repetición de fórmulas o recetas, manteniéndose en una constante exploración e innovación dentro de la pintura, lo que lo ha consolidado como un referente indiscutible.

La última retrospectiva de Canogar en Madrid tuvo lugar en 2001 en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, comisariada por el profesor y académico Víctor Nieto Alcaide. Ahora, casi 25 años después, esta nueva muestra abarca prácticamente un tercio más de su extensa trayectoria.

El comisario ha estructurado la exposición en cinco capítulos que exploran el tránsito entre lo representativo y lo abstracto. Más que seguir un orden estrictamente cronológico, ha asumido el reto de ofrecer una lectura arriesgada y reveladora, posible solo para alguien con un profundo conocimiento del artista. El resultado es un éxito rotundo: la muestra logra plasmar, con concisión y claridad, las claves de un camino vasto y constante, marcado por el incesante acto de pintar.

Rafael Canogar, Jardín de Vázquez Díaz (1949).-58 x 41 cm.Óleo sobre tabla. Fotos: J. Cámara

No es casual que la exposición se inicie con Jardín de Vázquez Díaz (1949), un óleo sobre tabla que rinde homenaje a su maestro —también referente de otros artistas como su paisano onubense José Caballero— y que deja entrever su entusiasmo juvenil y devoción por la pintura.

Durante la década de 1950, sus pinturas abstractas e informalistas le valieron un temprano reconocimiento. Su participación en el grupo El Paso fue determinante para la renovación de la pintura española del siglo XX, logrando además una proyección internacional sin precedentes para nuestro arte. Estas obras se exhiben aquí —otro acierto notable— sobre un fondo negro, iluminadas por una luz focal que resalta cada detalle y genera un aura que oscila entre lo sagrado y el desgarrador grito de la desesperación.

Las creaciones de los años 60 y principios de los 70 se han convertido en iconos de nuestra memoria colectiva reciente. A través del realismo de sus escultopinturas, Canogar supo transmitir un mensaje claro y contundente de rechazo a la violencia y defensa de las libertades. Con la llegada de la democracia, dejó atrás el realismo social y la figuración para volver a la abstracción, en busca de la esencia misma de la pintura.

Rafael Canogar. ESCENA URBANA. 1970. Construcción en poliéster y fibra de vidrio pintada al óleo sobre tabla.170 x 500 cm.Fotos:

J. Cámara

Desde su exposición de 1982 en las Salas Pablo Ruiz Picasso, comenzó a introducir, en palabras de Nieto Alcaide, una iconografía en torno a la cabeza humana, basada en esquemas que remiten al primitivismo constante en el arte contemporáneo, con un trazo y un dibujo de espontaneidad expresiva.

En la pintura de los noventa, se centra en imágenes fragmentadas de cuadros o de la realidad misma, rompiendo con los formatos convencionales. A medida que avanza el siglo XXI, la construcción geométrica y la forma van desvaneciéndose en pos de la esencia pura de la pintura.

En 2023 tuve el honor y el placer de comisariar la exposición Huellas, presentada en el Centro Cultural Mira de Pozuelo de Alarcón y en 2024 en Santa María la Rica de Alcalá de Henares. La muestra exhibía una selección de sus pinturas más recientes -concretamente de los últimos cuatro años- realizadas sobre metacrilato, algunas de las cuales forman parte de la exposición actual. En el catálogo de aquella ocasión escribí:

«La experimentación con nuevas técnicas y el aporte de nuevos materiales es algo consustancial en la obra de Canogar. Ya en los años 70 exploró las posibilidades de las resinas en esas esculturas que se integraban, o más bien emergían de sus pinturas. En esta nueva etapa abstracta, probó con la pintura sobre dibond, pero pronto descubrió en el metacrilato un juego artístico que el aluminio no podía ofrecer. Canogar convierte la transparencia en materia misma del cuadro.

Con el metacrilato, el artista descubre el dominio de los 360 grados en la bidimensionalidad del formato tradicional del cuadro. Al alto por ancho de siempre, se suma, en el mismo acto, el delante y el detrás, y todo se integra en un algo único y nuevo en apariencia y textura. Por detrás no solo asoma, sino que reina el óleo, imponiendo la templanza, la mesura del color plano, no necesariamente uniforme, haciendo notar que  la mano del artista siempre está presente. Burbujillas, grumos, motas, pequeños vacíos o gotas fuera de sitio, hablan más que dicen del no ceder a la perfección si es a costa de la expresión, rasgo determinante de la personalidad artística de Canogar. 

Rafael Canogar. VIENTO. 2023. Acrílico sobre metacrilato. 200 x 150 cm. Fotos: J. Cámara

Por delante, el acrílico, donde se centra el gesto, que a veces se convierte en trallazo. Es el campo del surco, la materia, la expresión. Canogar trasciende la pintura de acción; convierte en activo el espacio vacío entre los dos lados del cuadro. Ambas caras no forman una capa pegada al polímero, sino que lo impregnan, casi como la tinta penetra el papel. Hablamos de pintura, pintura; de pintura total. 

Pero todo es Canogar, tan nuestro y tan suyo, nos deslumbra ahora en el ejercicio constante del color. Es el color como juego, como reto, y como religión. La pintura es desde el principio, y ante todo, color,  y a esa premisa a la que le han llevado décadas de profesión, consagra hoy su arte. Es el color como impacto, como emoción, y un poco, a su manera, como explicación del mundo.

El óleo frecuentemente se presenta en dos planos de color, contrastados, o complementarios, pero siempre en combinación armónica y elegante. Los separa una línea imposible del horizonte que el acrílico rompe, rasgándose, descomponiendo los colores del fondo en cientos de otros tonos y matices, que los diferencia uniéndolos, en una transición frecuentemente violenta, y siempre rica en emoción visual. La bicromía es referencia a la constante dualidad que acecha al ser humano: el norte y el sur, el pasado y el futuro, el cielo y la tierra, el bien y el mal. La franja central anula la dualidad, calla al maniqueísmo, mitiga el contraste. Cabria pensar que nos recuerda que nada es bueno ni malo; que entre el blanco y el negro no solo hay una infinitud de grises, sino que tiene sitio todo el espectro cromático, y que sin la tierra, el cielo no sería cielo. En ocasiones la bicromía no es tal, un tercer color es invitado al ejercicio alquímico de la luz, aportando su diferencia, cobrando protagonismo, cuerpo ,y fuerza su diversidad.

En sus obras más recientes, el negro —ese negro absoluto, tan difícil de percibir por el ojo humano, como de alcanzar por el artista— domina el fondo, y la franja se convierte, más que nunca, en una llamada a la sensibilidad del espectador. Lo gestual se transforma en grito, en reflexión, en paradigma ético y estético.»

Como broche final, la última sala de [I] Realidades nos transporta a la década de los cincuenta con tres pinturas que evocan el universo de Paul Klee y Joan Miró. Un magnífico texto de Manuel Millares sobre Canogar, junto con las reflexiones del propio artista, iluminan con precisión la influencia que marcaron sus primeros pasos en la pintura.

Una exposición única.

Rafael Canogar, [I] Realidades [Obras 1949-2024]

Comisario: Alfonso de la Torre

CentroCentro, hasta el próximo 18 de mayo

Jesús Cámara

Jesús Cámara ha desempeñado cargos de presidencia en asociaciones artísticas, conservación de colecciones pictóricas, dirección de museos y exposiciones, y ha participado activamente en el ámbito de la crítica de arte a nivel nacional e internacional. Trabajó en el Ministerio de Cultura como cordinador de exposiciones y en el Museo Nacional Reina Sofía. Ha sido Conservador de la Colección de Pintura de Unión Española de Explosivos desde 1995 hasta 2005, Director del Museo Salvador Victoria durante el periodo 2003-2010, Director de Exposiciones del Distrito de Ciudad Lineal entre 2009 y 2012, Ha sido Patrono de la Fundación Caballero-Thomás de Carranza.

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