
Ixone Sádaba. Cortesía de Centro Azkuna
Habitar espacios; reconquistar memorias
Por Saray Díaz.
La exposición 1.1 de la artista y fotógrafa Ixone Sádaba (Bilbao, 1977) se instala en el Centro Azkuna (Bilbao) para proponer un espacio de reflexión sobre la memoria colectiva a través de un momento trascendental para el pensamiento contemporáneo como fue la construcción de la central nuclear de Lemoiz. La artista ha trabajado intensamente para generar una experiencia inmersiva que no solo pone en jaque la fotografía y la instalación, sino también cuestiona la relación del espectador con el espacio y su historia. Una magistral fórmula que nos acerca al pasado para imaginar el presente y futuro de esta gigantesca estructura de hormigón que a pesar de que nunca llegó a estar operativa, se convirtió en un símbolo de la lucha antinuclear y de los conflictos políticos que marcaron nuestra historia más reciente.
Lemoiz fue un proyecto clave en la expansión de la energía nuclear durante la dictadura de Franco. La central estaba proyectada para tener dos unidades de 1000 megavatios cada una, lo que representaba una gran capacidad de generación de energía eléctrica. El objetivo era contribuir a la diversificación de fuentes energéticas para España, especialmente en un momento en que la demanda se encontraba en auge. Sin embargo, debido a diversos factores, como la oposición social y los conflictos políticos derivados de la transición hacia la democracia, la central nunca llegó a completarse.

Ixone Sádaba. Cortesía de Centro Azkuna
Esta exposición forma parte de un proyecto más amplio que la artista comenzó en 2020, cuando recibió una beca de la Fundación Leonardo para estudiar las ruinas de la central nuclear. Durante cuatro años, Sádaba llevó a cabo una investigación fotográfica sobre el legado material, simbólico y político de este lugar, una de las tres plantas nucleares que Iberduero proyectó en los años 70 en el País Vasco. Al inicio como un trabajo de investigación documental y un registro de inventario. Pero con el tiempo la propuesta comienza a afinarse como la observación de la escala real de lo acontecido. Una reflexión acerca de todas las escalas posibles que afloran tras esa mole de hormigón.
1.1 representa la escala del conflicto. La medida de todas las cosas. Una invitación a la reflexión sobre el impacto histórico y político de la central de Lemoiz, un lugar cargado de significado y que aún hoy día sigue resonando en la memoria colectiva del País Vasco.
Lemoiz se convirtió en una víctima del desastre ecológico y la violencia medioambiental. Para llevar a cabo el proyecto nuclear se construyó un dique, se desecó la cala y se limaron parte de los bordes. La construcción de la central supuso una intervención en la tierra de una magnitud insólita. Esta operación de excavar el vacío, supuso retirar al menos 80.000 metros cúbicos con la inefable consecuencia intervencionista sobre el mar. Lemoiz no sólo recoge el testigo de la violencia por la construcción de un enclave nuclear sino que la sociedad también sufrió catastróficas consecuencias; familias que vivían en el entorno perdieron sus casas, sus tradiciones y sus formas de vida, además de aquellos que por los actos violentos de ETA perdieron a sus seres queridos. Todos ellos, elementos sensibles y complejos que posibilitan nuevas lecturas. O al menos, corrigen las pasadas. Sin lugar a duda, el ensañamiento nuclear derivó en altos índices de violencia social que hoy en día parecen haber sido silenciados como si de un tabú habláramos. Es entonces cuando se pone en marcha lo que la artista denomina un estado de no acceso. Al igual que sucede con el agujero de la memoria; la central nuclear se convierte en un objeto inhabilitado, no transitado, no negociado. Como una incógnita del pasado sacudida por el paso del tiempo.

Ixone Sádaba. Cortesía de Centro Azkuna
Sobre Lemoiz, solo ha habido un relato y es el relato del conflicto. Pasado el tiempo, la exposición pretende encontrar la posibilidad de generar nuevos relatos. A modo de arqueología política habitamos esos espacios y escenarios políticos para ser descontextualizados fragmento a fragmento y posibilitar así nuevos planteamientos. En definitiva, cambiamos las preguntas para obtener nuevas respuestas.
Al comienzo de la exposición, nos encontramos con la réplica del mirador real construido en 1974 para observar las obras de la central. Según el comisario Carles Guerra, este mirador, se propone como una atalaya desde la que se puede contemplar todas las posibles dimensiones del complejo. El visitante se convierte entonces en la mirada retrospectiva pero también en este propósito es vinculado al futuro, posicionándose así en un lugar intermedio desde donde reflexionar sobre las capas temporales de la memoria.
La proyección de 15 secuencias fotográficas en una pared de 38 metros de largo por 5 metros de alto crea una experiencia que lleva al espectador a un encuentro visceral con los vestigios del pasado. Cómo la magdalena de Proust, los visitantes podrán registrar un archivo del recuerdo a veces corrompido por la efervescencia del tiempo líquido en el que convivimos. Cara a cara. Sin intermediarios. Logrando así cuestionar cómo la memoria se construye, se destruye y se transforma a lo largo del tiempo. Cuánto más aumenta la escala de las imágenes más cerca estamos del conflicto.

Ixone Sádaba. Cortesía de Centro Azkuna
El recorrido genera una sensación de continuidad en el tiempo, borrando las fronteras entre pasado, presente y futuro llevando al espectador a cuestionarse su posición en la historia. Desde una perspectiva filosófica, la obra señala una crisis de la memoria, al enfrentarnos a lo ausente, a lo silenciado, y nos obliga a reflexionar sobre la forma en la que como sociedad tratamos nuestra memoria compartida. Finalmente nos convertimos en testigos de un recorrido que navega por las aguas de la ignorada retentiva. Aquello que hemos visto, nos pertenece. Debemos buscar así la fórmula magistral para conseguir que los tiempos pretéritos conjuguen con el devenir de los tiempos. Es entonces cuando pensaremos en el futuro de los lugares y recuerdos que han sido condenados al olvido.
La central nuclear de Lemoiz es una infraestructura que nunca llegó a operar pero que dejó una huella profunda en la sociedad vasca. Aislada durante más de 40 años y al borde de la desaparición, esta estructura de hormigón contiene bajo toda esa mugre incesante y esa vegetación invasiva todas las capas de su historia y de lo que será su futuro. Ahora es el momento de formular y conjugar el duelo de la forma más justa posible.
En Escala 1.1, Ixone Sádaba y Carles Guerra no solo acentúan la fotografía y la instalación como formas de expresión, sino que también nos empujan como sociedad a invertir tiempo en volver a habitar espacios para reconquistar memorias.
IXONE SÁDABA. «ESCALA 1:1»
Del 6 de febrero al 27 de abril de 2025
COMISARIO, Carles Guerra
Azkuna Zentroa – Alhóndiga Bilbao. Arriquíbar Plaza, 4, Abando, 48010 Bilbo, Bizkaia

Saray Díaz.
Historiadora de arte. Ha trabajado en diversas instituciones culturales; Azkuna Zentroa en Bilbao, Museo de la Paz de Guernica en Gernika, Museo Artium en Vitoria-Gasteiz, Museo del Estanquillo-Colección Carlos Monsiváis en Ciudad de México, Fundación cultural Il Globo en Florencia (Italia).Tiene el Blog manifiestocósmico Análisis y crítica de arte


Fantástica exposición y excelente artículo. Muchas gracias