
Marina González Guerreiro. Canción de río
Hasta el 8 de febrero
Galería NÉBOA
Rúa Lamas de Prado, 31, 27004 Lugo
Comisaria, Laura Tabarés
Marina González Guerreiro presenta «Canción de río», una exposición que explora las complejas relaciones entre el agua, el tiempo y la memoria. La muestra, comisariada por Laura Tabarés, utiliza cerámica, azulejos y objetos escultóricos para crear un ecosistema poético y minucioso que invita al espectador a sumergirse en un universo creativo único
.La exposición se configura como un umbral líquido, una invitación a adentrarse en un mundo acuático donde el cuerpo se introduce en una sustancia que nos compone. Este acto de inmersión puede ser completo o parcial, pero siempre implica una interacción íntima con el elemento agua. En el contexto del taller artístico, el agua actúa como un agente transformador, desgastando y desplazando materia y significados, modelando objetos y creando nuevos ecosistemas a partir de fragmentos reordenados.El trabajo de González Guerreiro juega con las temporalidades, suspendiendo el tiempo en el espacio expositivo. Las manos de la artista crean infiltraciones en procesos repetitivos, explorando los límites de humedad y deslizamiento de los materiales. En este contexto, las memorias personales de la artista se transforman en narrativas fluidas y universales, en constante reconfiguración.La sala de exposición se presenta como un ecosistema húmedo, minucioso y orgánico, donde los visitantes son testigos de un proceso inacabado. El equilibrio del espacio depende de un ciclo natural de circulación que se encuentra momentáneamente detenido.
Al acceder a través del umbral líquido, el espectador se encuentra con un espacio indefinido, poblado por estructuras frágiles y artefactos de lenguaje indeterminado. Entre los elementos que componen la exposición se encuentran benditeras cerámicas, que evocan ritos suspendidos, y conchas que actúan como testimonios del agua. Retablos con volúmenes petrificados sugieren recuerdos e imágenes ocultas bajo la superficie. Los azulejos presentan grafismos que parecen formarse en un idioma empapado, nunca completamente revelado, mientras que las fichas despliegan narrativas secuenciadas que se multiplican o erosionan según la dirección del viento metafórico. «Canción de río» se revela como una experiencia inmersiva que invita al espectador a explorar las profundidades de un espacio indefinido, donde las memorias particulares se entrelazan con narrativas universales. La exposición culmina con la sugerencia de un sonido, como escaleras que ascienden del agua a la tierra, cerrando el ciclo de esta poética exploración acuática.

