
La arroba (naturaleza muerta), 2020Jacobo Castellano
Jacobo Castellano, El espacio entre los dedos.
Por Luis Francisco Pérez.
Ningún título es ingenuo o inocente, podrá ser equivocado (no es el caso, ciertamente, de la exposición de la que hablaremos), pero si como tal, como título, es acertado, su enunciación ya es una buena o válida obertura de lo que vamos a contemplar. Así ocurre con la poderosa (es intencionada la utilización de este adjetivo) exposición de Jacobo Castellano (Jaén, 1976) en la Sala Alcalá 31 de Madrid comisariada por Tania Pardo. El apropiado rótulo de la muestra –El espacio entre los dedos– es lo suficientemente indicador de la praxis creativa del artista y su importante cercanía a determinadas estructuras manuales de composición de la obra (hablaremos de ello más adelante, así como de la sólida interrelación que el artista establece entre biografía y destino, y entre cultura y trabajo, pero también entre vida y compromiso creativo). La exposición reúne trabajos (más de sesenta) en su gran mayoría de los últimos cuatro años (unos veinte realizados en el actual), siendo 2007 la fecha de la obra más antigua.

Jacobo Castellano y Tania Pardo. comisaria de la exposición.
En una entrevista publicada el pasado 16 de septiembre en El Cultural Jacobo Castellano afirma que “la tensión aparente entre rotura y reconstrucción es la esencia de mi trabajo”. Una entrevista realizada por María Marco muy interesante, pues entre la información obtenida fue una gran sorpresa saber que nuestro artista manifestara (nunca lo hubiera pensado) lo mucho que le entusiasma la obra del artista belga flamenco Thierry de Cordier, pues (literalmente) afirma que “es un artista que me ha cambiado la vida”. En lo que estoy plenamente de acuerdo es en la tensión entre rotura y reconstrucción, con esta válida definición de su decir creativo, y aquí podemos entender por decir una innegable y muy sedimentada poética (en este caso concreto: poética de los objetos) de sus recursos creativos. Ahora bien, si hablamos de “rotura” y “reconstrucción” una cierta justicia (y no menos poética) también nos emplaza a considerar (o a extender su significado) que toda rotura es siempre una herida, y toda reconstrucción una forma otra de sanación. Estos conceptos -rotura y reconstrucción, herida y sanación- están siempre presentes en el trabajo de este artista, directa o indirectamente, con mayor o menos presencia e intensidad. De alguna manera estas cuatro intuiciones o sensaciones “se escuchan” con una extraña resonancia que se incrusta en las maderas de las esculturas de una manera activa y muy sugerente. Un poco a la manera de ese maravilloso verso de José Hierro cuando en un precioso poema dedicado a Bach nos dice que el marfil del teclado “guarda aún rumor de selva”. En las maderas de Jacobo Castellano sentimos la misma vibración que de una manera tan noblemente ancestral viene del fondo de los tiempos.

Exposición «Jacobo Castellano. El espacio entre los dedos»
En alguna ocasión me he referido a estas esculturas -lo son, ciertamente, esculturas, pero se dejan “contaminar” por otras disciplinas artísticas como la pintura, así los grandes telares de lino sobre óleo- como si estuvieran dotadas o “argumentadas” de una zurbaranesca desnudez que tampoco impide la contemplación de una cierta y voluptuosa exaltación barroca. Y no erraríamos mucho (aunque lo pueda parecer) que el atávico y patrimonial “constructivismo” que observamos en muchas de las obras expuestas -y muy bien instaladas en el raro y complejo interior, tan típico en la arquitectura de Antonio Palacios, siendo este edificio el último que construyó- sea precisamente ese constructivismo el que indirectamente provoca la intensidad sensorial que permite al espectador una mirada evocadora de determinados paisajes (familiares, culturales, sociales, memorísticos…) que Castellano utiliza como privados elementos compositivos en la estructuración formal de los trabajos.
En el magnífico catálogo que se ha editado para la ocasión hay una relajada conversación entre el artista y la comisaria, en la cual nos dicen que mientras preparaban la muestra fueron varias veces al Museo del Prado con el fin de establecer, o dar por sabidas, determinadas relaciones afectivas entre el trabajo del artista junto a nombres y obras que atesora el museo. A partir de estas visitas al Prado surge la refinada y “goyesca” serie de “Pelele”, magnifica secuencia de dibujos los cuales podemos ver en la parte superior de la sala, y que a mí me ha resultado una sorpresa muy grata (sin duda contribuye a ello la excelente instalación de la serie que permite una perfecta y despojada visión de esta). Ocurre que también se establece otro tipo de tensión entre lo expuesto en el piso inferior (muy físico y terrenal, muy humano y laborador, muy rural y atávico) y los dibujos y pequeñas instalaciones del piso superior (decididamente celestiales en su etéreo e ingrávido movimiento en el espacio del papel y en el espacio conceptual donde las sitúa el artista). Pero tanto en el espacio inferior como superior el artista despliega una fantástica y soberbia cadencia de significados e interrogaciones por medio de unas obras que, en esencia, son admirables estadios de abierta significación. Y todo ello sin abandonar jamás lo que desde nuestro presente podemos entender por “lo vernáculo”, o el cómo revitalizar una dimensión de “lo rural” manteniendo (sería imposible lo contrario) un absoluto compromiso con el hoy y sus infinitas contingencias. Una exposición extraordinaria de un gran artista.
Exposición «Jacobo Castellano. El espacio entre los dedos»
SALA ALCALÁ 31, 11 septiembre 2024 – 12 enero 2025.

Luis Francisco Pérez
Crítico y teórico del arte contemporáneo principalmente. Aunque también es comisario de exposiciones. Desde mediados de los ochenta ha escrito y colaborado en y con todas las revistas españolas de arte. .Algunas publicaciones: “Espacios de significado. Ensayos de exposiciones de arte en España, 1983-2003” (Exit Editorial) / “Crítica en el muro. Escritura sobre arte en FB”, (Exit Editorial)

