
Soledad Córdoba. Velum protector
Mater Oblatio
Por Carlos Jiménez.
Soledad Córdoba ha compuesto un jubiloso homenaje a la maternidad, que resulta raro en una época en la que la maternidad misma está sub iudice, subrogada, en tránsito aparentemente irreversible hacia su sustitución definitiva por la producción artificial de la vida, incluida la humana. Nada, ninguna señal, ningún indicio de los traumatismos causados por estos desplazamientos de placas tectónicas en una historia que se confunde con la de la humanidad, aparecen sin embargo en la instalación y las obras incluidas en este homenaje, expuesto en el museo Lázaro Galdeano de Madrid, bajo el título de Mater Oblatio: la ofrenda de la madre. La “ofrenda”, el don o la dádiva realizada por amor o gratitud, y no el “sacrificio”, que supone la expiación, la renuncia, la abnegación. Tampoco hay huellas, ni siquiera el más mínimo rastro, de la experiencia igualmente traumática del parto, de ese venir al mundo entre llantos, sangre y excrementos. Lo que hay en realidad es una opción tan decidida por la belleza, que me trae a la memoria El nacimiento de Venus de Botticelli. En ese cuadro legendario que nada evoca ni remite a la crueldad del mito del que ofrece una versión sublime. Saturno castra Urano, su semen cae al mar que, así fecundado, da lugar al nacimiento de Venus. La diosa epítome de la belleza.

Láctea 2024. Glicé sobre papel Kozo Thin
Las fotografías incluidas en esta fascinación exposición son, aparte de sublimes, representaciones de la maternidad de la propia artista. En ellas, el cuerpo, su cuerpo desnudo, está fotografiado de tal manera que su colorida solidez carnal se disuelve en una ingrávida blancura, plena de sutiles matices. Ente ellas, sobresale la fotografía en la que se muestra completamente desnuda, con la cara cubierta con una blanca mascara tejida, acostada de lado en un sofá, con su mano derecha apoyada suavemente en su vientre de la embarazada de meses y la izquierda sosteniendo una clepsidra, en la que la arena negra reemplaza el vino. La clepsidra midiendo el tiempo de la embarazada que espera paciente el momento crucial del parto, la arena en lugar de la sangre que ella va transfiriendo al feto que crece en su vientre. El resto de las imágenes componen un cierto relato referidos a distintos momentos de su embarazo, que culmina en una foto en la que se ve que un niño situado a sus espaldas le cubre sus ojos con las manos.
Soledad Córdoba asegura que esta secuencia de imágenes no es solo un documento autobiográfico. Para ella es también el testimonio elocuente de la transformación que sufre la madre con el embarazo y el alumbramiento. Ella deja de ser quien era e inicia el aprendizaje de ser de otra en una etapa que ya no es, ni podrá ser, enteramente suya. Ella es con el otro que ha crecido en sus entrañas. Es quizás esta consciencia de las incertidumbres generadas por esta metamorfosis la que explica la inclusión de una serie de máscaras seductoras en esta intervención suya en distintos espacios del Museo Lázaro Galdeano. Estas máscaras vendrían a ser otras tantas tentativas de encontrar el papel que quisiera interpretar en esta nueva fase de su vida.

Esperanza, 2020Impresión mineral en papel baryta / Mineral ink on baryta photo paper.
Tanto la exaltación apasionada de la maternidad por parte de Soledad Córdoba, como la reivindicación de un yo que solo puede ser con el otro, tienen hoy notable importancia política. Representan, en primer lugar, un desafío a la vigorosa tendencia a la producción artificial de la vida que, por su propia naturaleza, devalúa inexorablemente la figura de la madre. La convierte en una antigualla, en un simple medio de reproducción de la vida humana, que apenas tendrá lugar en el futuro radiante prometido por la biotecnología. Esa utopía hedonista que excluye de su ámbito el entrelazamiento de amor y odio, de sangre y semen, de sometimiento y emancipación, de vida y muerte que constituye la vida humana.
La instalación Velum protector prueba que la reivindicación de la maternidad por Soledad supone también la reivindicación de figuras arquetípicas de la madre acuñada por distintas culturas y civilizaciones a lo largo de la historia. Está presidida por una fotografía de tamaño natural en la que se la ve a ella con su bebe en brazos, cubierta de la cabeza a los pies por un manto azul, adornado, en su parte inferior, por rosas del mismo color azul cobalto que los cristales que se extienden delante, formando en el suelo un círculo vacío. Circulo que para ella es un símbolo de lo que es la madre: “un espacio de protección”, un “vórtice de energías”. El conjunto de los elementos de esta instalación forma una imagen que no podemos menos que calificar de mariana. Porque en ella gravita sin duda la imagen arquetípica de la madre de Jesús, a la que el catolicismo le ha rendido culto por siglos.
La otra razón por la que esta exposición es políticamente importante es por su reivindicación del ser en el otro, de ser por el otro, tan opuesto al individualismo rampante. El individualismo narcisista, modelo dominante de subjetividad que, sin ningún pudor se celebra a sí mismo en el ritual cotidiano de los selfis.
Mater Oblatio. Exposición de Soledad Córdoba. Comisaria: Zara Fernández de Moya. Museo Lázaro Galdiano. Madrid.
19 de septiembre- 24 de noviembre.
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