La maldad bienvenida y la propaganda de guerra.

Francesc Torres

Por Carlos Jiménez

Francesc Torres ha explicado que esta instalación suya tiene como propósito “abordar de manera amplia y clara la complejidad de los conflictos armados”, que no son un “atavismo” sino “pura cultura”. Como lo demuestra, por ejemplo, que se enseñe, con rigor universitario en las academias militares y en las escuelas públicas mediante la enseñanza de la historia patria, en la que las “escabechinas” son presentadas como batallas gloriosas.

Hasta aquí estoy de acuerdo, pero no tanto con que tanto en su argumentación como en la propia instalación Torres haya omitido el papel crucial que desempeñó y sigue desempeñando la propaganda en las guerras modernas. La decisión de Napoleón de que sus ejércitos fueran acompañados de reporteros dedicados a ofrecer cotidianamente su propia versión del curso de la guerra, son el antecedente directo de la situación actual, en la que ninguna guerra se entiende ignorando el extraordinario trabajo de los medios en su promoción y continuidad. Su eficacia llega el extremo de que su versión de la misma se apodera hasta del cerebro de quienes se oponen o simplemente están en desacuerdo con ella.

La obra de Francesc – instalada en el Centro de Cultura y Memoria situado en el antiguo mercado del Born en Barcelona – incluye dos imágenes que lo demuestran. La primera es reproducción de gran tamaño de la celebre foto de un marine sosteniendo en sus manos un bebé japonés moribundo, tomada por William Eugen Smith en la isla de Saipán, durante la dura batalla librada en el verano de 1944 entre japoneses y americanos por el control de la misma.

Aparte de las numerosas bajas militares, se registraron la de cerca de 12.000 civiles, cuya muerte no fue atribuida por los americanos a los bombardeos o al fuego de la artillería, sino al hecho de la mayoría de ellos suicidaron arrojándose desde los acantilados. Lo habrían hecho convencidos por la prensa japonesa de que si caían en manos de las tropas americanos serian descuartizados o sometidos a horribles torturas. Nunca supieron si aquello era o no falso, como tampoco que en la madrugada del 6 de agosto de 1945 despegaría de un aeropuerto de la isla de Tinian, perteneciente como Saipán al archipiélago de las Marianas, el B 29 que arrojó la bomba atómica sobre Hiroshima que en cuestión de minutos achicharró a más de 70.000 de sus habitantes.

La otra imagen mencionada es en el suelo de una proyección anamórfica de la bicicleta, que, según Francesc, es la de un ucraniano que fue asesinado por las tropas rusas en Bucha, un suburbio de Kiev, durante lo que sería calificado de masacre de manera unánime por los medios occidentales y en la que perdieron la vida 426 civiles. Muchos de cuyos cuerpos aparecieron con las manos atadas o con signos de tortura. La cuestión es que los rusos negaron ser los autores de dicha masacre que, en cambio, atribuyeron las milicias neo nazis del gobierno ucraniano. Francesc Torres cree a pie juntillas en la versión de la prensa occidental por lo que le ha concedido un papel tan destacado en el conjunto de esta obra suya. A despecho de que es un hecho probado que las tropas rusas se retiraron en marzo de Bucha y de otras regiones de Ucrania que habían ocupado en febrero, no porque fueran derrotadas por las ucranianas sino como prueba de su decisión de cumplir los términos del acuerdo firmado en Estambul con los representantes del gobierno de Kiev. El Acuerdo que Boris Johnson impidió que cumplieran los ucranianos, según testimonio tanto de las dos partes como de los garantes del mismo: Israel y Turquía.

 Gracias a los medios estaremos siempre dispuestos a creer en las atrocidades del enemigo y poco o nada dispuestos a creer en las de los nuestros.

Centro Cultural del Born (La maldad bienvenguda). Instalación de Francesc Torres en el vestíbulo principal del Born CCM. Barcelona. 15 de febrero- 26 de mayo. 2024)

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