Sin escapatoria en el Planeta de los simios

Maquinaciones y perplejidades sobre arte contemporáneo

Fernando Castro Flórez

Editorial Fórcola

Colección: Señales

El filósofo como narrador.

Por Carlos Jiménez

No se si cuando Michel Foucault afirmó que la historia era la matriz y el destino de nuestro pensamiento llegó si quiera imaginar lo difícil que llegaría a ser escribir la historia de ese pensamiento. Derrotados o simplemente abandonados en la cuneta conceptos como ser, verdad, fundamento -para citar solo la mayúscula trinidad de Gadamer – que ponían orden y concierto en el pensamiento, el de hoy se entrega jubilosamente a la dispersión, el fragmento, la multiplicidad y sobre todo a la proliferación tendencialmente infinita. Y si hiciera falta comprobarlo una vez más basta con leer el más reciente libro de Fernando Castro Flórez “Sin escapatoria en el planeta de los simios”, subtitulado muy reveladoramente “Maquinaciones y perplejidades sobre el arte contemporáneo”. En el esta expuesta prima facie esta dificultad, como también estaba expuesta en “Mierda y catástrofe”, otra obra de Castro Flórez igualmente editado por la editorial de Javier Fórcola. En ambos libros, la voracidad lectora de su autor – que ha dado como resultado una erudición que se acumula como la grasa en la cintura del glotón – permite al lector captar de un vistazo o con una mirada a vuelo de pájaro la dispersión sin fin del pensar contemporáneo. Su empantanamiento, sus meandros, sus ocasionales remolinos. El golpe de vista que corrobora la revisión de la abultada biografía en la que, desde la A de Giorgio Agamben hasta la Z de Shushana Zuboff, no parece faltar nadie, ningún pensador que haya pensado en lo que pasa y en porqué (nos) esta pasando que tenga alguna relevancia.
Dije “expuesta prima facie” y ahora me toca explicar que lo dije porque Fernando, eludiendo la tentación o la trampa de reducir a concepto la heterogeneidad de los fenómenos, ha escrito una historia del pensamiento contemporáneo que es congruente con el carácter del mismo porque tiene como modelos narrativos el flujo de conciencia joyceano y el cut ups de William Burroughs. Lo suyo es una demostración de la fecundidad del “corte y pega”, cuyo antecedente es la “intuición creadora» que diría Bergson, que dicta qué cita hay que elegir, y su resultado es un collage narrativo en el que la junta aparente o realmente arbitraria de dos citas que nada tienen que ver produce una iluminación. Un efecto de conocimiento o, me atrevo a decir, un efecto de verdad que es muy de agradecer.

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