MARINA NÚÑEZ

Nada es tan profundo como la piel

Comisaria, Isabel Tejeda

Del 1 de diciembre de 2023 al 10 de marzo de 2024

Museo Lázaro Galdiano. Calle Serrano 122, Madrid

El verso de Paul Valéry -incluido en La idea fija– en el que el poeta ponía en evidencia que la epidermis nos conecta con el entorno y los objetos que nos rodean –idea que luego fue retomada por Deleuze en Lógica del sentido-, sirve de título a este proyecto de intervenciones realizadas expresamente para el Museo Lázaro Galdiano, generadas con software 3D, y utilizando por primera vez en algunos detalles la IA (Inteligencia artificial). Imágenes digitales, dibujos y esculturas de cristal de la artista Marina Núñez componen Nada es tan profundo como la piel, un conjunto de site specific que, desde el 1 de diciembre hasta el 10 de marzo de 2024 y comisariado por Isabel Tejeda, se posarán, desde la delicadeza y la intimidad, en la superficie de las Salas 7, 9, 11, 17, salón de baile y Pórtico, apropiándose de manera sutil de la noción misma de museo de arte y de colección como una fórmula que redimensiona su sentido al proponer modelos museográficos alternativos.

Los seres humanos como paisajes, como ecosistemas

No es la primera vez que la artista palentina trabaja sobre colecciones ni espacios patrimoniales –Catedral de Burgos (Tinieblas y luz, 2008), Museo Thyssen-Bornemisza (Vanitas, 2021)–. Pero sí resulta esta una ocasión especial. Su peculiaridad es que “en su origen, el Lázaro Galdiano fue entendido como una Gesamkunstwerk, una obra de arte total en la línea de los gabinetes de curiosidades o los studiolos del Renacimiento europeo”, como expresa la comisaria y catedrática de la Universidad de Murcia. “Sí, creo que esta exposición tiene mucho que ver con otras anteriores, pero, tanto por las obras de la colección como por su propia arquitectura, es diferente, parto de la abundancia de ornamentos del Lázaro Galdiano, tanto aquellos que decoran las salas como los representados en muchos cuadros”, añade Marina Núñez.

Porque sobre lo más profundo, en la piel, vaga la intuición poética con conocimientos que la razón no alcanza. Si la piel es la encargada de poner en contacto el adentro con el afuera como umbral de las sensaciones en relación con las que tiene el mundo, Marina, a través de sus obras, pretende integrarse en el Museo con una discreción que parece deslizarse sin hacer apenas ruido, apostando por las superficies materiales, por la piel del propio espacio y los elementos que lo habitan, “y no por hipotéticas esencias profundas e invisibles”, como ella misma especifica.

En diferentes salas, la artista se sirve del ornamento, estilema propio de un pasado pre-industrial, como algo no epidérmico, sino estructural, para construir un nuevo imaginario con connotaciones políticas sobre el papel de las mujeres en la historia del arte y en la sociedad, manteniendo así la coherencia conceptual y temática con sus primeros trabajos de los años 90, y conduciendo al espectador hasta la idea de que los seres humanos somos naturaleza, que nuestro entorno no es algo ajeno a saquear.

En todas las obras se representan, además, plantas, antiguas o nuevas especies botánicas, que se pueden encontrar en las telas, en las pieles, en la arquitectura de las obras o del Museo. “El ornamento representa vida, y produce vida, y nos encontramos seres humanos como paisajes, como ecosistemas”, apunta la artista, que ha pretendido llevar a cabo actuaciones respetuosas en las que las piezas de los grandes maestros mantengan su centralidad y no pierdan en ningún momento su visibilidad ni su protagonismo. Marina Núñez defiende que la naturaleza no es lo otro, sino lo mismo, retomando el topos de la oposición de la historia del arte entre naturaleza y artificio, que pone en cuestión. De esta manera, evidencia la condición orgánica del ser humano y su fragilidad. Y lo hace con cuerpos femeninos.

Nada es tan profundo como la piel es una muestra con metáforas que marcan que el principio nace del final o que el origen siempre regresa, en la que Marina Núñez pretende “provocar en el espectador una experiencia intensa sensorial y emocional que sea estimulante”. Una exposición que, en palabras de la directora del Museo, Begoña Torres, “permitirá a los visitantes convertirse en agentes activos y creativos, capaces de participar en la construcción del sentido de las obras”.

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