EUGENIO AMPUDIA. millones de años de descargas eléctricas

Del 23 de septiembre al 19 de noviembre de 2026

GALERÍA RAFAEL ORTIZ

Mármoles 12. 41004 Sevilla

Antes de que la vida tome forma, antes de que se convierta en gesto o materia, en su esencia más pura, es electricidad: un diálogo silencioso entre cargas y potenciales que fluye a través de membranas y atraviesa sinapsis. Desde el amanecer de los tiempos, las conexiones neuronales de los seres vivos han evolucionado hasta formar el sistema más intrincado que conocemos: el hogar de la conciencia.

Cada pensamiento humano —cada recuerdo, cada emoción— no es más que una variación de voltaje mantenida en el tiempo, un destello microscópico que se repite millones de veces por segundo en la intimidad de nuestro cerebro. Pero esa misma lógica eléctrica, esa capacidad de sentir y responder al entorno, no es exclusiva del sistema nervioso. Las plantas, que carecen de cerebro, también se comunican en un lenguaje bioeléctrico y químico: capturan la luz, el viento, la humedad, el roce, y convierten esa información en señales que se propagan, se acumulan y se transforman en decisiones de crecimiento. No piensan como nosotros, pero perciben, comunican y se adaptan. Viven en el mundo con una inteligencia distribuida que no necesita un centro para existir.

Frente a esta realidad —la de que toda la vida, ya sea humana, animal, vegetal o atmosférica, es una vasta red de señales que se entrelazan y responden entre sí— es difícil no sentir asombro. Nada vive en aislamiento. Todo ser vivo depende de otro. Un pensamiento humano y el giro de una hoja hacia el sol son, en el fondo, manifestaciones de un mismo principio: la interdependencia como la esencia última de lo que existe.

La cuarta exposición individual de Eugenio Ampudia en la Galería Rafael Ortiz, titulada “millones de años de descargas eléctricas”, busca capturar ese pulso íntimo de la red universal a la que todos pertenecemos. Nos transporta, aunque sea por un breve instante, a ese espacio de asombro compartido donde lo humano, lo vegetal y lo atmosférico se entrelazan, dejando de ser categorías aisladas para mostrarse como variaciones de un mismo fenómeno vivo, interconectado y en constante movimiento. La muestra ofrece una experiencia: la de reconocernos como nodos en esta vasta red como un intervalo en una conversación que comenzó mucho antes de que llegáramos y que continuará mucho después.

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