
Vista de la instalación, “New Fog”, Karlos Gil. Florit/Florit, Mallorca, 2026. En exhibición:
De-Extinction (Taipéi). Foto: Juan David Cortés
Karlos Gil. New Fog
Del 4 de junio al 11 de septiembre de 2026
Florit/Florit Gallery
Carrer de la Reina Maria Cristina, 10, Nord, 07004 Palma, Illes Balears
La exposición New Fog de Karlos Gil es un ejercicio de arqueología especulativa que se adentra en las capas de nuestra reciente obsolescencia. Al tomar la ciudad nocturna como su imagen y sistema —ese espacio donde el deseo se traduce en luz y el comercio se convierte en espectáculo— Gil crea un dispositivo que cuestiona qué permanece cuando las infraestructuras que solían dar forma a nuestra experiencia comienzan a desvanecerse.
En el núcleo del proyecto, la serie De-Extinction actúa como una operación de rescate paleontológico inverso. Gil no se limita a restaurar los letreros de neón a su función original —ya no hay tiendas que anunciar ni cuerpos que seducir— sino que los conserva en su estado de ruina, como fósiles luminosos. Al mantener el vidrio, el gas y el color originales, el artista transforma estos objetos en testimonios de una economía visual que está en peligro de extinción, despojándolos de su utilidad comercial para dotarlos de una nueva vida: la de ser testigos silenciosos de un régimen de atracción que se desvanece.
Esta acción se relaciona con la idea de la arqueología de los medios, pero Gil desentierra tecnologías obsoletas y las reactiva en un presente que ya no sabe cómo manejarlas, creando una tensión entre el resplandor residual y su significado vacío.
Uncanny Valley lleva esta exploración al ámbito de lo vivo. La colaboración con el Laboratorio Ishiguro sitúa la obra en el punto donde la robótica más avanzada alcanza su límite más inquietante: el instante en que la similitud con lo humano provoca extrañamiento. El androide que se encuentra con su doble humano que representa la inquietud de reconocerse en un espejo que no logra reflejarnos con fidelidad.
La escultura de la serie Phantom Limbs completa el ciclo al transformar el residuo de nuestra relación con los dispositivos en un monumento. El bronce, fundido a partir de la espuma de embalaje —ese material efímero que protegía el objeto tecnológico pero que nunca consideramos parte de él— captura la huella del contacto entre la mano humana y la tecnología. Las cavidades ergonómicas no son solo formas; son las marcas de una conexión. Este gesto evoca los moldes de yeso de cuerpos ausentes, pero aquí la ausencia no se refiere al cuerpo humano, sino al dispositivo que ya no está. Lo que queda es la forma del contacto, una resistencia a aceptar que la tecnología es solo funcional: también es un espacio de intimidad física que deja su rastro.
New Fog propone una antropología invertida: no examina las civilizaciones del pasado a través de sus restos, sino que anticipa cómo las civilizaciones del futuro —si es que existen— podrían interpretar nuestra relación con la luz, el cuerpo y la tecnología. La niebla del título no es meteorológica, sino temporal: es la bruma que se levanta entre un presente que se desvanece y un futuro que nunca termina de llegar.
En este sentido, la obra de Karlos Gil se sitúa en la línea de los estudios sobre la obsolescencia, pero con un matiz único: no se lamenta por lo perdido ni celebra la novedad tecnológica, sino que habita el intervalo, ese espacio intermedio donde los viejos letreros de neón aún brillan pero ya no orientan, donde los androides nos observan pero no nos reconocen, donde la espuma de embalaje se ha transformado en bronce pero conserva la memoria del tacto.

