
Juan Uslé. Soñé que revelabas (Churchill),2021. Foto, artepuntoes
Juan Uslé, el superviviente de un naufragio
Por Carlos Jiménez.
Ese barco en la montaña es el titulo de la gran exposición retrospectiva del Juan Uslé abierta actualmente el Museo Reina Sofia de Madrid. Reúne decenas de obras, elegidas por su comisario Ángel Calvo Ulloa, entre las centenares y acaso miles de pinturas, dibujos y fotografías hechas por el pintor cántabro durante cuatro décadas. Por lo que puede considerarse como la ampliación y actualización de Open Room – la exposición de 2003, celebrada igualmente en el Reina Sofia- que revisó la obra realizada por Uslé en la década anterior. Por lo que permite obtener una imagen aún más completa del conjunto de su arte. Allí están para empezar las pinturas de los años 80, cuando él sufrió el impacto del desafío europeo representado a la hegemonía artística neoyorquina por el nuevo expresionismo alemán y especialmente por exposiciones programáticas como la A New Spirit in Painting celebrada en 1981 en la Royal Academy of Arts de Londres. Un regreso a la pintura en contravía del minimalismo y el conceptualismo que por entonces campaba en la escena neoyorquina. Los teóricos de October, una revista teórica de orientación materialista muy influyente entonces, condenaron ese regreso por “reaccionario”. El crítico belga Jean Hot hizo caso omiso de la condena y, como comisario de la IX edición de Documenta, apostó a fondo por la pintura e incluyó nueve obras de Uslé. También incluyó esculturas peonza de Juan Muñoz, dicho sea de paso.
Son pinturas abstractas sombrías, tormentosas, que evocaban las de Emil Nolde por poner un símil entre otros posibles. Las pintó en su refugio rural de Santander: “un entorno apartado, rodeado de naturaleza y silencio (…) húmedo, brumoso, a menudo cubierto por la penumbra”, como recuerda Manuel Segade, el director del Museo Reina Sofia, en un texto incluido en el catálogo de esta muestra. En 1987, Uslé y su pareja, la pintora Victoria Civera, obtienen una beca y se instalan en una casa- estudio a la sombra del puente Williamsburg. Su primera decisión es pintar un nuevo cuadro aún mas sombrío que los que antes había pintado en España. Fue una manera de reafirmarse en un contexto metropolitano para él sorprendente, tal y como confeso a Kevin Power, en una entrevista hasta ahora inédita, recogida igualmente por el catálogo.

Juan Uslé. 1960 Boat at sea,1986. Foto, artepuntoes
Pero como era previsible, el contexto urbano termino por imponerse. Es a partir de este momento cuando la pintura de Uslé se juega entre la retícula racional que domina el urbanismo y la arquitectura de Manhattan y la libre expresión de pasiones y estados de ánimo. Con mucho acierto, Calvo Ulloa, en su texto en el catálogo, recupera un episodio de la historia del arte en Nueva York que es muy revelador. Piet Mondrian contó durante su exilio neoyorquino que en el local parisino Boeuf sur le toit había pintado un mural a la manera de Joan Miró. Una experiencia verdaderamente sorprendente y al mismo tiempo congruente con el hecho de que tanto Mondrian y Miro exponían en la galería Valentine de Nueva York, a pesar de las radicales diferencias existentes entre sus pinturas. Por esas mismas fechas Mondrian afirmó – en el ensayo A new realism pedido por American Abstract Artists – que “el arte abstracto no se basa tanto en la expresión como en la determinación del espacio”. Al que respondió el curador Hans Jenssen observando que Nueva York es un buen ejemplo de la coexistencia de ambos propósitos. “A través de la determinación concreta del espacio – explicó – la ciudad expresaba la vitalidad de la vida moderna. Así, al igual que en una obra de arte, la metrópolis se convertiría en una realidad viva en la que predominaban dos tipos de equilibrio: un equilibrio estático, casi arquitectónico, y un equilibrio dinámico, que debía su existencia fundamentalmente a la percepción”.
Esta clase de equilibrios se dan en la mayoría de las obras hechas por Uslé durante más de una década. El estatismo de grillas o mallas lo ha equilibrado con la dinámica de brochazos y pinceladas sueltas, con frecuencia serpenteantes. Él ha buscado esta clase de equilibrios en sus cuadros de muchas maneras, de allí la diversidad de los resultados, que, sin embargo, mantienen un cierto aire familia. Características propias de un conjunto muy nutrido y heterogéneo de su obra. Cierto, hay excepciones. En esta exposición hay cuadros de manchas amorfas que no se sujetan a ningún orden geométrico y alguno, muy impactante, es una ebullición de espirales y tirabuzones. También hay una greca o una suerte de timeline que ocupa enteramente una de las salas de museo, en la que se entremezclan dibujos y pinturas con fotografías – otra de las artes que Uslé ha cultivado.

Vista de la exposición Juan Uslé. Ese barco en la montaña. Foto, cortesía Museo Reina Sofía
La ultima etapa de su obra, la realizada por lo menos en la ultima década, los contrastes entre las mallas y las pinceladas sueltas son sustituidos por franjas horizontales que cruzan el cuadro de un extremo a otro y que suman hasta llenarlo completamente. Cada una de estas franjas es la suma de innumerables pinceladas verticales, que sugieren que el cuadro es el resultado de una actividad pictórica que es al mismo tiempo un ejercicio místico. La repetición incesante de minúsculas pinceladas evoca el mantra que repiten sin cesar los hindúes para avanzar en el camino de la iluminación. En el caso de Uslé vendría a ser el camino hacia el encuentro consigo mismo. O con el enigma de existencia, si hemos de creer en la lectura que Calvo Ulloa ha hecho del conjunto de su obra. Él explica que eligió como título de la exposición Ese barco en la montaña, porque el mismo remite a una experiencia traumática que marcó su infancia. El 21 de diciembre de 1960, el Elorrio, un barco mercante procedente de América, naufraga frene a los acantilados de Langre, una localidad situada a pocos kilómetros de la casa en la que Uslé vivía con su familia. El impacto de esta experiencia traumática y de alguna manera incomprensible no solo afecto a su familia, a los vecinos y en realidad a toda la comunidad cántabra, plantea Calvo Ulloa. “En torno a esta experiencia – explica – afloran una serie de conexiones altamente trascendentales en su periplo vital y, por extensión, en su carrera como pintor”. Estos argumentos me recuerdan al Ciudadano Kane, la extraordinaria película de Orson Welles, que narra la investigación realizada por un reportero en la vida del que fuese todo poderoso magnate de la prensa, con el propósito de responder a la pregunta de quién era él en realidad. La respuesta al enigma la ofrece Rosebud, el juguete infantil cuya pérdida marcó la infancia de Kane hasta el punto de modelar toda su biografía. El naufragio del Elorrio habría hecho lo propio con Juan Uslé, quién no ha hecho otra cosa desde entonces, que navegar sin fin en el mar inaccesible de ese naufragio.
Desde el 26 de noviembre de 2025 hasta el 20 de abril de 2026
Juan Uslé. Ese barco en la montaña
Comisario, Ángel Calvo Ulloa.
Museo Nacional Reina Sofía
Edificio Nouvel, C/Ronda de Atocha, 2, Madrid.

