De izquierda a derecha:
Miguel Ángel Rodríguez Silva. Detalle de Simultánea, Ultramar 2025 Diego Velázquez. Detalle de Príncipe Baltasar Carlos. 1634-35. Museo del Prado.

Dejar que pase

Por María Sánchez Larsson

El artista sevillano Miguel Ángel Rodríguez Silva, nacido en Olivares en 1960, nos presenta «Dejar que pase», una exposición que ha sido creada especialmente para el Palacio Quintanar de Segovia. Rodríguez Silva combina dos influencias que a primera vista parecen opuestas: el minimalismo radical de figuras como Donald Judd o Frank Stella y el barroco sevillano de maestros como Velázquez y Zurbarán. Esta dualidad es lo que define su obra, donde la austeridad geométrica se encuentra en un diálogo constante con la calidez de la luz andaluza. Como él mismo dice, «el Barroco expía mi manera de trabajar», pero su objetivo es «decirlo todo en silencio» a través de una síntesis minimalista. La comisaria Elena Fernández lo describe como un «minimalista cálido», resaltando su habilidad para evocar emociones y sensualidad mediante formas puras y paletas limitadas. Su paleta, que se compone principalmente de blancos, naranjas cadmio y tonos terrosos, está inspirada en la luz de Olivares, las fachadas encaladas y la Ermita del Rocío de su pueblo. El color, que aplica con óleo sobre lienzo, aluminio o papel, está íntimamente relacionado con el soporte: «La materia tiene casi la primera palabra sobre el resultado final», afirma el artista. Fernández compara su sensibilidad hacia la luz con la espiritualidad de Agnes Martin y la percepción de James Turrell, aunque Rodríguez Silva se aleja de los artificios técnicos.

Vista de sala de Dejar que pase en el Palacio Quintanar.

La exposición es una intervención específica para el lugar que combina obras nuevas y series anteriores (como Nuevas Distancias y Simultánea) con la impresionante arquitectura renacentista del palacio. Una de las piezas más destacadas es la homónima «Dejar que pase»: un plano de aluminio situado a la altura de la cintura que obliga al espectador a contorsionarse para avanzar, lo que provoca una reflexión física sobre el espacio y el cuerpo. Esta obra establece un diálogo intencionado con los esgrafiados segovianos, esas decoraciones geométricas en relieve que adornan las fachadas, y su técnica resuena en los arrastres de espátula y las incisiones pictóricas. En salas que exhiben frescos del siglo XVIII, sus composiciones minimalistas contrastan de manera impactante con la ornamentación barroca, subrayando así su búsqueda de lo esencial.

Vista de sala de Dejar que pase en el Palacio Quintanar.

Rodríguez Silva se adentra en la monocromía como un espacio espiritual, afirmando: «Celebro el milagro de la vida a través de la sencillez». Obras como Simultánea, que presenta módulos rectangulares con delicadas variaciones de luz, y Sensación geométrica, que utiliza capas semitransparentes para crear «cuadros dentro del cuadro», desafían la geometría desde una perspectiva poética. Su trabajo, que se encuentra en colecciones como Unicaja y la Junta de Andalucía, resume medio siglo de tradiciones, abarcando desde el Land Art hasta la Abstracción Pospictórica, siempre con la luz andaluza como hilo conductor. Dejar que pase convierte el Palacio Quintanar en un lugar de contemplación activa, donde la historia y el minimalismo coexisten. El artista no solo se adueña del edificio, sino que también revela cómo lo espiritual se manifiesta en la materia reducida a su esencia.

DEJAR QUE PASEMIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ SILVA
11 DE JULIO-5 DE OCTUBRE
PALACIO DE QUINTANAR. CALLE DE SAN AGUSTÍN, 14. 4001, SEGOVIA.

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