
Santiago Ydáñez. Foto, C. Jiménez
Con el corazón en la mano. Anatomía y juicio.
Por Carlos Jiménez.
Gozas de un bien ganado prestigio como profesor de estética, crítico de arte y comisario de exposiciones y un día te proponen para comisariar una exposición colectiva que sea representativa del trabajo de los artistas andaluces contemporáneos y te ponen sin saberlo en un brete. Son tantos y tan distintos los palos que cada uno de ellos toca con su arte que se convierte en un auténtico problema decidir a quienes elegir y sobre todo con que motivo elegirlos. No puede ser solo por afinidades electivas o por amistad, aunque esos sesgos son inevitables y solo se vuelven reprobables si no están subordinados a algún argumento que le conceda un sentido a lo que de otro modo no sería más que una reunión caprichosa de nombres y de obras.
La elección de dicho argumento no es fácil de definir en esta época del vale todo y del arte es todo lo que el artista decide que es arte. Imagino que esta fue el desafío Fernando Castro Flores cuando se vio en la tesitura de curar Con el corazón en la mano. Anatomía y juicio, la muestra del trabajo de 21 artistas andaluces o afincados en Andalucía, abierta actualmente en el Museo de Málaga. Doy fe de que resolvió con éxito el desafío: la exposición es magnífica. Y no solo por la calidad y el interés indiscutible de la mayoría de las obras incluidas, sino porque la exposición no resulta una acumulación caprichosa sino un conjunto articulado, armonioso de manera digamos dodecafónica, gracias a la elección por Castro Flórez de un leitmotiv que resuena a lo largo y ancho de la misma, generando asociaciones y disonancias.

Marina Vargas. Foto, C.Jiménez
El leitmotiv o “pre-texto visual”, como él prefiere calificarlo, lo introduce a lo grande La anatomía, un cuadro extraordinario del pintor decimonónico Enrique Simonet, depositado en el Museo de Málaga, y conocido popularmente como Y tenía corazón. Que sirvió de modelo, en primer lugar, para la impactante versión que ofrece del mismo Santiago Ydáñez, del mismo formato y tamaño del original. Y para la obra en pequeño formato hecha a la limón, en la que el pintor jienense ha pintado el cuerpo desnudo de la mujer del cuadro de Simonet que María Ángeles Diaz Granado tacha literalmente con violentas pinceladas negras. La ubicación de este cuadro en la entrada de la exposición no es gratuita: advierte al espectador que el cuadro mayúsculo de Simonet va a ser empleado en adelante como el medio y el motivo de una crítica feminista del régimen patriarcal que habría encarnado de manera extremadamente realista. Enjuiciamiento que queda claro en la versión de Elo Vega, que cose encima de una reproducción de la obra de Simonet la sentencia Y tenía razón, deliberadamente contrapuesta al Y tenía corazón. El título puesto por la vox populi, con ánimo ciertamente reivindicativo. Tal y como sugiere Castro Flórez cuando afirma que el cuerpo diseccionado era el de una prostituta y que, a pesar de ofrecerse como una mercancía cualquiera, tenía corazón. Elo Vega exhibe además un video que bajo el mismo título documenta la performance que Alicia Nájera realizó delante del cuadro de Simonet. Con ambas obras Elo Vega reivindica que las mujeres no solo tienen ese corazón tradicionalmente asociado con el amor, la maternidad y los cuidados, sino que también tienen razón. En el doble sentido de poseer la facultad que hasta hace bien poco se creía que era de uso exclusivo de los hombres. Y en el de tener razón en el juicio entablado contra el patriarcado, por sus obras y las obras de otras artistas.

Pilar Albarracín. Foto, C.Jiménez
La intervención refinada y minimalista de Cintia G. Reyes en una de las salas de la exposición, reivindica la racionalidad femenina y por ende la capacidad de pensar de manera clara y distinta, que diría Descartes. Verónica Ruth Frías celebra el triunfo feminista con una gran fotografía de una Última cena, cuyos protagonistas son mujeres y niños. Y Marina Vargas lo hace con una fotografía de gran tamaño, en la que se la ve como modelo en un aula de bellas artes, rodeada de estudiantes, todos masculinos. Su cuerpo desnudo no responde a los cánones de belleza acuñados por la mirada patriarcal y exhibe sin tapujos la cicatriz de una mastectomía en el seno del lado del corazón. Tiene el puño en alto, desafiante. Pilar Albarracín expone un mandala tejida con bragas. El corazón es reinterpretado en clave cómica por Paco Comet con su pintura Heartbreakers, por El músculo envolvente del corazón de Jesús Zurita y de manera metafórica por el rojo encendido de los cuadros Javier Garcerá. La sangre es utilizada por Carlos Aires. La disección como método es utilizada metafóricamente por Ángeles Agrela en sus retratos renacentistas. Y los cuadros expresionistas de Abraham Lacalle evocan el ciclo Historia de Nastagio degli Onesti de Botticelli, que remite a su vez al episodio en el que un hombre mata a la mujer de la que está enamorado, le arranca el corazón y lo arroja a los perros.
Cierro esta lista mencionando dos instalaciones: El taller de la Verónica de Fernando Baena y la de Isidro López – Aparicio.
«Con el corazón en la mano»
Comisariada por Fernando Castro Flórez, con veinte artistas andaluces
MUSEO DE MÁLAGA
SALA DE EXPOSICIONES TEMPORALES «EUGENIO CHICANO»
Hasta el 21 de septiembre de 2025

Carlos Jiménez Moreno
Arquitecto, Historiador y crítico de arte. Director de los Encuentros «en defensa del arte contemporáneo» IAC. Ha ejercido la crítica de arte en los principales periódicos y revistas de España y América Latina. Ha publicado diez libros sobre arte contemporáneo.

